Entrevista Secretario General de CCOOUnai Sordo: 'Habrá reforma laboral con la CEOE o sin ella' “En la reconstrucción del contrato social del siglo XXI nos vamos a encontrar con todas las fuerzas de progreso e indiscutiblemente con el PCE”

Gema Delgado. Subdirectora Mundo Obrero 02/12/2021

Unai Sordo nace en Barakaldo en 1972, el mismo año en que, cerca de allí, más de 10.000 personas tomaron las calles de Vitoria en apoyo a la plantilla de Michelin, que mantuvo la fábrica cerrada desde finales de enero hasta primeros de marzo. Ese mismo mes también fueron a la huelga los trabajadores de Bazán, en Ferrol, y la policía asesinó a tiros a Amador Rey Rodríguez y a Daniel Niebla García, responsables del Comité Local de COOO y militantes del PCE.

En septiembre de ese mismo año, en Vigo, 15.000 trabajadores de la industria mantienen una huelga de dos semanas en defensa de sus puestos de trabajo: de 6.000 despidos se pasó a 400. Los estudiantes se movilizaban y los grises les reprimían en las universidades. Franco tenía 80 años. ETA secuestra al industrial vasco Lorenzo Zabala, director de Preciocontrol, que había despedido a 200 obreros. Le libera cuatro días después cuando les readmiten a todos.

Así hervía la España del tardofranquismo cuando Unai Sordo llegó al mundo. Fue uno de los niños del barrio que vestía la ropa heredada de los primos mayores, llevaba rodilleras y sufrió en el colegio a los últimos beatos de la letra con sangra entra. Aunque a Unai las letras le entraban muy bien; él se tropezaba con las matemáticas. Unas matemáticas que conseguía cuadrar repartiendo pasteles para costearse los estudios de Graduado Social en la Universidad del País Vasco. Luego fueron llegando otros trabajos. Y entre tanto comenzó a militar en la izquierda.

Tenía 27 años cuando asumió la Secretaría de la Juventud de CCOO-Euskadi. En 2009 fue elegido secretario general de CCOO-Euskadi, renovando con el apoyo del 96% de los delegados.

Y de Euskadi salta a Madrid para suceder a Ignacio Fernández Toxo al frente de la Confederación del primer sindicato de España, que hoy tiene casi un millón de afiliados. Hace poco más de un mes acaba de celebrarse el 12º Congreso en el que ha sido reelegido, con el apoyo del 93,74% de los votos, para dirigir CCOO durante los próximos cuatros años con una Comisión Ejecutiva parcialmente renovada, más joven y paritaria.

En toda su trayectoria, el mismo leitmotiv: “no habrá sociedad decente sin empleo decente”. Y en ello sigue, con la oportunidad sobre la mesa de dar un gran salto: la reforma laboral que se debate en la mesa de diálogo social y que el Ejecutivo tiene que presentar en Bruselas antes de que acabe el año. De los retos que tiene por delante hablamos con él en esta entrevista: la segunda pata del acuerdo de las pensiones; la reforma laboral; el sindicato ante la nueva clase obrera; la oportunidad que ofrecen los fondos europeos; y el nuevo contrato social del que aspiran a ser “un agente imprescindible”, entre otros.

GEMA DELGADO: Imagino que salir reelegido con el apoyo del 93,7% da mucha fuerza para seguir trabajando estos próximos cuatro años, máxime en un momento en el que los sindicatos estáis recuperando la incidencia en la agenda social.

UNAI SORDO:
Ha sido muy positivo por el nivel de cohesión interno. También ha sido el Congreso donde hemos podido recuperar la convivencia. Dicen los viejos del lugar que les cuesta recordar un ambiente tan bueno como el que se ha vivido. Y la organización ha llegado al congreso en un momento razonablemente bueno en cuanto a afiliación, representación, incidencia política e incluso niveles de autofinanciación.

Pero esto no sirve de nada si en estos cuatro años no somos capaces de cambiar las reformas de la austeridad, de mejorar las condiciones de vida de la gente y de impulsar todavía más el desarrollo del sindicato en sectores de la clase trabajadora atomizados, desorganizados y que en muchos casos ni siquiera saben lo que es un sindicato.

En cualquier caso, el buen resultado del Congreso no debe de hacernos perder la perspectiva de que el mundo es muy complejo, hay mucha precariedad, hay mucha pobreza, incluso pobreza asalariada y el sindicato se tiene que interpretar mirando hacia afuera y no perder demasiado tiempo mirando hacia dentro.

