Extremadura, levántate y anda

Extremadura reivindica un modelo energético justo y democrático El modelo energético propuesto por el Plan Verde Europeo aboca a Extremadura a ser una colonia energética

Rafa González 20/12/2021

Diversos colectivos extremeños afectados por proyectos de renovables en toda su cadena de valores, incluidas minería, fotovoltaicas y aerogeneradores, así como organizaciones medioambientalistas y otras socio-culturales, se han manifestado en Mérida para exigir una revisión del actual modelo energético, en aras de uno que ha de ser justo en materia social, medioambiental y territorial.

Extremadura supera ya, holgadamente, los objetivos de la Unión Europea para 2050. Exporta el 70% de la energía que produce, siendo la primera región productora de energía fotovoltaica, con 3.337 megavatios repartidos en 626 plantas, lo que supone casi una cuarta parte del total de España. Además es la segunda en nuclear y termosolar y la tercera en potencia hidráulica instalada. Por otro lado, se quiere convertir a la región en la primera productora de hidrógeno verde por tener el 40% del agua embalsada del país.



A esta realidad ya palpable en superficie, se suma la presión que generan en el territorio las 230 solicitudes de concesiones megamineras que están encima de la mesa de la Consejería de Industria de la Junta de Extremadura. El subsuelo de la región es codiciado por contener trece de los minerales fundamentales para satisfacer la especulativa demanda de materias primas destinadas a las renovables.

EXTREMADURA, COLONIA ENERGÉTICA

El desarrollo del modelo energético propuesto por el Plan Verde Europeo está saliendo muy caro en Extremadura porque, a pesar de todo lo que la región produce y exporta, se siguen imponiendo más macroproyectos mineros y energéticos, con sus correspondientes infraestructuras (viales, bases de hormigón, subestaciones, torres de alta tensión), más la demanda de recursos naturales e impactos medioambientales, socio-económicos y culturales. Este modelo aboca a Extremadura a ser una colonia energética en pleno siglo XXI, sacrificando sus campos, ríos y montes, y los atractivos naturales, turísticos y culturales, para satisfacer la demanda nacional.

La reivindicación de los colectivos en defensa del territorio es clara: la Transición Energética debe planearse a partir de las necesidades presentes y futuras de la sociedad y nunca desde una promoción ilimitada de la oferta renovable. No quieren ser tierra de sacrificio ni un coto de caciques de accionistas anónimos que especulan con nuestra salud y nuestros bienes. Ni soportar la demanda externa que pretende condenar a la región a ser una macrocentral eléctrica en manos de los oligopolios.

Además denuncian que, mientras la Junta de Extremadura alardea de tener el macroproyecto fotovoltaico más grande de Europa en Usagre, ocultan que tanto el alcalde como la promotora Iberdrola han sido investigados por los presuntos delitos de prevaricación urbanística, estafa, tráfico de influencias y corrupción en los negocios, ya que Iberdrola habría expropiado de forma irregular una finca de más de 500 hectáreas, afectando a una zona de acuíferos y yacimientos arqueológicos protegidos.

Con todo esto, solo cabe comprender que minas sostenibles, huertos solares, parques eólicos, economía verde y circular o transición energética ecológica son eufemismos tras los que hay oscuros intereses de oligopolios, de gigantes empresas mineras y energéticas. La Junta de Extremadura permite que voraces multinacionales colonicen nuestros territorios, sin reflexión ni consulta popular. Pisa el acelerador para llevarnos al precipicio: consumo de recursos caducos, devastación de espacios naturales, invasión de espacios rurales productivos, asfaltado de tierras fértiles, dinamitado de sierras y valles, destrucción de paisajes, desecación y envenenamiento de nuestras aguas, arrasamiento del patrimonio etnográfico y destrucción de yacimientos arqueológicos únicos. En definitiva, perjudicando a todo tipo de riquezas naturales y culturales sostenibles e hipotecando el futuro de nuestra tierra

MANIFIESTO 18 DE DICIEMBRE EN MÉRIDA

¡RENOVABLES SÍ, PERO NO ASÍ!

CONTRA EL MODELO ENERGÉTICO BASADO EN EL EXTRACTIVISMO Y LA COLONIZACIÓN DEL TERRITORIO DE EXTREMADURA.


Europa, España, Extremadura, la tierra seca, castigada, exprimida, está pidiendo un cambio a voces. Quiere hacernos ver que las últimas décadas han sido muy duras para ella, esclavizada y ensuciada. El modelo económico industrial ha impactado en todos los ámbitos de la vida, basándose en los combustibles fósiles, extrayendo más y más, sin dar nada a cambio.

Ya se oyen voces humanas: emergencia climática, extinción de especies, disminución, racionamiento y encarecimiento del agua disponible, escasez de materias primas, vaciamiento de los pueblos, pandemia,...

El crecimiento económico moderado, inferior al previsto, hace tambalearse a los gobiernos, urge actuar, ¿de la manera correcta?, ¿poniendo a las personas y al medio por delante de la economía, como promueve la propia Comisión Europea? No, de la manera que saben. Ojalá, pero no, de la única manera que entienden: pisar el acelerador, consumir más combustibles, extraer más recursos, transformar y colonizar más espacios, urbanizar más tierra, exprimir más los factores de la ecuación, de los que dependemos realmente las comunidades humanas, pero con nuevos nombres que repiten insistentemente, insultantemente, como una taladradora gigante que agujerea la tierra por donde después entrará la dinamita que reventará montañas o valles, con palabras de moda: energías renovables, minería verde, economía circular, transición energética ecológica, sostenibilidad. Sin escrúpulos, sin vergüenza.

