Dinero y literatura cogidos de la mano en el Premio Planeta

Francisco Vélez Nieto. Escritor y crítico literario 24/10/2021

En 1968, hacia el final de su andadura por problemas de salud de mi padre, volvimos a Sevilla mi mujer y yo. Más tarde, cuando intenté regresar a Frankfurt, donde teníamos nuestra residencia, la policía de Franco me impidió renovar el pasaporte. Golpe duro que nos obligó a cambiar nuestro sistema de vida. Todo por escribir a favor de la democracia y la libertad en mis críticas literarias.

Curioso que ese año el Premio Planeta le correspondió al escritor, periodista y catedrático sevillano Manuel Ferrand, que causó revuelo en el cotarro literario de la denominada izquierda hispalense. Le dediqué una reseña más bien favorable para la novela premiada, Con la noche a cuestas, una sencilla narración sobre la gente humilde que malvivía alrededor del naciente barrio para acomodados de la fortuna llamado Los Remedios.

La vida continúo su curso y yo sin pasaporte por ser demócrata y antifranquista. La editorial Planeta continuaba su andadura hacia la cúspide con una publicidad de tentadora oferta. Pasaron los años y el dictador Franco, creo recordar, subió a los cielos donde fue muy bien acogido. Y pude recuperar mi pasaporte y volver a la Europa de la democracia junto con mi mujer, aunque ya habíamos decidido vivir en una Sevilla estrenando la democracia, abriéndose camino al andar.

Pero la vida sigue y la editorial Planeta continúa impávida su caminar ascendente, siempre con la incógnita polémica de que el segundo escritor puede ser de más calidad literaria que el elegido triunfador. Entonces estalla la noticia con dinamita política al conocerse que el Premio Planeta de 1977 es otorgado a Jorge Semprún por la novela de Federico Sánchez, su nombre de la clandestinidad. Cuando se ha producido la expulsión de Semprún, Claudín y otros importantes miembros del PCE, siendo Santiago Carrillo el todopoderoso Secretario General del partido.

De nuevo en el año 2000 sucedió algo curioso cuando el autor finalista tenía más calidad literaria, muy superior al elegido por Planeta. El jurado concede al escritor Salvador Compán el segundo premio por la novela Cuaderno de viaje, una interesante historia que transcurre en 1874 en una España que se resiste a abandonar el Romanticismo. Un escritor de poca fortuna es llamado desde la sierra de Cazorla por un pariente lejano. La carta que le pide que acuda al sur es ambigua en la definición del trabajo que tendrá que hacer allí y, a la vez, liberadora, pues supondrá para el escritor una oportunidad de huir de Madrid, recién tomada por los artilleros de Pavía. Van desarrollándose los temas que impone el viaje: la falsificación de una vida, el nacimiento de una novela y la lucha por el poder.

Hay polémica porque al parecer le habían prometido el premio al escritor andaluz Manuel Barrios, buen profesional de la radio, con una obra importante y amigo servicial del fundador y presidente José Manuel Lara.

Pasan años de premios, agasajos, fortunas y trapicheos. Ahora la novela premiada lleva el título de La bestia, ambientada en el Madrid de 1834, y está escrita a seis manos detrás del pseudónimo de Carmen Mola: Agustín Martínez, Jorge Díaz y Antonio Mercero.

Tras este apretado viaje por el mundo político y de “coge el dinero y corre”, los que amamos la literatura observamos que el Premio Planeta está arropado por un millón de euros que, sin estar en contra, sí considero que dinero y literatura van cogidos de la mano como muestra de una poderosa familia empeñada en ser la más importante en el ring de la competencia que se juega el pulso del poder en el mundo del libro. Mientras desde un balcón Thomas Mann lee La montaña mágica y parece que en el fondo suena el bolero de Ravel.

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