“En la reconstrucción del contrato social del siglo XXI nos vamos a encontrar con todas las fuerzas de progreso e indiscutiblemente con el PCE”



G.D.: Comenzó el primer mandato al frente de la Secretaría General de la Confederación de CCOO con un gobierno presidido por Rajoy y lo acabó cerrando acuerdos en la mesa de diálogo con una ministra de Trabajo comunista, pasando por una pandemia mundial que ha paralizado la economía. Ha habido muchos cambios en poco tiempo.

U.S.:
En un mandato ha habido como 3 mandatos. Partíamos de un gobierno del PP que mantenía todas y cada una de las reformas de la austeridad y donde el diálogo social no jugaba ningún papel. Después de la moción de censura que sacó al PP del gobierno, se retomó muchísimo la agenda y el diálogo social. Y luego llegamos al gobierno de coalición, con la subida del Salario Mínimo Interprofesional y con una agenda en el marco del diálogo social mucho más potente. Pero llegó la pandemia y lo cambió todo. En cualquier caso, creo que con la pandemia se demostró que muchas de las medidas que hemos pactado con el gobierno han salvado más de tres millones de puestos de trabajo en España y se ha conseguido algo que nunca había pasado en las historias de las crisis: la caída del empleo fue sustancialmente menor que la caída de la economía. Aquí siempre nos pasaba al revés.

Aparte de la coyuntura política, el sindicato tiene su propio recorrido: la extensión de las empresas, la afiliación, la representación, aunque sea menos visible.

LA CLASE TRABAJADORA HOY

G.D.: En las últimas décadas ha cambiado mucho la referencia que tenemos de lo que es la clase trabajadora. ¿Cómo es la clase trabajadora de hoy?

U.S.:
Muy diversa. Es el producto de dinámicas que vienen dándose en la sociedad, la economía y la empresa desde hace décadas. La clase trabajadora ya no trabaja principalmente en grandes centros de carácter industrial. Más bien lo hace en el sector de servicios, en los sectores de prestación de servicios de una empresa a otra... La perspectiva de estabilidad en el empleo y en la vida es a corto plazo. El hecho de haber tenido varias décadas de lluvia fina neoliberal de individualismo, de crecer con la sensación de que los espacios institucionales políticos son algo a superar y que la vida es lo que tú individualmente te forjas, cala en la clase trabajadora. Y por tanto es una clase muy marcada por la precariedad, la rotación... El sindicato sigue interpretando que hay una clase trabajadora, pero la realidad cotidiana de una persona en una administración pública o en una gran empresa con una antigüedad de más de 25 años, es muy diferente a la percepción vital que tiene un trabajador o trabajadora de una contrata, que no sabe si mañana va a entrar a trabajar y ni tampoco si la semana siguiente va a estar en la misma empresa; eso hace que la visión que cada una de estas personas tiene del trabajo y del sindicato sea diametralmente distinta. Hay que interpretarlo bien para tratar de organizar esa diversidad.

“El gran reto del sindicato es agregar intereses de gente que tiene situaciones objetivas y subjetivas muy diversas”



Lo nuestro, en el sindicato, no es compartimentar causas y decir que como el mundo es diverso tenemos que hacer causas diversas. No. Lo nuestro es agregar causas pero sin perder el diagnóstico de cómo es la clase trabajadora hoy, porque si no es como ir a coger agua con una cesta de mimbre. Y ese es el gran reto del sindicato: agregar intereses de gente que tiene situaciones objetivas y subjetivas muy diversas. Lo importante no es tanto el discurso como que las medidas organizativas sirvan para llegar a esa diversidad de situaciones.

G.D.: ¿Y cómo se puede llegar a esa gente atomizada, precarizada que va cambiando de trabajo, que tiene contratos de una semana o que trabaja desde sus casas?

U.S.:
De muchas maneras que se superponen. Las personas no viven estabuladas, sino que van a sufrir esas situaciones a lo largo de su vida. Hay una parte del trabajo que se puede realizar en centros de trabajo de una determinada dimensión y con presencia física, donde la acción sindical es más clásica; siempre digo que no hay nada mejor que el boca a oreja y que las asambleas y las conversaciones de las secciones sindicales con el conjunto de los trabajadores.

