Pan o Plomo

España vuelve a jugar el papel que le asignó el franquismo La paz necesita nuevos liderazgos en un mundo multipolar

Antonio Romero Ruiz. (*) 23/01/2022

España vuelve a jugar el papel que le asignó el franquismo. Rusia es culpable y a renglón seguido Pedro Sánchez y Margarita Robles envían a la División Azul.

Venimos oyendo en las últimas semanas tambores de guerra. Los Estados Unidos han dado pasos en la ampliación de la OTAN hasta las fronteras rusas. Iniciando el despliegue de misiles balísticos, portadores de cabezas nucleares, y poniendo a tiro de piedra las ciudades rusas desde Ucrania. Se reproduce la crisis de los misiles de 1962. La Unión Soviética en plena Guerra Fría instaló en Cuba misiles que dejaban en el punto de mira a doscientas millas la frontera de los Estados Unidos. Los aviones espías norteamericanos comprobaron la construcción en Cuba de las lanzaderas de los misiles soviéticos. Los Estados Unidos se movilizaron dando un ultimátum a Moscú al tiempo que su flota de guerra llenaba el mar Caribe. La entonces gran potencia enseñó los dientes e hizo saber al Kremlin que no toleraría que le apuntaran misiles con ojivas nucleares desde el otro lado de las costas de Florida. Se iniciaron negociaciones que terminaron con la retirada de los misiles de la isla, con la garantía de no invadir a Cuba que había iniciado en 1959 un proceso revolucionario con la llegada de los barbudos a La Habana. El mundo respiró más tranquilo, el movimiento de ajedrez de la guerra terminó en tablas, evitando el estallido de una guerra nuclear. Los Estados Unidos dejaron claro que no tolerarían bases militares soviéticas al lado de sus fronteras, lo mismo que plantea Putin ahora.

Defensa con liderazgo político europeo

Rusia en su nueva etapa no es la provocadora, no ha sido el Kremlin quien ha decidido desplegar bases militares en Venezuela, Cuba o México. Han sido los Estados Unidos, inmersos en una crisis y una decadencia propia de los grandes Imperios como el romano. Tras perder el liderazgo tecnológico y moral con el asalto al Capitolio, han decidido provocar a Rusia llenando sus fronteras de bases militares de la OTAN y del Pentágono. Los Estados Unidos dan signos de ser un país ingobernable que plantea movimientos de nuevo imperio, intentando recuperar la hegemonía perdida.

En esta nueva partida de ajedrez, hay un nuevo tablero y nuevas fichas. Rusia ha reclamado ser heredera del imperio soviético y lo ha demostrado desplegando en la frontera ucraniana y bielorrusa 200.000 militares. Lanzando el mensaje de que no va a tolerar que sus ciudades queden a merced de los misiles de la OTAN y del Pentágono. Y aquí, como al toque de trompeta, nuestro país se ha ofrecido para ser el socio preferente de los yanquis. Cuando el balance ha sido derrota tras derrota en todas las guerras provocadas en base a bulos y mentiras, la última la de Afganistán donde hemos pasado de la misión libertad duradera a que el último apague la luz.

Europa no está tratando este grave asunto como un tema de seguridad europea y parece que no se han dado cuenta de que ya no existen la Unión Soviética ni el Pacto de Varsovia. La humanidad debería estar caminando hace años por el desarme, la disolución de la OTAN y el no seguidismo de gente con cuernos asaltando el Capitolio. Europa como palmeros de los estadounidenses, a los que está dejando en esta crisis el liderazgo militar, político, diplomático y económico, sin explorar el papel autónomo y la defensa de un espacio europeo con liderazgo político propio.

A efectos domésticos, no mandando hasta la cabra de la legión en ayuda del nuevo- viejo imperio occidental. Los esfuerzos diplomáticos deben abrirse camino y evitar una guerra en suelo europeo, a la vez que debemos exigir a la Comunidad Internacional que la era de la globalización no se vuelva a construir con bloques del pasado y con la hegemonía de grandes potencias.

La paz, el desarme y las relaciones entre los pueblos demandan liderazgos nuevos en un mundo multipolar

(*) Presidente de Honor del PCA / Ex parlamentario de IU / Coordinador de la Red de Municipios por la III República

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