Documentos para un centenario PCE 1921-2021Por la ruptura democrática. Editorial de Nuestra Bandera (enero de 1976)

Francisco Erice. Fundación de Investigaciones Marxistas 22/02/2022

Presentación del documento nº 61.

En la primera mitad de 1976 se juega quizás la gran batalla de la Transición, al menos la que va a marcar la tónica del proceso posterior y gran parte de las polémicas e interpretaciones al respecto. En cierto modo, el combate se saldaba, para la principal fuerza del antifranquismo, con una victoria, una derrota y el replanteamiento a fondo del esquema táctico que había ido elaborando desde dos décadas antes (la “democracia política y social” como objetivo casi inmediato, el cambio político acompañado de cambios sociales progresivos, etc).

La derrota afectaba a la idea misma de ruptura, mientras que la victoria consistió en el desbaratamiento de los planes continuistas del gobierno Arias, heredado por Juan Carlos a la muerte de Franco. La amplia movilización popular y sobre todo obrera, sin precedentes y sin continuidad en relación a la intensidad que llegó a alcanzar en los meses iniciales del primer año tras la desaparición del Caudillo, dio al traste con los planes de un “Franquismo sin Franco” o de una seudodemocracia limitada albergados por algunos de los herederos del régimen anterior. Las huelgas y grandes manifestaciones de Madrid en enero, las huelgas generales locales en las semanas y meses siguientes (en el Baix Llobregat, en Sabadell, en Vitoria) llegaron a poner al gobierno contra las cuerdas, pese a la dureza de la represión. Podría decirse, simplificando la cuestión, que los obreros asesinados en Vitoria y en otros lugares por la represión del gobierno continuista hicieron inviable la seudorreforma-Arias, y la dura lucha del movimiento obrero y popular desbordó los diques de la seudo-reforma y obligó a los sucesores de la dictadura a avanzar hacia una democracia plenamente homologable con los países de nuestro entorno inmediato.

Otro factor influyente fue, seguramente, la unión de las dos alianzas opositoras en una sola, Coordinación Democrática, a finales del mes de marzo. La Junta (a través del PCE y de Comisiones) aportaba sobre todo la capacidad de movilización, y la Plataforma mayores dosis de pluralidad y de moderación, capaces de generar tranquilidad en sectores asustados por el empuje popular.

El documento al que se refiere el texto reproducido, la declaración del Comité Central de enero de 1976, se mueve todavía en la perspectiva rupturista, con su denuncia del continuismo (de un “caetanisno” a la española, en referencia al caso de Portugal) y de la represión, la constatación de la amplia poleada popular que va creando espacios de lucha y de libertad, y los avances hacia la unificación de las plataformas antifranquistas. Hay también una enfatización -que no es nueva- del carácter pacífico de las luchas y del proyecto de transición en general, y sobre todo una insistencia especialmente explícita y nada irrelevante en una oferta de futura contribución del movimiento obrero a lo que eufemísticamente se denomina “solución progresista de la crisis que tuviera en cuenta el interés general del país”; y un llamamiento a la tranquilidad ante una salida democrática que “no afectará al sistema social existente, ni a las Fuerzas Armadas, ni a los funcionarios del Estado ni, en definitiva, a la seguridad de las personas ni a ningún interés legítimo”. En todo caso, al menos un elemento sobrevive del proyecto de transición esbozado por el PCE: la ruptura democrática como necesidad, rebautizada bajo la Junta como “acción democrática nacional”.

En los meses siguientes, sin embargo, la idea de ruptura se irá diluyendo. En los análisis de la dirección del PCE, y muy particularmente de Santiago Carrillo, la movilización tenía que mantenerse como elemento de presión, pero debía ser modulada y reconducida, para evitar tanto su agotamiento como la ampliación de la política de alianzas y la aceptación o neutralización de los “poderes fácticos” a los cuales se apela para favorecer el cambio democrático. Los mismos ataques al Rey pierden su virulencia inicial, tal vez porque el monarca había hecho llegar, ya en el mes de diciembre de 1975, un recado indirecto a la dirección del PCE acerca de sus proyectos de apertura, pidiendo a cambio moderación en las críticas.

Sea o no cierto que este mensaje discretamente trasmitido por Manuel de Prado y Colón de Carvajal en nombre del Rey ejerciera cierto efecto (Carrillo alguna vez ha desdeñado su influencia), las posturas del PCE van a ir modulándose sin reconocimiento expreso de la amplitud de los cambios que se están realizando. En marzo, aparece ya la expresión “ruptura pactada” en los textos del PCE, y la creación de Coordinación Democrática consagrará la fórmula y la propuesta. En mayo se habla de “pactar” la ruptura con el Ejército, la Iglesia y los poderes económicos, lo que significaba, en cierto modo, el reconocimiento de que, en puridad, lo que hasta entonces se había considerado ruptura no tendría lugar. En definitiva, como ha señalado el dirigente comunista José Sandoval, la “ruptura pactada” no era una simple argucia, sino “la expresión de la voluntad de actuar en el campo de la reforma con el espíritu de la ruptura”, aunque -reconoce- “era también un paso atrás”. Luego se pasaría -añade Sandoval- al mero combate por la legalización. Marcelino Camacho lo reconoce con mayor crudeza y con cierta sensación agridulce en sus Memorias, publicadas unos años más tarde: se pasó de la ruptura democrática a la ruptura pactada “como sucedáneo” y luego resultó ser una “ruptura astillada”, “con un período constituyente y una Constitución, pero de la que se quedaron fuera muchos derechos de los trabajadores”.

En vísperas de la dimisión de Arias Navarro (3 de julio), el PCE seguía hablando de “negociación de la ruptura democrática” y del necesario diálogo para ello con los “poderes fácticos”. El Comité Central celebrado en Roma ese verano, del que hablaremos en el próximo documento, añadiría nuevos elementos de puesta al día de una táctica que, cada vez de forma más clara, imponía reconocer que la iniciativa había pasado claramente a manos del gobierno.

>> [PDF 11 MB] Documento Nº 61. Solo por la ruptura democrática habrá democracia en España. Editorial de Nuestra Bandera (enero de 1976)

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