Pero luego hay otros trabajadores a los que te tienes que dirigir de formas múltiples: por mensajería, sistemas digitales. Pero, sobre todo, tienes que tratar de hacerles entender que pueden tener un interés colectivo, porque aunque trabajen de una forma más autónoma, en teoría, tienen que disputarle a la empresa cómo se organizan los tiempo de trabajo y pactar la desconexión digital igual que hace unas décadas pactaban los turnos de entrada y salida al trabajo. Y esto, o se hace colectivamente o perdemos.

Son formas y lenguajes distintos de acercarse a la clase trabajadora. Y eso exige un sindicato a varias velocidades en el sentido de cómo utilizas los recursos. Y ahí está ubicado todo el tema del desarrollo organizativo, es decir, de poner los recursos que el sindicato genera en espacios más fuertes a disposición también de los espacios más debilitados y que no son capaces de generar formas de organización y representación autónoma. Necesitan que el sindicato aparezca desde fuera.
En un pequeño taller donde no hay posibilidades de hacer un comité de empresa, o el sindicato irrumpe desde fuera o esa gente no se organiza… o lo hará cuando surja un problema.

“Europa ha dado un cambio diametral frente a la crisis, pero no hay que ser ingenuos. No tenía otra opción que poner muchos recursos para salvar la economía”



Necesitamos tener un sindicato muy proactivo y es ahí dónde queremos situar los recursos: en la gente que está más debilitada, más desorganizada y en peores condiciones.

G.D.: En el mundo de la uberización se ha dado un gran paso con la ley rider al dejar claro que los repartidores que trabajan para plataformas trasnacionales son falsos autónomos y por lo tanto trabajadores por cuenta ajena. De hecho es pionera y ejemplo en Europa. Parece que es más una cuestión de voluntad política.

U.S.:
Sí. Y no sólo se ha conseguido la ley, sino que ya estamos negociando convenios con algunas de las empresas que se dedican a esto. Y ya ha habido una huelga a la que fueron de forma autónoma pero en la que se vincularon a CCOO, como hizo Glovo en Cataluña. Ha habido un buen recorrido en estos cuatro años. Hemos demostrado que no hay terreno vedado al sindicato si este es capaz de articular formas de organización diversas.

Previamente a la convocatoria de huelga realizamos iniciativas de todo tipo para aproximarnos a este colectivo que, si no, no se acercaría al sindicato: desde un taller para aprender a reparar bicis hasta habilitar un punto donde puedan ir al baño ya que trabajan todo el día en la calle. Y el resultado ha sido que cuando convocaron una huelga no han montado una plataforma sino que han venido a CCOO.

AGENTES DEL NUEVO CONTRATO SOCIAL

G.D.: Estamos en una coyuntura nacional e internacional de una gran polaridad en la que la sociedad está muy dividida, hace mucho ruido, no se escucha, y oscila como un balancín sin saber dónde se va a detener. En CCOO decís que queréis ser agentes imprescindibles de un nuevo contrato social. ¿Cómo es el nuevo contrato social del que habla el sindicato?

U.S.:
La reconstrucción de un contrato social tiene que ver con cómo se sale de las secuencias de crisis y de transiciones que estamos viviendo: la crisis de la pandemia, que creo que tendrá efectos más perennes de lo que parece con la sensación de vulnerabilidad que se ha instaurado en las sociedades, más los efectos de la anterior crisis, que están superados a efectos macroeconómicos pero no a efectos de la desigualdad y de la precariedad en que ha dejado a millones de personas.

“El discurso de la extrema derecha quiebra cuando en una empresa tienes que decidir si estás a favor de subir el salario o no; si estás a favor de subir el SMI o no”



Todo esto ha conllevado dos efectos: una gran pérdida de expectativas de vida de lo que se llamó la clase media, sumado a un proceso de proletarización importante de la clase trabajadora. Los riders son solo un ejemplo del neoesclavismo para alguna gente. No es libertad de elegir, es explotación pura y dura.

Si a todo esto añadimos la incertidumbre de las transiciones, tanto la digital como el salto que supone incorporar nuevas tecnologías a los puestos de trabajo, unido a la transición ecológica, que conlleva una nueva forma de configurar energéticamente los países...

