Lucha de Pases

¿Qué pasó con la indignación de los indignados? Cuánta falta hace que los indignados se vuelvan a indignar y todos los acompañemos para que los indignos dejen de mandar y nosotros de obedecer

Ángel Cappa 30/12/2021

¿Cree que estas manifestaciones servirán para algo?, le preguntaron a Eduardo Galeano. No lo sé -respondió- pero al menos ahora sirven para distinguir a los indignados de los indignos.

Fue en el 2011 y parece tan lejana la explosión espontánea de los jóvenes de entonces que no pocas veces se nos ocurre un hecho de la imaginación.

Pero no. Sucedió realmente. Y fue como un soplo de dignidad y de esperanza. Como si, de pronto, era posible la rebelión ante las injusticias. Como el resucitar de la utopía para soñar un futuro mejor.

Hubo un montón de frases que se acuñaron colectivamente y que iluminaron el camino.

Galeano recordó algunas en una página de su libro Los hijos de los días que podemos utilizar para un breve análisis que nos permita saber cómo se fue debilitando aquella esperanza y en qué se ha convertido la indignación.

Nos dijeron ¡a la puta calle! y aquí estamos. Los jóvenes de hoy y los no tan jóvenes pueden gritar, con razón, y aquí seguimos pero no reunidos.

Apaga la tele y enciende la calle. La calle está demasiado apagada y la tele demasiado encendida para dirigir nuestros pensamientos hacia donde quieren los que mandan. Los que realmente mandan, que no son los políticos como sabemos.

La llaman crisis pero es estafa. Se siguen sucediendo estafas y nos siguen diciendo que son crisis y que saldremos todos juntos. ¿Todos? ¿Juntos?

No falta dinero, sobran ladrones. Tampoco faltan los corruptos y los corruptores. De los corruptos en ocasiones se ocupa la justicia, no siempre, pero de los corruptores ni nos enteramos quienes son.

Los mercados gobiernan. Yo no los voté. Las grandes empresas que monopolizan los mercados siguen gobernando y dictando las leyes y las normas de vida. Los políticos, no todos por supuesto, callan y obedecen. Y los medios nos educan para aceptar esta anomalía como la única realidad democrática.

Ellos toman decisiones por nosotros sin nosotros. Nos dicen que es por nuestro bien. Nos dicen que nos representan. Nos dicen que ya tuvimos los diez segundos de democracia cuando votamos libremente. Nos dicen que ellos piensan por nosotros, que no nos preocupemos y que confiemos. Y nosotros aceptamos, dulcemente, ser espectadores de nuestras propias vidas. Es decir, mientras nos mean nos siguen diciendo que llueve. Como antes, como siempre.

Se alquila esclavo anónimo. Las reformas laborales (del PSOE y del PP) no se derogarán. Se “modernizarán” y se “europeizarán”. Cuando parecía que, tal cual anunciaron insistentemente, las iban a derogar, los empresarios pusieron el grito en el cielo y en la tierra.

Estoy buscando mis derechos. ¿Alguien los ha visto? Acá hay uno. Dice: tiene derecho a permanecer en silencio. Hay más y son por el estilo.

También dijeron los indignados que la llaman democracia y no lo es. En realidad es tan insuficiente que, efectivamente, parece que no lo es. Por ejemplo que tomen decisiones por nosotros sin nosotros.

Y por último si no nos dejan soñar, no les dejaremos dormir. Soñar podemos aunque con prudencia y sensatez. Tampoco es cuestión de soñar con ser feliz, con una justicia igual para todos, con una sociedad donde nadie quede afuera y con esas cosas que perturban y no dejan dormir a los que duermen sin soñar.

Cuánta falta hace, realmente, que los indignados se vuelvan a indignar y todos los acompañemos para que los indignos dejen de mandar y nosotros de obedecer. Para ayudar a que el gobierno progresista sea progresista o, para que no se ofenda nadie, más progresista, digamos.

Publicado en el Nº 350 de la edición impresa de Mundo Obrero diciembre 2021

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