Esperando a los bárbaros

A la escucha En Convocatoria por Andalucía no se le preguntaba a nadie de dónde venía sino a dónde iba y la articulación política no era un simple entramado por arriba

Felipe Alcaraz Masats 30/12/2021

Desde la premisa de que todas/os vamos a ser escuchados, y me lo creo, voy a permitirme el lujo de dar mi opinión. Por cierto, una opinión que se forjó entre muchos, hace ya años, cuando construimos, a partir de 1984, Convocatoria por Andalucía. De esa forja alternativa y participada voy a hablar.

La primera señal de la respuesta que dimos se produce el 28F de 1984, en una plaza de San Francisco en Sevilla repleta de gente. En el mitin que organizamos, Julio Anguita y un servidor lanzamos la propuesta de que entre todos podríamos (el eslogan de las primeras elecciones autonómicas en 1982 había sido Juntos podemos) dar una alternativa a las políticas felipistas y neoliberales y a la circularidad viciosa del bipartidismo reinante.

Respondíamos desde el fracaso electoral y desde el anuncio, por parte del pensamiento oficial publicado (el PSOE no quería tener nadie a su izquierda: “A la izquierda del PSOE está el abismo”, Guerra dixit), de que era el fin de la denominada izquierda transformadora, nucleada fundamentalmente por los comunistas.

Dijimos allí, aquella mañana en que se celebraba el día de Andalucía (nosotros también lo celebramos el 4D), que se trataba de articular listas comunes en torno a un programa participado que no defendiera la alternancia sino la alternativa. Y para ello nos atrevíamos a convocar a los andaluces y andaluzas, ya que solo el pueblo es capaz de salvar al pueblo. Y la historia de Andalucía era la historia de la represión, la emigración, el paro, la miseria y una economía dependiente que no permitía el desarrollo endógeno y la superación del subdesarrollo relativo que padecíamos.

Se trataba, por tanto, de un proceso de debate inicial, de la construcción de un programa de cambio, de la concepción de una articulación de partidos, organizaciones sociales y personas no adscritas, y de la plasmación electoral de candidaturas de amplio espectro.

Se hizo un debate en unas 400 agrupaciones y Julio et moi dimos ocho grandes mítines, uno por provincia, explicando la idea de la alianza necesaria e incentivando la necesidad de convocar por Andalucía. De ahí surgió un documento y la necesidad de una segunda vuelta para terminar redactando lo que se conoció como el documento de las amapolas que, para su redacción final, asumió no menos de 800 enmiendas. Se acuñó el nombre de Convocatoria por Andalucía y se puso a debate la posibilidad de un candidato con experiencia de gobierno: Julio Anguita.

Pronto se constituyeron las áreas de debate programático, que eligieron al frente a un coordinador que, junto al coordinador general, conformaron el área correspondiente. A la par, con representantes de partidos y organizaciones, representantes de las áreas y algún sindicato (CCOO), se organizó el área de presidencia, como una especie de modesto gobierno a la sombra presidido por el precandidato Julio Anguita que en su momento fue ratificado candidato por unanimidad.

El programa no era electoral sino de gobierno. Tenía vocación alternativa, no de simple alternancia sobre la base de lo posible. Trabajaba sobre la base de lo necesario pero en absoluto pretendía ser marginal. De hecho se elaboró desde una pregunta que se repetía ante cualquiera de las opciones que se adoptaron: ¿qué haríamos nosotros al empezar a gobernar desde la izquierda? Y su elaboración fue participativa y popular. En este sentido, la composición de las áreas o de las diversas asambleas programáticas no se basaba en los técnicos y especialistas sino que participaba de lleno, e interesaba mucho su opinión, la ciudadanía en general: amas de casa, parados, jóvenes, agricultores...

La articulación política no era un simple entramado por arriba. La estrategia se podía organizar y explicar de la misma manera por arriba, por en medio y por abajo, de ahí que existiera el odre común de Convocatoria por Andalucía pero también podía existir, sobre todo de cara a las municipales, convocatoria por cada uno de los pueblos que desarrollaban de forma idéntica sus propuesta con una idea reiterada: primero el programa y después las candidaturas. Teniendo en cuenta además que estaban en igualdad de condiciones los adscritos y los no adscritos a partidos. Y lo prueba el hecho de la gran cantidad de independientes que encabezaron las listas. Y no es que hubiera pocos partidos, ya que llegaron a integrarse hasta ocho formaciones: PCA, PCPA, JCA, Federación Progresista, PASOC, Octubre Socialista, CUT y Los Verdes. Es verdad que no se le preguntaba a nadie de dónde venía sino a dónde iba pero Convocatoria por Andalucía (después IU-CA y más tarde IU-CA-Los Verdes) no era un proyecto de centro sino una alianza amplia en torno a un programa alternativo y cualquier transversalidad que pudiera operarse se hacía siempre sobre el pie forzado del programa.

Esta, en resumen, era la idea y estos eran algunos detalles de su libro de instrucciones. Y parece que la apuesta no era equivocada. Si, por ejemplo, quiere utilizarse, aunque no es el único, el comprobante de las elecciones, hay que recordar que por dos veces, en pleno huracán del bipartidismo y del afán totalizante del PSOE, se estuvo en el 20% de los votos.

Publicado en el Nº 350 de la edición impresa de Mundo Obrero diciembre 2021

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