'El desaparecedor' y 'El enigma del Moldava', dos novelas para divertirse y reflexionar

Francisco José Segovia Ramos 17/01/2022

Tras mi última novela, Cuatro días de julio, en la que narraba la heroica resistencia del pueblo de Granada contra los golpistas fascistas en el año 1936, dos obras más han salido o van a ser publicadas en próximas fechas. Hablo de El Desaparecedor (Entrelíneas Editores), y El Enigma del Moldava (Editorial SG).

El Desaparecedor, novela corta que se acaba de publicar, es una distopía que se desarrolla en un mundo ficticio aunque no muy distante en las formas de pensar y actuar del que vivimos. Con un estilo cercano e influenciado por el gran autor polaco Stanislaw Lem, es una novela con un alto grado de crítica que se barniza con un humor directo en ocasiones, irónico en otras, que no pretende dejar a nadie indiferente. Es una historia sobre cómo las mejores intenciones pueden llegar a pervertirse y transformarse en las peores pesadillas. Y esto puede valer tanto a un objeto material como a una religión o a una ideología porque, en definitiva, tras las objetividades del mundo real se esconden las subjetividades y miserias del ser humano.

El Enigma del Moldava, una novela que se publicará en febrero de este año, puede ser considerada una fantasía histórica ya que contiene elementos fantásticos dentro de una trama histórica muy fundamentada. En este caso, los protagonistas se mueven entre la Praga ocupada por los nazis, la bella ciudad de Dresde y el Berlín bajo la sombra ominosa de Hitler y sus adláteres. Un grupo de científicos, de estudiosos, liderados por militares sin escrúpulos, intentará descubrir entre unas ruinas en las orillas del Moldava el arma con la que el III Reich podría ganar la guerra. Pero no les resultará fácil, y las conspiraciones y contra conspiraciones tejerán una red espesa que amenazará con ahogar a los que caigan en ella. Y todo en un mundo devastado por la guerra, por las ambiciones fascistas y la lucha de los aliados por recuperar las libertades. Una lucha, en definitiva, entre el ansia del saber y la soberbia del poder.

Lejos quedan estas obras, por supuesto, de Cuatro días de julio, pero como autor no puedo menos que recomendarlas, ya sea por su aviso a navegantes sobre las consecuencias de nuestros actos o como recordatorio de hasta dónde puede llegar la ambición desmedida.

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