Creo que estamos ante una situación explosiva que nos puede llevar o a un refuerzo de las opciones reaccionarias, que es un riesgo que hay que asumir que está ahí para combatirlo, o a la reconstrucción de un contrato social, que es donde nosotros queremos influir; un contrato social que recupere certidumbres y espacios de ayuda mutua y de puesta en común de recursos para protegernos la vida.

Ese contrato social tiene que recuperar los viejos ítems del contrato social de mediados del siglo pasado: sanidad, salud, educación pensiones, fiscalidad progresiva... y otros elementos del siglo XXI que tienen que ver con la formación permanente a lo largo de toda la vida, con el envejecimiento de las poblaciones y la economía de los cuidados. Ya sabemos que en el anterior contrato social se dejaron al margen esos cuidados porque se suponía que lo iban a abordar las mujeres en contratos no mercantiles y más familiares. Son elementos que hay que incorporar y de eso va la gran pugna política, en España y fuera de España: si las sociedades se reconstruyen en una línea o en otra.

Hay una incertidumbre enorme ante la que puede haber una opción reaccionaria o una opción progresista, y ahí es donde hay que resituarse.

G.D.: Ahí entra en juego este gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos.

U.S.:
Hay que ver la foto desde arriba; entender la disyuntiva histórica en la que estamos para tener cuidado con que los problemas políticos de convivencia no precipiten decisiones erróneas, porque si hoy hubiera elecciones no tengo claro el resultado. Pero creo que estos dos años que le deben de quedar a la legislatura van a ser unos años muy intensos. Y si somos capaces, a través del diálogo social, de poner en pie una serie de reformas de carácter social, junto al efecto tractor de los fondos europeos y la recuperación de la economía y el empleo, creo que en 18 ó 20 meses se puede situar al país en otra clave. Pero no se puede estar cada semana teniendo la batalla mundial, por eso decía que no hay que perder perspectiva y tener cuidado.

“Hay que aprovechar los fondos europeos para hacer política industrial y recuperar la idea de la planificación de la economía”



G.D.: La extrema derecha está ahí, no sólo política sino sindicalmente a través de Solidaridad que, entre otras cosas se define anticomunista. ¿Cree que el sindicalismo de la ultraderecha va a ganar terreno?

U.S.:
La extrema derecha en España ha tenido históricamente, y va a tener, un problema con el sindicalismo porque es donde se sustancia la gran contradicción que sustenta respecto a la clase trabajadora.

La extrema derecha hace el trabajo sucio dentro de la derecha con las políticas del señalamiento, diciendo que el problema de la mayoría social y de la clase trabajadora no es un sistema injusto sino el negro, el pobre, la mujer feminista o “los que están muy enfermos” del colectivo LGTBI. Esa política de señalamiento, que es muy cultural, tiene un talón de Aquiles clarísimo, que es la relación y la gestión del conflicto capital/trabajo donde se sustancia: en el centro de trabajo y en la determinación de las condiciones de trabajo. Tú puedes decirle a la clase trabajadora que se siente amenazada porque no se quién les va a quitar su puesto de trabajo; en un plató de televisión puedes decir misa cantada pero en una empresa tienes que decidir si estás a favor de subir el salario o no; si estás a favor de subir el SMI o no; si estás a favor de que las trabajadoras camareras de piso puedan cobrar por debajo de los convenios sectoriales o no. Y como la extrema derecha en España es de élites económicas, al final siempre dice que no.

Lanza un mensaje demagógico a los trabajadores situando el problema en los inmigrantes, pero a la hora de la verdad siempre toma decisiones que van a favorecer a la élite económica porque ellos son pura élite económica y funcionarial española. El fascismo español siempre ha estado ligado a las élites aunque haya tratado de tener un discurso para las masas. ¿Y dónde quiebra el discurso de la extrema derecha española? Pues donde se sustancia el conflicto. Y si impulsan un sindicato, siempre va a ser un sindicato amarillo. Por eso odian al sindicalismo de clase.

CAMBIO DE MODELO ECONÓMICO

G.D.: Y este contexto abre una oportunidad que viene de la mano de Europa, tanto con un cambio de actitud como con una inyección económico a través de los Fondos Europeos. ¿Cómo deberían utilizarse estos fondos?

