La Retranca

El Partido es dignidad, es orgullo, es camaradería y es alegríaEl PCE cumple cien años Sin el PCE no se entenderían las conquistas democráticas en nuestro país.

Dolores de Redondo 13/11/2021

A mis camaradas pasados, presentes y futuros

“Hay jóvenes viejos y viejos jóvenes”, decía Salvador Allende, proclamando una máxima que también puede aplicarse a los partidos. El PCE es un viejo joven que cumple cien años pero, al contrario que en la edad biológica, cada año que pasa el Partido rejuvenece. El espectacular cortejo de la Juventud Comunista en el mitin central de la Fiesta 2021 lo demuestra. Aún así no hay que olvidar que cualquier cuerpo, viejo o joven, debe practicar sus ejercicios elementales -la batalla ideológica, la movilización y el internacionalismo- para no anquilosarse. Sin esas tres patas básicas, podemos convertirnos en jóvenes viejos.

¿Alguien puede imaginar la Historia reciente de España sin el PCE? Durante un siglo los y las comunistas se han entregado en cuerpo y alma a la defensa de la igualdad, la solidaridad y la justicia social. En las instituciones republicanas o en el Frente Popular, en las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas, en el Quinto Regimiento o en el Ejército Popular Republicano. En el exilio, en la Resistencia, en los frentes de batalla o en los campos de exterminio. En la guerrilla antifranquista, en los penales o en la lucha clandestina. Nadie aportó tanto a la causa de la República y a la lucha contra el fascismo como la dirigencia y la militancia del PCE. Aunque ello implicase sufrir las terribles consecuencias de la guerra, el exilio, la tortura y en muchos casos, demasiados, incluso la muerte. Si se calculase su longevidad sumando los años que ha pasado la militancia en la cárcel, la edad del PCE sería infinita.

La historia del Partido se escribe con letras de molde en el movimiento obrero, en el movimiento feminista, en el movimiento por la paz, en el movimiento vecinal, en los movimientos sociales en general… y en las calles. Es un hecho incontestable que sin el PCE no se entenderían las conquistas democráticas en nuestro país, aunque esta democracia formal y esta monarquía parlamentaria nada tengan que ver con el rupturismo democrático que propugnó la organización al final del franquismo.

El Partido es todo esto y mucho más: es dignidad, es orgullo, es camaradería y es alegría. Es orgullo, no en el sentido de vanidad o arrogancia, sino en el de satisfacción y autoestima por ser quienes somos y venir de donde venimos. Somos enanos encaramados a hombros de gigantes que nos permiten ver un poco más lejos, y enumerarlos a todos requeriría de varios tomos de una enciclopedia de héroes y heroínas.

El Partido es dignidad, porque somos vástagos de Pasionaria y ella nos enseñó que “a los comunistas se les puede romper, pero no se les puede doblar”.

El Partido es camaradería, un concepto más amplio que el de amistad, el de compañerismo o el de solidaridad. Porque camaradería es amistad, compañerismo, solidaridad y, además, convicción en una lucha común y compartida. Cualquier persona es merecedora de ser amiga y compañera, pero no cualquiera puede ser camarada. Esa es una condecoración que ni siquiera se adquiere con la cuota.

El Partido es militancia y la militancia es el Partido. Solo nuestra pertenencia y participación en el intelectual colectivo consigue transformar el pesimismo de la inteligencia en optimismo de la voluntad.

Pero el Partido también es alegría, cordialidad y sentido del humor, cualidades comunistas de las que se habla muy poco o casi nada y que se visualizan en estado puro durante la Fiesta anual o en el día a día de sus gentes.

Incluso si todo lo anterior no se considerase suficiente para entender el orgullo de pertenecer al centenario PCE, bastaría con afirmar que “milito en el Partido Comunista de España porque es lo más parecido a un partido comunista".

¡Viva la lucha de la clase obrera! ¡Viva el Partido Comunista de España!

Y digo yo... ¿aquí no haría falta una Revolución?

Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

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