“Es que la minería se ha realizado históricamente en Extremadura”. Por eso no la queremos, sabemos que no ha hecho más rica a esta tierra, que promete hasta conseguir la explotación y que no restaura, que las empresas salen corriendo con los bolsillos llenos de subvenciones y los trabajadores en las calles se manifiestan engañados, dependiendo de un modelo incompatible que arruina otros sectores sostenibles. Sabemos que el rendimiento de partes de metal por roca es ínfimo, lo que obliga a buscar el mínimo coste de extracción, con un gran coste para el ambiente y la sociedad.

“Es que Extremadura siempre ha producido energía”. Por eso este hartazgo, porque sacrifican nuestros campos, nuestros ríos y montes para producir para otras comunidades y países sin recibir a cambio más que las migajas, pagando un precio demasiado alto. La producción de energía no ha hecho más rica a Extremadura.

El siglo pasado remató a una región ya castigada: productora de alimentos, productora de energía, productora de mano de obra para otras regiones. Una colonia en el siglo XXI con sus caciques haciendo negocios con recursos que son públicos, únicos e insustituibles, necesarios para afrontar los cambios, intemporales.

Y sin embargo los mediadores (intermediarios suena más al caso porque alude a los medios de un plan, no a un acuerdo entre partes en conflicto) recorren Extremadura de arriba abajo, acelerando su coche grande para visitar otro despacho: cafés entre “amigos”, promesas de trabajo para familiares cercanos, incentivos para el consumo, buenos sueldos, apunte, “aún más puestos de trabajo”.

Flotas de coches devorando kilómetros entre plantas fotovoltaicas, nuevas líneas de media y alta tensión que compiten entre sí por un espacio de cielo como sus empresas en el IBEX35, maquinaria pesada de alto consumo y dinamita, agua en cantidades industriales para los relaves, escombreras perpetuas de metales pesados junto a los cauces, desplazamiento de comunidades, enfermedades diversas generadas de manera deliberada: la traición ecológica se consuma implacable sobre los más desfavorecidos, quienes dependemos de los recursos cuyos proyectos escritos en verde sobre papel reciclado sacrifican: “Por no tener no tenéis ni un tren digno. Qué osáis pedir entonces”.

El Nuevo Pacto Verde, la Economía Circular 2030, el extractivismo verde, los polígonos industriales de energías renovables de cientos de hectáreas de hábitats pseudoesteparios y especies ya en vías de desaparición, los proyectos eólicos cuya única planificación es la disección para causar menos revuelo, escrito por los mismos autores, a costa de lo que haga falta, como siempre han hecho. “Maldita ciudadanía informada que desvela nuestros macabros planes”.

Ya basta. Es que la emergencia climática obliga a parar y reflexionar, a elaborar un nuevo modelo en el que participemos todas, que parta de las comunidades locales y se expanda y comparta consensuado. Porque no hay minerales para tantos planes, lo dicen los estudios. No hay capacidad material para mantener este sistema que pretenden prorrogar. Las comunidades vivas, los ecosistemas, no soportan más presión y ya sufren un desequilibrio de consecuencias indeseadas y dimensiones desconocidas.

La política de gobiernos y empresas insiste en la extracción de la manera barata conocida y la generación inacabable de residuos antes que en la investigación en el reciclaje y la reutilización, oportunidad existente, pues los Planes de Recuperación contemplan inversiones para una implementación real del reciclaje y reutilización, donde además prima la mano de obra. Pero en lugar de ello, prefieren invertir fondos en la ingeniería social, en la manipulación y la extorsión para conseguir la licencia social de la que presumir en sus redes con el camino allanado. No en nuestro nombre, no contarán con la Licencia Social.

Su única propuesta de reutilización es que las zonas de sacrificio creadas con la extracción sean después un inmenso vertedero. La lógica de su economía solo quiere ganar más, no cumplir los objetivos de desarrollo sostenible. Se desprecia tanto la cultura ancestral de nuestros mayores, existe tanto desarraigo, que hoy nadie quiere pensar en reutilizar ni reciclar y así, cosificados también, nos convertimos en comunidades de usar y tirar, mano de obra que desplazar.

Necesitamos reestructurar esta máquina devoradora de recursos y cultura. Necesitamos parar a estos políticos que incluso promueven el incumplimiento y modificación a la carta de leyes y normas. Necesitamos replantear dónde ponemos nuestros ahorros, nuestras inversiones, poner nombre a los bancos y fondos de inversión que permiten y exigen que la excavadora continúe su camino. Cada pequeño gesto cuenta, cada persona que cambie a un banco más humano y respetuoso supone otro rayo de esperanza.

Necesitamos una relocalización basada en un uso adecuado del territorio: para producir alimentos sanos, electricidad con una adecuada gestión a través de comunidades energéticas, consumo de cercanía, compra pública, cadenas de valor justas.

La alianza con el territorio es una alianza con el planeta, con legar a nuestras generaciones futuras un planeta habitable basado en la economía circular y en la igualdad de oportunidades para satisfacer nuestras necesidades vitales.

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