Lucha de Pases

¿Se puede cuestionar el capitalismo? Los neofascistas no tienen problemas en asumirse como son. En cambio, cierta izquierda evita autodefinirse anticapitalista, como si no quisieran molestar a los que mandan

Ángel Cappa 17/02/2022

“El capitalismo no se discute”
Alberto Fernández, presidente argentino.


Todos sabemos que el capitalismo es un sistema económico profundamente injusto y un modo de vida que pone al dinero como prioridad absoluta, restándole valor a la vida humana y a la del planeta.

No nos hace falta, en la izquierda, recurrir a los innumerables datos que demuestran la crueldad del capitalismo y su inescrupulosa destrucción de los valores democráticos que permiten una convivencia solidaria y más humana.

La derecha, hoy diríamos el neofascismo que se ha introducido en casi todo el mundo, también conoce los atropellos del capitalismo. Solo que no los considera injustos. Más bien los toma como una consecuencia lógica, ya que entiende la sociedad como una disputa, una competencia, donde los “mejores” le ganan a los “perdedores”. Algo así como una cuestión de la naturaleza humana. Tal vez esta idea venga de Aristóteles, para quien la naturaleza hacía a la clase dominante (la mente) más inteligente y a los dominados (el cuerpo) fuertes y musculosos para hacer “las tareas penosas de la sociedad”. La mente domina al cuerpo, sería el resumen, lo cual es coherente con la naturaleza, según el filósofo griego.

En tiempos no muy lejanos, no era posible concebir a una izquierda que no sea anticapitalista y que no proponga el socialismo como objetivo.

Recuerdo una entrevista que una periodista le estaba haciendo a Julio Anguita, no hace mucho, donde la periodista, hablando de la izquierda, mencionó al PSOE. Anguita, educado y ceremonioso como solía ser, la interrumpió: “Un momento - dijo Anguita- si vamos a hablar en serio, no diga, por favor, que el PSOE es de izquierdas”.

Me pregunto qué habrá ocurrido para que ahora, y no solo en España, la izquierda (salvo excepciones) se haya integrado en el capitalismo como un partido más del sistema. Y no hablo del PSOE por supuesto, sin cuestionarlo, sin tratar de superarlo para la construcción de una sociedad realmente democrática y justa. Limitándose a tratar de conseguir algunos alivios para las clases populares, que siempre vienen bien, desde ya, pero que finalmente sirven para maquillar las injusticias y disimular el desastre ecológico a que nos lleva este sistema con su delirante modo de producir y consumir.

¿Qué habrá ocurrido para que muchos partidos de izquierda hayan sido asimilados de tal manera y también ellos tomen decisiones por nosotros, sin nosotros, como bien acusaban los indignados del 15M a todos los políticos?

¿Qué habrá ocurrido para que los partidos de izquierda (no todos, claro) y por supuesto no hablo del PSOE, insisto, no se empeñen en movilizar a la clase trabajadora para respaldar las mejoras imprescindibles y terminen desmintiendo, en los hechos, sus promesas ilusionantes?

Los neofascistas, que se dicen anti-sistema cuando en realidad son el brazo armado, ideológicamente, de la esencia misma del sistema, no tienen problema en asumirse como son, neofascistas o neofranquistas, como se quiera, es lo mismo.

En cambio desde cierta izquierda se evita cuidadosamente cuestionar el capitalismo. Autodefinirse anticapitalistas. Da la impresión de no querer molestar a los que mandan, de no perturbarlos demasiado. Se suele argumentar que en este momento la relación de fuerzas no permite ir más allá de tibias reivindicaciones y que algo es algo y que, cuidado, porque viene la derecha.

¿No es favorecer a la derecha no hacer política verdaderamente de izquierda? ¿No es favorecer a la derecha contribuir a la desmovilización de los trabajadores? ¿Cómo, si no, se fortalecen nuestras fuerzas para que la relación nos sea favorable?

No se trata de pedir que mañana se proclame la patria socialista ni de despreciar los alivios que se puedan ir consiguiendo. Pero tampoco, creo yo, de transformarse en el PSOE y ser un instrumento más del sistema, un maquillador del capitalismo.

Publicado en el Nº 352 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2022

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