Regularizar la prostitución es blanquear al proxenetaExperiencia de regulación de la prostitución en Alemania: el burdel de Europa da carné de prostitutas Un millón de puteros al día y 400.000 mujeres de las que sólo un 10% están regularizadas. ¿Dónde está el resto?

Núcleo del PCE en Alemania 25/11/2021

La calle Herberstrasse se encuentra en el centro de la ciudad de Hamburgo. Es una calle más de la vía pública, lo que la hace especial es que está tapada a ambas salidas por un par de vallas acompañadas por unos carteles donde se puede leer: “ENTRADA PARA HOMBRES MAYORES DE 18 AÑOS. PROHIBIDO MUJERES”. Prohibido mujeres que no estén dentro del sistema prostitucional, hay que aclarar, que es efectivamente “eso” tan misterioso que encontramos dentro, hasta ese punto se deshumaniza a las mujeres prostituidas. Esta calle simboliza a la perfección lo que supone la regulación de la prostitución: da vía libre a la masculinidad hetero normativa más antigua del mundo y violenta a todas las mujeres (prostituidas o no).



Alemania, conocido como “el burdel de Europa”, ha aprobado dos leyes para regular la prostitución en los últimos 20 años. La primera fue en 2002, llamada “Ley de la Prostitución” y cuyo objetivo era mejorar las condiciones jurídicas y sociales de las prostitutas. Lo que se hizo fundamentalmente fue eliminar la calificación jurídica de “inmoral” con la que se refería oficialmente a la actividad hasta entonces. No legalizó la prostitución, como a menudo se cree, ya que esta está permitida en Alemania desde hace casi un siglo. Sin embargo, a pesar de que no fuera estrictamente ilegal, tampoco existía ninguna ley específica que la regulara y la calificación jurídica de la actividad como “inmoral” tenía efectivamente consecuencias negativas sobre las mujeres prostituidas a la hora de reclamar cualquier tipo de derecho laboral o el acceso a la seguridad social. Si bien esto en la teoría puede parecer algo positivo e incluso progresista, en la práctica sirvió para facilitarle aún más el trabajo a los proxenetas, que a partir de este momento se transformaron en dignos empresarios y, por supuesto, a los puteros, convertidos en dignos clientes. Literalmente, se redefinió el proxenetismo en el código penal y se despenalizó la promoción de la prostitución, es decir, que a partir del 2002 ya era legal la creación de burdeles y su publicidad. [1]

Después de 15 años con la ley en vigencia se pudo observar que no tuvo como resultado una gran mejora en la vida de las mujeres prostituidas y el número de víctimas de trata con fines de explotación sexual se mantuvo estable según las fuentes oficiales del Estado. El tema volvió a estar a debate y, a pesar de la presencia de algunas voces abolicionistas, se continuó por el camino de la regulación aprobando en 2017 la “Ley para la protección de las/os prostitutas/os” (Prostituiertenschutzgesetz), que obliga a registrarse a todas las personas que ofrezcan servicios sexuales, independientemente de dónde y con qué frecuencia. Tras el registro oficial, se entrega un “carnet de prostituta” en el que aparecen datos como el nombre (puede ser el real o un alias), fecha y lugar de nacimiento, lugares donde se ejerce la prostitución y una fotografía. De poco sirve poder crear un pseudónimo para mantener el anonimato si al lado aparece tu cara con el resto de tus datos personales. Esto ha sido ampliamente criticado por asociaciones que trabajan con personas víctimas de trata, incluso las que no abogan por la abolición, por facilitar la extorsión a las víctimas, pues solo basta con hacer una foto del carnet y amenazar con su exposición pública o a familiares. [2] La “buena intención” detrás del registro, es que viene acompañado de una charla con un/a funcionario/a que debe considerar si hay indicios de coacción, sin embargo, no se establece un protocolo claro sobre cómo llevar esto a cabo, cada estado federal debe hacerse cargo y se duda que haya personal competente formado para identificar víctimas de trata de personas.

En el proceso previo a aprobar la primera ley, por ahí en 2001, el propio Parlamento alemán hace referencia a fuentes que estiman que en todo el país había unas 400.000 personas ejerciendo la prostitución (la inmensa mayoría mujeres) en burdeles, pisos privados y en la calle, donde acuden una media de un millón de hombres al día. [3] En 2018, después de la aprobación de la última ley, solo se registraron como “trabajadoras sexuales” en Alemania cerca de 33.000 personas, el año siguiente constan 40.000 y en 2020, debido a la pandemia, la cifra bajó casi a la mitad. [4] La pregunta es ¿dónde están esas 360.000 mujeres que faltan? A día de hoy, veinte años después de la aprobación de la primera ley para regular la prostitución, el Ministerio alemán para la familia, mayores, mujeres y jóvenes simplemente afirma que desconoce el número de personas prostituidas en su país. [5] Nos preguntamos cómo puede un Estado regular y mejorar la vida de un grupo de personas cuando en dos décadas no se ha molestado en recoger datos fiables sobre cuántas lo componen.