U.S.:
Ha habido un cambio diametral en la posición de Europa frente a la crisis, pero tampoco habría que pasarse de ingenuos. Lo ha hecho porque cualquier otra opción conllevaba la implosión de la Unión Europea. Una segunda ronda de políticas de austeridad se hubiera llevado esto por delante. El Brexit es un ejemplo de algunos de los riesgos que había, pero el auge del populismo de la extrema derecha y del nacionalismo no deja de ser una expresión de lo que hubiera pasado si se hubieran tomado medidas de austeridad. Creo sinceramente que Europa no tenía otra opción.

Además esta crisis no tenía nada que ver con la anterior. La primera fue una crisis de desequilibrios económicos y de cómo se habían tratado de dopar esos desequilibrios, que era la economía financiera. Ahora el motivo de la crisis es una pandemia que prácticamente para el mundo y que lógicamente requiere de una política de activación en clave keynesiana, y así lo ha visto Europa. Pero no pensemos que aquí todo el mundo se ha convertido graciosamente a la socialdemocracia y al keynesianismo y mucho menos al socialismo. Aquí lo que ha habido es la necesidad de poner muchos recursos sobre la mesa para salvar la economía, la actividad, las empresas y los puestos de trabajo. Pero, con toda seguridad, la Unión Europea va a recuperar objetivos macroeconómicos que, si no hacemos los deberes, nos pueden llevar a una segunda ronda de políticas de austeridad. No seamos ingenuos. No pensemos que esta batalla está ganada.

“Estamos ante una situación explosiva: la gran pugna política es si las sociedades se reconstruyen sobre una opción reaccionaria o una opción progresista”



G.D.: Tenemos sobre la mesa la anhelada oportunidad para cambiar el modelo productivo de este país.

U.S.:
Los fondos europeos son una oportunidad, sobre todo de mejorar el tejido productivo español y de reconfigurar algo que va a ser muy difícil, porque viene ya de hace muchos años, y es la desertificación industrial que ha habido en España. España está en una situación débil para recomponer un tejido industrial como base económica del país porque somos muy subalternos ya en las decisiones que establecen los poderes industriales del mundo. Pero contar con estos recursos te permite tener una palanca financiera para condicionar esas políticas industriales y condicionar decisiones de inversión privada para recomponer el modelo productivo. Ese es el reto.

Como estamos en un modelo de transición muy importante, muchas de las cadenas de valor, donde España perdió el pie industrial hace décadas, se están recomponiendo. Y en esa recomposición tenemos una oportunidad. Si se dejan de hacer coches de combustión y se pasa a fabricar coches eléctricos o de otro tipo, por ejemplo, las cadenas de suministro de esos autos también cambian. Y en ese cambio todo el mundo vuelve a tener una oportunidad, y entonces está en disputa no ya quién hace una palanca de cambio sino quién hace una batería de litio o quién hace el hardware de coches que van a ser casi ordenadores con ruedas. Y ahí es donde España tiene que situar un nuevo modelo de política y planificación industrial.

Hay que aprovechar los fondos europeos para hacer política industrial y recuperar la idea de la planificación de la economía, no voy a decir únicamente estatal pero sí donde el Estado juegue un papel importante a la hora del diálogo y negociación con las empresas, recobrando un papel que dejó de desempeñar hace ya demasiado tiempo.

REFORMA LABORAL O MOVILIZACIÓN

G.D.: Se agotan los plazos ¿La reforma laboral se hará con CEOE o sin ella?

U.S.:
Se hará sin CEOE o con ella. Yo prefiero que esté porque cualquier modificación de calado en el Estatuto de los Trabajadores, y ésta va a ser calado, es mucho más estable en el tiempo si los acuerdos son tripartitos. Pero una cosa es que sea mejor que esté la CEOE y otra que la CEOE ponga veto. Si no está, el gobierno tendrá que pactar con los sindicatos las medidas que seamos capaces de pactar o tendrá que desarrollar su programa electoral.

G.D.: ¿Cuál es la valoración de CCOO del desarrollo de las negociaciones?

