Esperando a los bárbaros

No a la guerra. Otra vez y siempre En el frontispicio del programa de la izquierda alternativa siempre debe estar salir de la OTAN y el cierre inmediato y total de las bases norteamericanas: ¡OTAN NO, BASES FUERA!

Felipe Alcaraz Masats 02/03/2022

La dialéctica real desde el punto de vista de la izquierda se basa en la dicotomía sí a la guerra/no a la guerra, y frente a ella todas las demás lógicas son secundarias, decaen o son erróneas. En este asunto hay que andar muy despierto para evitar que alguien se dedique a pensar por nosotros y so capa de la “bondad informativa” nos meta en la lógica de la guerra. No se trata, por tanto, de saber con qué parte estamos; o, dicho de otro manera, a qué polo del imperialismo apoyamos. Los dos proyectos del imperialismo se oponen entre sí, a través de sus competitividades y negocios, pero no pocas veces la confrontación termina en guerra, de ahí que debamos oponernos a todas las guerras (Afganistán, Siria, Libia, Iraq), aunque aparentemente los motivos sean específicos y supuestamente justificados.

Y esto es así porque nosotros, desde la óptica de la izquierda transformadora, desde fuera, desde una alternativa radicalmente distinta, luchamos por la paz, esa paz donde se asienta la lucha de clases de los pueblos. Y por eso, ante la nueva escalada, decimos no a a la guerra, no a la OTAN. Es decir, no a los dos polos del imperialismo, sabiendo que una cosa distinta, aunque resulte involucrado, es el pueblo de Ucrania y los trabajadores de todo el mundo que, como siempre, en sangre y en condiciones de vida, pagarán las consecuencias. Decimos, por tanto, no al campo de batalla en el que pretende involucrarnos el duoimperialismo.

"La causa de la guerra está en la bipolaridad imperialista y en su aventura de repartirse el mundo. La alternativa de la izquierda no puede involucrar a su país y su gente en los intereses imperialistas. Ninguno de ellos."



La guerra de Ucrania, su ocupación por el gobierno de Putin, es la consecuencia de esta lógica bipolar, que se disputa fuentes de riqueza y áreas de influencia, y es producto de una competitividad que en un momento determinado no puede ya solucionarse en el terreno de la llamada diplomacia o, dicho de otra manera, de la nueva versión de la guerra fría, de ese terreno de juego oculto donde juegan incesantemente sus bazas los “aparatos” de dos imperialismos de matriz capitalista.

Esta lógica capitalista, que siempre será fuente de futuras guerras, es algo que no pueden reconocer; es decir, no pueden reconocer que son hijos del mismo sistema de explotación y acumulación. De ahí que en el núcleo EEUU-OTAN-UE se engañe constantemente a la gente a la hora de caracterizar la otra parte, e incluso ilustres descerebrados en nuestro país y en otros afirmen que Putin y el gobierno actual de Rusia son comunistas, cuando la verdad es que en Rusia no dejan de detener comunistas que se manifiestan contra la guerra y denuncian el expansionismo de Putin.

Desde luego, la UE participa activamente en esta lógica bipolar, traspasando límites hasta ahora no previstos y metiendo a sus distintos socios en una nueva carrera armamentista de grandes proporciones, en la que por ahora destacan las gigantescas proporciones previstas por Alemania. Una UE que ha apoyado la expansión de la OTAN y su acercamiento progresivo a Rusia, promoviendo el establecimiento de nuevas bases de EEUU y de la OTAN, y el reforzamiento de las ya existentes.

Todo lo cual indica a las claras que para nada ha envejecido el grito, jubilado por sectores posmodernos y biempensantes, de OTAN NO, BASES FUERA.

La alternativa de la izquierda española en absoluto consiste en involucrar al país y sus gentes en los intereses imperialistas de uno de los dos polos, en este caso el comandado por los EEUU, que también tiene en la guerra su categoría nodal. La respuesta solo puede ser no a la guerra en este choque entre imperialistas, de ahí que en el frontispicio del programa de la izquierda transformadora siempre debe figurar la necesidad de salir de la OTAN y de que se cierren de forma inmediata y total las bases norteamericanas.

Ha repetido el señor Borrell, a la sazón representante de la UE para los asuntos exteriores, que el coste de la guerra será altísimo y que cualquier medida comercial, financiera o económica que se adopte contra Rusia, rebotará de forma automática en la otra parte (UE y España), pero que es preciso acostumbrarse a la idea de que hay que pagar un alto precio en defensa de la libertad. Desde luego, a la hora de hablar de “libertad”, esa clave de bóveda del pensamiento burgués, que siempre ha sabido manipular en su propio beneficio, no está hablando de la libertad de los trabajadores y las capas populares, de sus condiciones de vida y de trabajo. La guerra es siempre una política contra los trabajadores y los pueblos, y la causa misma de ella, en los momentos actuales, está en la bipolaridad imperialista que, con permiso de China (ya veremos), se ha embarcado en la aventura funesta de repartirse el mundo.

Por eso defiendo la actualidad de nuestros gritos clásicos, quizás hoy más congruentes que nunca: No a la Guerra, OTAN no. Y por eso, desde luego: OTAN NO, BASES FUERA.

Publicado en el Nº 353 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2022

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