Delegada de Gobierno contra la Violencia de GéneroVicky Rosell: 'El silencio es el mayor cómplice del agresor machista. No permite a las víctimas salir de la violencia' 'La única vacuna contra la desigualdad y la violencia es la educación'

Gema Delgado 25/11/2021

El terrorismo machista ha asesinado más que el terrorismo de ETA. El 82% de la violencia sexual lo ejercen conocidos de la víctima y el mejor cómplice del agresor es el silencio.

Estuvimos con Vicky Rosell unos días antes del 25N, Día Internacional contra la Violencia de Género. Una violencia que hasta el momento ha dejado 37 mujeres y 5 menores asesinados por violencia de género en 2021. Desde que se empezaron a recoger datos, en 2003, se han contabilizado 1.118 feminicidios. Desde 2013 son 44 las y los menores asesinados por violencia de género, y 330 las niñas y niños que han visto morir a su madre a manos de su pareja o expareja, 24 en 2021. Más datos. El Consejo General del Poder Judicial cifra en una media de 150.000 las denuncias anuales por este tipo de violencia, y aumentan las llamadas al 016, que en verano ya superaron el millón. Hay una tendencia esperanzadora: bajen las cifras mortales y aumenten las consultas y denuncias. Para Vicky Rosell, es una prueba de que las campañas de sensibilización e información están funcionando y que las llamadas de socorro llegan cuando las violencias aún no son fatales.

Rosell argumenta que la primera obligación del Estado es poner las condiciones materiales “para que salgas de la violencia, para que te repongas: recuperes tu salud, tu vida. Primero hablamos de vivienda, de empleo, de Ingreso Mínimo Vital, de garantizar el bienestar de tus hijos e hijas. Y luego ya hablaremos de denuncia y de una respuesta punitiva”. La denuncia da acceso al sistema de protección, pero está pensado para penar al agresor. La protección de la mujer no debe de estar condicionada a la denuncia

La Ley de Libertad Sexual ha supuesto un cambio de paradigma y, entre otras muchas cosas, desde el próximo 1 de enero se van a empezar a contabilizar las víctimas mortales de violencias machistas fuera del ámbito de la pareja o como consecuencias de agresiones sexuales.

La ley es un cambio de paradigma total. El “no es no”, significa que tú, hombre, tienes derecho sobre las mujeres y que mi situación de subordinación se da por sentada mientras no diga no. Tu derecho y mi veto. Al evolucionar al “sólo sí es sí”, reconocemos que sólo es consentimiento el que se realiza por parte de dos voluntades libres e iguales.

Es fácil identificar violencia de género con las mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas pero hay muchas otras violencias, ¿podrías explicarnos que es violencia de género?

Es la violencia que se ejerce contra las mujeres por el hecho de ser mujeres. No puede limitarse a los feminicidios o asesinatos íntimos, que sólo son la expresión más grave y visible, la punta del iceberg. Debajo de esa punta hay muchísimas mujeres que sufren violencia física, violencia sexual, psicológica, económica y otros tipos de violencias que estamos tratando de visibilizar como la violencia emocional, la llamada luz de gas, y la violencia vicaria, que es la que utiliza como instrumentos a hijos e hijas y otras personas allegadas. Y debajo de todas estas hay un mar de violencia oculta que estamos convencidas que el Estado tiene la obligación de sacar a la luz y actuar de forma proactiva. También hay que aclarar que el hecho de que las cifras sigan incrementándose no significa que se trate de violencia nuevas, sino que estaban ahí pero no habían salido a la luz.

El paso del “no es no” al “sólo sí es sí”, es un cambio de paradigma total



¿Cuál es el papel que debemos de desempeñar todos y todas para contribuir a erradicar esa violencia de género?

Hay que detectar las violencias más invisibles porque ningún asesino empieza matando y porque, además, cuenta con el apoyo de un sistema machista. Hay que romper esa hegemonía. Hay que conseguir que el “no estás sola” sea real, no sea una cuestión solo judicial. Si toda la ciudadanía nos ponemos a detectar y y no toleramos la desigualdad y las situaciones de humillación que vemos más cotidianamente, seremos de verdad intolerantes con la violencia de género. O trabajamos contra la desigualdad todos o no terminaremos con esta violencia tan sistémica y tan estructural.

La tercera fuerza política en el Congreso de los Diputados, Vox, emplea las instituciones para negar la violencia de género y burlarse del feminismo desde las máximas instituciones del Estado y no pasa nada. ¿Se puede hacer algo para impedir que sigan insultándonos desde la impunidad?

Sí. Se debe decir con toda claridad que se sitúan fuera del marco constitucional. Tanto la ultraderecha como parte de esa derecha que les blanquea y pacta con ellos. Su mensaje es muy peligroso porque el silencio es el mayor cómplice del agresor machista.

También tenemos que hablar de las buenas noticias, como la dotación de recursos económicos para que el Pacto de Estado, por ejemplo, deje de ser un papel mojado.

Sí. Las feministas decíamos en la calle " menos lacitos y más dineritos". El compromiso de financiación contenido en el Pacto de Estado y, cada año, en los Presupuestos Generales del Estado, en los que estamos vinculado notables incrementos para luchar contra la violencia machista, son esenciales. Ese compromiso es fundamentar en un gobierno que se quiere denominar feminista, o simplemente defensor de los derechos humanos.

¿Cómo interpreta el indulto parcial concedido por el Consejo de Ministros a Juana Rivas?

Fue una gran noticia. Juana y sus hijos han sufrido una justicia sin perspectiva de género y una falta de coordinación que no debería de haber existido. Es uno de los casos en los que el indulto sirve para reparar la inequidad y la injusticia contra el rigor excesivo de la ley.

Los psicólogos insisten en la educación como la herramienta para combatir la violencia. ¿Educación versus fascismo?
La única vacuna contra la desigualdad y la violencia es la educación. Y no podemos educar y vacunar sólo a la mitad de la población. Son políticas para toda la ciudadanía que se beneficia de un país más igual y con menos violencia.

(Avance de la entrevista que se publicará en la edición impresa de Mundo Obrero)

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