U.S.:
Es compleja porque hay temas de mucho calado. Teníamos ya una parte de la negociación muy madura, que para nosotros es condición sine qua non para recuperar determinados desequilibrios en la negociación colectiva, evitar que los convenios de empresa puedan reducir los salarios de los convenios sectoriales, recuperar la retroactividad, mejorar las condiciones de subcontratación, entre otras. Y luego tenemos dos patas importantes: por una parte, la contratación, donde creo que es fácil llegar a un acuerdo; y por la otra, las medidas de flexibilidad interna, con una propuesta reciente de mucho calado y que no podemos negociar en tres semanas.
Tenemos voluntad de ir a un modelo en el que las crisis cíclicas o crisis más estructurales que conlleven reestructuraciones de sectores, en lugar de abordarse por la vía de los despidos se aborden con medidas de planificación, de reestructuración de sectores o de reducción de jornada. Pero esto no se hace en tres semanas. Es más complejo. Por eso emplazamos al gobierno a recuperar el perímetro de las cosas que teníamos avanzadas, a buscar cosas salvables dentro de esta propuesta para hacer frente a crisis coyunturales de 3 ó 6 meses, como la falta de microchips ahora y los automóviles, para que a esta gente se le pueda reducir la jornada, que no consuman prestación de desempleo, que no haya despidos. Ahí podríamos configurar un acuerdo muy potente. Y darnos un plazo de negociación más amplio para las medidas más estructurales y complejas.

G.D.: Los temas de precariedad y limitación de los despidos ¿están más claros?

U.S.:
Sobre la limitación de los despidos tenemos una discrepancia. Nosotros creemos que habría que limitar los despidos. Si quieres pasar de un modelo de contratación temporal y despido a otro modelo donde la adaptación de jornada sea preferente respecto al despido, no sólo hay que incentivar ese modelo de adaptación de jornada sino que hay que ponerle trabas al despido. Y ahí tenemos una discrepancia con el gobierno. Por eso digo que en algunos temas deberían de darnos un plazo más amplio.

Pero medidas sobre contratación, negociación colectiva y algunas cosas más, habría que sacarlas cuanto antes.

“Hay que entender la disyuntiva histórica para tener cuidado con que los problemas políticos de convivencia no precipiten decisiones erróneas”



G.D.: CCOO ha dejado claro que si no hay acuerdo habrá una movilización contundente.

U.S.:
Recuperar los equilibrios en la negociación colectiva sin eliminar la prevalencia salarial del convenio de empresa, sin recuperar la vigencia indefinida del convenio colectivo a través de la ultra actividad, sin mejorar los niveles de control sobre la subcontratación o sobre responsabilidades entre las empresas principales y las subcontratas... sin este paquete de medidas no va a haber acuerdo con CCOO. Y si no hay acuerdo va a haber una movilización fuerte. Pero espero que podamos sacar un acuerdo en este y en otros terrenos.

LOS SINDICATOS RECUPERAN MÚSCULO

G.D.: Estamos viviendo un momento de revitalización de los agentes sociales.

U.S.:
Creo que sobre todo la faceta de la concertación y el diálogo social ha salido muy fortalecida. La secuencia de 12 acuerdos, particularmente el de los ERTE que ha salvado más de tres millones de puestos de trabajo, y el haber adoptado acuerdos con la emergencia que lo hemos hecho, como el teletrabajo o la ley rider, nos ha situado bien.

El momento no es malo pero es mejorable; aspiramos a afiliar más, a tener representación en más empresas, a tener más secciones sindicales y a que la clase trabajadora en España esté más vertebrada.

G.D.: Hemos pasado de una política que desprestigiaba a los sindicatos a otra política de escucha e interlocución.

U.S.:
El sindicato siempre ha tenido voz, otra cosa es que se le facilite altavoz, porque muchas veces se ha intentado opacarnos. No me gustan los discursos victimistas, pero en España durante años ha habido una campaña abiertamente antisindical, y creo que esa campaña no va a cesar. Pero en la medida en que hemos puesto sobre la mesa propuestas y acuerdos que le han servido a la economía, y que han sido además muchos acuerdos tripartitos, se ha puesto en valor el papel del sindicato.

Ahora las negociaciones van a ser mucho más complicadas. Todos pensaban que en la segunda fase de la reforma de pensiones se iban a adoptar medidas de recorte y no ha sido así. En cuanto se ha conocido que el índice de equidad intergeneracional no va de recortes sino que va de mejorar las cotizaciones sociales como estábamos pidiendo, besos no nos van a dar. Nos van a arrear en cinco segundos.

GARANTIZAR LAS PENSIONES

G.D.: Parece que sí era posible, que se pueden salvar las pensiones.

