Fascinante escritora desde el atrevimiento feministaLa insumisa Cris, premio Cervantes

Felipe Alcaraz Masats 11/11/2021

A vuelapluma. Comentando lo que sabía sobre Cristina Peri Rossi, no lo que sabré a partir de la concesión del premio. Los “todólogos” se han lanzado a mentarla y describirla como si la conocieran desde niña. A vuelapluma sobre la concesión del premio: merecido.

Merecido porque merece seguir escribiendo. Desde la soledad, desde sus postreras ediciones en Palencia, desde la insumisión siempre: lean esta parte autobiográfica de última hora. Ella, que no estaba dispuesta a ser domesticada, lo dijo hace unos años y mandó una señal que no era de soberbia: “Yo le daría el premio a Peri Rossi para que siguiera escribiendo”. Tampoco era una señal de autocompasión. Solo pedía seguir escribiendo.

Y podrá. El premio Cervantes suele llegar, sobre todo últimamente, con un certificado de defunción. Margarit y Brines ya no podrían ratificar esto pero no es el caso. Cumple ochenta años, está enferma pero resistirá. Le auguro cien años de soledad.

Quizás, en una foto borrosa, con los bordes corroídos ya, o muchas veces desaparecida, presa de la epidemia o del olvido que afecta estructuralmente a las mujeres, es la única que, por derecho propio (aunque vendía menos) se coló en el boom. Tuvo más suerte que las del 27, que no pudieron hacerse sitio en la foto del Ateneo ni después. Por eso andamos tirando de María Teresa León hacia el centro del escenario, aunque sea tarde. Habrá que hacer lo mismo con Peri Rossi. También por eso, como instrumento contra el olvido y para la ampliación de los lectores, es merecido este premio Cervantes.

Cris huyó de la dictadura uruguaya a principios de los setenta y se vino a España, donde el dictador, avisado, no le permitió seguir. Entonces se fue a vivir un tiempo con el grande, y muy alto, y muy apreciable, personal y literariamente, Julio Cortázar. El premio Nobel merecía un Cortázar. Huyó por su atrevimiento sexual e ideológico, por su activismo en pro de la libertad, por su amistad con los comunistas. Y en París la acogió bien Cortázar, que la acunó en una serie de poemas, como ella protegió a su manera al argentino, e incluso nos contó la verdad de las causas de su muerte, aunque esto es lo de menos.

Se habla de ella como de erótica y fascinante escritora, con razón. Y en estos temas destacó sobremanera, provocando, siempre desde la insumisión y el atrevimiento feminista. Provocando, iluminando, adelantándose. Pero no se dice de ella, al menos con fuerza, que es también la escritora de la soledad. Y no una soledad psicológica sino la soledad del exilio, la soledad de no saber dónde tendría uno que vivir y morirse, la soledad de un barco cargado de despedidos sin coro de adioses que no es aceptado en ningún puerto (lean La nave de los locos), que no espera ningún abrazo de refugio y acogida.

Existe, pues, Peri Rossi y está ahí, dispuesta a seguir escribiendo, dispuesta a ser conocida por más gente. Y por eso se ha alegrado tanto con el Cervantes. Y nosotros con ella.

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