Fútbol profesional, fútbol podrido

André Abeledo Fernández 18/01/2022

Se han cargado el fútbol, convirtiendo un juego, un deporte, en un simple, vulgar y sucio negocio.

El fútbol es el juego de la clase trabajadora y también era el juego de todos, desde el barrio más humilde hasta los pueblos, pasando por los cerros y las favelas, el fútbol es para muchos casi una religión, una forma de vivir y hasta de sentir.

Con la supercopa en Arabia Saudí y el mundial en Qatar, el fútbol profesional da un paso más hacia la vergüenza, deja de ser definitivamente un deporte y también se intenta robar el juego al pueblo para ponerlo al servicio de sátrapas y multimillonarios sin escrúpulos.

Maradona es para mí y para muchos el futbolista más grande de la historia, el mago del balón, la mano de Dios. Dijo que "la pelota no se mancha" y tenía razón: la pelota seguirá siendo de todas y todos.

Maradona era el hijo de un barrio pobre con pocos estudios y a pesar de todo el fútbol lo convirtió en leyenda.

“Un villero con mucha guita pero con conciencia de clase. Un Dios errante, sucio y pecador. El más humano de los dioses.” Así lo describe Eduardo Galeano.

Maradona o Garrincha, dioses caídos, ídolos del pueblo, hijos de barrios pobres, a pesar de los errores que pudieran haber cometido en su vida personal eran fútbol y magia en estado puro.

Maradona ya dijo aquello: «Me arrepiento del 99% de las cosas que hice en la vida. Sin embargo, el otro 1% (que es el fútbol) compensa todo lo demás».

Pero el fútbol profesional se está hundiendo en la mierda con las vergonzosas decisiones de sus impresentables dirigentes.

Jugar la supercopa en una dictadura brutal y genocida como la de Arabia Saudí o el mundial en Qatar, sobre los cadáveres de las trabajadoras y los trabajadores mientras construían los estadios de fútbol en condiciones infrahumanas, es la demostración de la degradación del fútbol profesional y de la degeneración de sus dirigentes.

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