U.S.:
Me gustaría decir que a veces desde la izquierda no se valoran las cosas que se hacen. Es decir, hay quien daba por amortizada la reforma de pensiones de 2013. Pues no. Está plenamente vigente aunque temporalmente suspendida. Y esa reforma iba a llevar una aminoración de más del 30% de las pensiones del futuro. Esto nos lo hemos cargado de la ley en un acuerdo con la CEOE. Esto es muy importante y no lo ponemos en valor.

Ahora hay que adoptar medidas en cuestión de ingresos. Algunas ya se han hecho.

Lo más importante es que se ha cambiado la óptica de aproximación a la cuestión de las pensiones. Se abordaban desde una lógica de recortes y la reforma del 2013 viene a decir que el hecho de que los pensionistas en España se incrementen un 50% se tiene que resolver por una aminoración drástica de las pensiones medias. Y esto se ha cambiado. Ante la realidad de que va a haber muchos más pensionistas con pensiones más altas, lo que hay que ver ahora es cómo se sufragan esos 3,5 puntos de PIB que hay que incrementar en gasto de aquí al 2047. Pasar de un paradigma a otro tiene una importancia capital.

Si hubiéramos seguido con la reforma del 2013 significaría que no habría pensiones dentro de 20 años. Un chaval de 20 años que hoy está generando una pensión y que llegue a su edad de jubilación con 1.500 euros, con la anterior reforma perdería 345 euros. Y esto todavía es así hasta que lo modifiquemos en la tramitación de la ley.

Es muy importante cambiar el marco de referencia porque es lo que va a instalar la idea de que haya un sistema público y suficiente de pensiones en las próximas tres décadas. Y esta es la base de la vertebración del pacto social del que hablábamos. Porque si se instala la idea de que lo público va a ser marginal o a servir sólo para limar las situaciones de pobreza casi severa es que hemos perdido la batalla, y ya no serán las élites las que no quieran, será la gente, porque acabará diciendo: "para no tener una pensión digna dame a mí las cotizaciones y ya me hago yo un plan de pensiones individual”. Es fundamental romper esa idea.

“Los riders son solo un ejemplo del neoesclavismo para alguna gente. No es libertad de elegir, es explotación pura y dura”



PCE / CCOO. HISTORIA COMPARTIDA

G.D.: CCOO es el sindicato de referencia del Partido. Lo fue desde sus orígenes. Nuestros camaradas han compartido cárcel, pancartas, piquetes, asambleas, reivindicaciones y muchas veces carné. En este Centenario del PCE recordamos a todas esas Josefinas, Marcelinos, Susanas y Paquitas, Agustines y Elviras... que no estarían/están mirando hacia atrás sino trabajando en los retos que tenemos ahora, que no son pocos y vuelven a ser comunes.

U.S.:
Creo que es un momento importante para reivindicar y contarles a las nuevas generaciones cómo se consiguieron las libertades en España. Hay que combatir ese revisionismo que ha existido siempre pero que ahora ha alcanzado un brío enorme. Muchos recién llegados a la democracia se permiten cuestionar a quienes se dejaron la vida y la libertad por la democracia en España.

Es por eso un momento importante para reivindicar el papel que el PCE y los comunistas desempeñaron en aquellas Comisiones Obreras, que fueron el catalizador de la movilización y que cambió el rumbo de la transición.

Porque la transición no estaba planificada como la conocemos, no se iba a legalizar el conjunto de partidos y sindicatos. Fue un proceso de luchas muy intensas, de huelgas y movilizaciones, que llevaron también a una reacción de los elementos más ultras que no querían promover la transición, y que se manifestaron con el asesinato de los abogados de Atocha, entre otros. Arias Navarro no era ningún moderno de la vida, era un asesino. Y la historia de CCOO en ese terreno no se puede separar de la historia del PCE en ese momento histórico.

Desde entonces hemos avanzado mucho en autonomía ambas organizaciones, pero yo creo que hay que ver el momento en el que vivimos desde una perspectiva en la que hay que saber cuál es la disputa de fondo que hay en una sociedad como la española en esta disyuntiva. Y creo que las alianzas de carácter social, de carácter político, son muy importantes para el país y en la medida en que a los agentes sociales, al sindicalismo, se le facilite a través de los espacios del diálogo social, nosotros vamos a ser una parte activa en la reconstrucción del contrato social del siglo XXI. Y ahí nos vamos a encontrar con todas las fuerzas de progreso e indiscutiblemente con el PCE.

Publicado en el Nº 349 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2021

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