Las mujeres registradas solo componen entre el 10% y el 20% del total estimado. De esta minúscula parte, más del 80% son migrantes, la gran mayoría provenientes de países empobrecidos del este de Europa. [6] No es difícil llegar a la conclusión de que el 90% de mujeres que faltan por registrar serán en su gran mayoría también migrantes, muy probablemente en situación irregular y de vulnerabilidad. La obligatoriedad de registro es un requisito imposible de cumplir para las de situación irregular y, de nuevo, puede utilizarse como amenaza por parte de proxenetas, si una mujer no se registra debe pagar una multa de hasta 50.000€.

Por otra parte, la Oficina Federal alemana de Policía Criminal publica cada año un informe sobre la trata de personas, la media de los últimos cinco años es de unas 325 víctimas de trata con fines de explotación sexual. Los cambios de un año a otro no son significativos y no se observa que la aprobación de las leyes haya tenido un impacto relevante. [7] Aquí tampoco encontramos a esas 360.000 mujeres que han desaparecido repentinamente de los datos, pero tampoco es que sea una sorpresa comprobar que las vidas de las mujeres migrantes y empobrecidas importan poco al sistema capitalista y patriarcal, que es capaz de convertir cualquier cosa en mercancía, en este caso, los cuerpos de las mujeres.

Cuando se normaliza el consumo de prostitución mediante la apertura de burdeles de siete plantas, publicidad, ofertas para grupos y un largo etc., es de esperar que suba la demanda. Si sube la demanda, necesitamos más oferta y, si no hay suficiente dentro de nuestras fronteras, se tiene que importar. El problema es que seguimos hablando de cuerpos de mujeres, es decir, de mujeres. Y los que las consumen, son hombres: no hay un perfil de putero, lo único que tienen en común es el género. El proceso de una mayor normalización del acceso de los varones a los cuerpos de las mujeres no lo han hecho solo las leyes, los medios de comunicación también se han encargado de maquillar el proxenetismo y la violencia a lo largo de los años publicando numerosos artículos y entrevistas a proxenetas al estilo más “canallita” con títulos como “10 preguntas a un gerente de burdeles que no te atreverías a hacerle” que nos dejan muy claro quién son y a qué nos estamos enfrentando. A la pregunta de si alguna vez ha rechazado candidatas por no ser atractivas, este empresario responde: “¡Por supuesto! Si una mujer se ve así, le pregunto directamente: si ni siquiera te invitaría a un trago, ¿cómo se te ocurre que hay hombres que se atreven a follarte por dinero?” [8]

Si esto no es violencia contra las mujeres, entonces no sé qué lo es. Debemos luchar porque todas las personas tengan derecho a un sueldo mínimo, vacaciones pagadas y acceso a la sanidad pública. Pero es una trampa plantear la problemática como si se tratara de esta dualidad: prostitutas con derechos o prostitutas sin derechos. Esto es poner el foco solo sobre una pequeña parte del problema en lugar de analizarlo en su conjunto. La situación en nuestro país no es mucho mejor, pero todavía estamos a tiempo de decidir hacia dónde queremos avanzar. Tenemos que pensar si queremos normalizar todavía más los deseos de la masculinidad hetero normativa o queremos derribarla. Debemos desestigmatizar a la puta, pero no desestigmatizar al putero. No se puede regular la prostitución sin blanquear al proxeneta. Cuando un sistema violenta de una forma tan brutal a millones de mujeres y niñas en todo el mundo, hay que luchar por abolirlo, no por adaptarse a él. Es un camino largo y difícil, pero hacer lo contrario es rendirse antes de empezar la batalla, es seguir bailándoles el agua a los que nos quieren subordinadas, empobrecidas y rotas para tener acceso ilimitado a nuestros cuerpos.

Fuentes por orden de aparición en el artículo:

1. Manuela Schon, “El mito de lo legal lo hace seguro”

2. Paula Riedemann, “Cómo afecta la nueva Ley de Prostitución alemana a las trabajadoras sexuales migrantes”

3. Asunto 14/5958 – 4 – Bundestag alemán – 14a legislatura (Drucksache 14/5958 – 4 – Deutscher Bundestag – 14. Wahlperiode)

4. Oficina Federal de Estadística, datos sobre prostitución.

5. Ministerio para la familia, mayores, mujeres y jóvenes. Prostitución.

6. https://bit.ly/3xzGrnP

7. Oficina Federal de Policía Criminal. Informes sobre trata de personas.

8. Vice Alemania. “10 preguntas a un gerente de burdeles que no te atreverías a hacerle”

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