La Retranca

¿Merece el Vaticano la absolución? Lavaron el dinero de la mafia, financiaron la lucha contra el comunismo, apoyaron regímenes militares de extrema derecha… Lo peor sobre determinados actos de la Iglesia probablemente no sea lo ya conocido, sino aquello que falta por conocer

Dolores de Redondo 10/01/2022

El informe presentado en octubre de 2021 por la Comisión Independiente sobre Abusos en la Iglesia Católica de Francia, ha revelado la existencia de al menos 216.000 víctimas de agresiones sexuales en el país entre 1950 y 2020. Asimismo, el informe señala que el número de víctimas aumenta hasta las 330.000 si se suman los abusos provocados por individuos que han trabajado en distintas entidades católicas. Un mes más tarde, obispos, sacerdotes, responsables de órdenes religiosas y fieles participaron en una oración colectiva de penitencia y pidieron "perdón a Dios". "El arrepentimiento es una farsa", les gritó una víctima de 75 años que nunca fue escuchada por la Iglesia en sus denuncias. La Iglesia francesa contempla la venta de patrimonio para afrontar posibles indemnizaciones y la propia comisión ha propuesto cuarenta y seis medidas para salvar la institución; algo así como la propuestas keynesianas tras la II Guerra Mundial para salvar el mismo capitalismo que había conducido al conflicto armado.

En Francia se han identificado 3.200 religiosos pederastas. Aún así, el porcentaje sería inferior al de otros países con estudios similares, como Alemania, Estados Unidos, Australia o Irlanda. En países como España existen fuertes reticencias para realizar una investigación en profundidad, a pesar de las múltiples denuncias existentes. No obstante, si existe algo claramente demostrable con los datos en la mano, es el carácter universal y estructural de los abusos sexuales a menores en la iglesia católica, la complicidad de la institución con estos hechos en todos los países y la pervivencia de las agresiones sexuales en la actualidad.

Sin embargo, las responsabilidades criminales de la jerarquía eclesiástica no se reducen únicamente a estos hechos. Atendiendo exclusivamente al último siglo, los abusos, el maltrato, la explotación, e incluso el esclavismo en sus múltiples instituciones (lavanderías, escuelas, orfanatos, hospitales, etc.) han sido una constante. Como su complicidad con el fascismo, el nazismo y las diferentes dictaduras, además de su colaboración en la fuga de nazis y sus aliados europeos a América tras el conflicto mundial. Durante la Guerra Fría, el Instituto para las Obras de Religión (IOR) y el Banco Ambrosiano crearon sociedades que lavaron el dinero de la mafia y financiaron la lucha contra el comunismo en todo el planeta, apoyando proyectos bélicos y regímenes militares de extrema derecha. Y hoy día, algunas órdenes religiosas continúan realizando operaciones financieras especulativas cuyos beneficios son destinados a inciertos destinos. De manera que lo peor sobre determinados actos de la Iglesia probablemente no sea lo ya conocido, sino aquello que falta por conocer.

El propio Estado Vaticano, como tal, es en esencia fascista. Surgió el 11 de febrero de 1929 a raíz de los Tratados de Letrán firmados entre la “santa sede” y Benito Mussolini. Estos pactos le garantizaron el status de iglesia oficial del Estado italiano, reconociendo únicamente los matrimonios católicos, eximiendo al clero del servicio militar obligatorio, restableciendo los capellanes castrenses, obligando a impartir la enseñanza de religión en todos los centros escolares o imponiendo el crucifijo en las escuelas y en los tribunales de justicia, entre otros muchos privilegios. Exactamente igual que lo acordado con Franco en España. Los acuerdos de Letrán fueron reformados en 1984, pero la pervivencia del Vaticano como Estado independiente continúa.

Pese a sus acciones, a la Iglesia siempre le queda el recurso del perdón. A través del sacramento de la penitencia, está facultada para conceder la amnistía de los pecados en nombre de dios. Es decir, cuenta con la posibilidad de perdonar indefinidamente, incluso a sí misma, aunque sus pecados sean delitos execrables, repugnantes y repulsivos. Por eso el perdón de la Iglesia es garantía de su impunidad vitalicia. El mejor ejemplo son los miles de sacerdotes pederastas que ejercieron como confesores de sus propias víctimas. Por todo esto y por mucho más, ¿merecen el Vaticano y su jerarquía la absolución? Ustedes verán.

— Y digo yo... ¿aquí no haría falta una Revolución?

— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

Publicado en el Nº 350 de la edición impresa de Mundo Obrero diciembre 2021

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