Centenario de la Juventud ComunistaSomos lo que hemos vivido Gracias en nombre de toda la Juventud a quienes han entregado, entregan y entregarán su tiempo a seguir edificando un mundo mejor

Guillermo Úcar. Secretario General de la Juventud Comunista (UJCE) 13/11/2021

Es fruto de nuestra experiencia vital la manera en la que observamos el mundo. Pero también la forma en la que queremos transformarlo. Por eso podemos decir que, si cada una de nosotras somos el resultado de un sinfín de experiencias, alegrías y sufrimientos, también los sujetos colectivos son hoy fruto de sus errores y sus aciertos. Por eso la Juventud Comunista no es solo lo que es en el aquí y el ahora. Es el resultado acumulado de 100 años de historia.

El día en que la UJCE retomamos el marxismo-leninismo lo hicimos conscientes de que nuestro proyecto de transformación necesitaba de un instrumento tangible. Porque leninismo es poner encima de la mesa las condiciones subjetivas. Por muy maduras que se puedan ver las contradicciones a las que nos somete el modo de producción capitalista, no somos nada sin la estrategia y la organización. Y no sólo se basa en un modelo organizativo (esa sería la concepción burocrática del leninismo), sino en el método para la toma del poder político. Leninismo es comprender que necesitamos ir edificando el Socialismo en espacios cotidianos de organización popular.

Así, esa cosmovisión del mundo (marxismo) y ese enfoque de transformación de la realidad (leninismo) no pueden ser meros instrumentos literarios. La militancia y la acción diaria son la forma de vida de quienes entendemos que el proceso revolucionario no tiene atajos.

En estos 100 años han sido numerosos los fallos de quienes creían que el hito revolucionario era inminente e inmediato. Quienes pretendían adelantarse (más bien alejarse) del conjunto de nuestra clase. También quienes frenaron conquistas mayores. Quienes enterraron toda política propia en beneficio de unos consensos entre clases que sólo sirvieron para asumir más lenta la derrota. Y frente a todos esos momentos, una militancia abnegada que nunca tiró el carnet ni la toalla y que aprendió en cada contexto histórico lo que sí deberían hacer las futuras generaciones.

Es cierto que estudiar la historia no asegura poder acertar en los momentos que quedan por vivir. Pero de esos errores cometidos en la práctica cotidiana de nuestra organización; de esos fallos tácticos, estratégicos o incluso técnicos, de esas pequeñas derrotas es de dónde mejor podemos extraer conclusiones.

En el contexto pandémico, podemos sacar muchas enseñanzas. La primordial: no podemos aspirar a organizar nuestro entorno sin el contacto humano. No se trata de menospreciar lo que ha aliviado en esta época la tecnología. Pero si de señalar claramente que la organización nace del conflicto. Y que, si el conflicto sigue estando en las empresas, en las aulas y en las esquinas de nuestros barrios, es ahí desde donde debemos trabajar.

Por eso, este 2021 además del año del Centenario del Partido y de la Juventud Comunista, debe ser también el año de la construcción de nuevos espacios de resistencia. Debe ser el año en que frente al apocalipsis económico, social y político que deja la pandemia, frente a la reacción envalentonada de quien busca las tinieblas se imponga la solidaridad de clase, se imponga el hermanamiento entre los pueblos.

Porque el futuro de España, el futuro de sus pueblos y de nuestra clase depende estrictamente de que seamos capaces de resistir los embates de quienes apuestan por una nueva expansión del Capital. Y para ello no necesitaremos grandes personalidades, sino el trabajo abnegado de una militancia consciente, empeñada en fortalecer el sindicalismo obrero y estudiantil, las asambleas vecinales, la lucha por la vivienda, el movimiento feminista…

La misma militancia que al calor de la experiencia bolchevique fundó nuestro Partido. La misma que intentó que el fascismo no pasara. La que se organizó en clandestinidad hasta empujar la caída del Franquismo. La que lleva décadas articulando el conflicto frente al Régimen del 78. La que cada día se levanta de la cama con el orgullo de saber que su vida es la del sacrificio por la causa comunista. Esa militancia es verdaderamente el Partido y la Juventud Comunista.

Quien escribe sólo puede dar gracias. Gracias en nombre de toda la Juventud a quienes han entregado, entregan y entregarán su tiempo a seguir edificando un mundo mejor. Un mundo donde saber que para comer no harán falta malabares. Un mundo sin géneros. Un mundo respirable y vivible. Un mundo sin clases. Hasta entonces, parafraseando a Miguel Hernández, tratamos que de esta organización quede: una memoria de sol y un sonido de valiente.

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