La salud mental, incompatible con el capitalismo Las mujeres y los jóvenes son los más afectados por la depresión, la precariedad y los roles de género

Lucía Herrera 16/03/2022

En el día Mundial contra la Depresión, el pasado 13 de enero, España contaba en 2020 - según datos del INE - con 2,1 millones de personas sufriendo algún tipo de cuadro depresivo, y 230.000 personas diagnosticadas con un cuadro grave. Esas son únicamente cifras respecto a la depresión, sin contar la ansiedad, el estrés y otros cuadros mentales.

La depresión ha dejado en España cifras alarmantes. En los casos más agudos, puede llevar al suicidio. El desmantelamiento de la sanidad pública y su constante privatización hace que sea casi imposible acceder a un servicio de salud público de calidad, con esperas de meses para una cita en psicología o el abuso de fármacos como ansiolíticos, ante la imposibilidad del acceso a la terapia.

El deterioro y la falta de recursos en la sanidad pública, que continúa ahogada y saturada tras la pandemia, ha convertido la salud mental en un “bien de lujo”, accesible sólo para quienes pueden pagar las consultas en centros privados. O meses de espera en la pública, o abandono para la clase trabajadora ante la ansiedad, la depresión y otros trastornos psicológicos. En comunidades como Cantabria, Illes Balears o Murcia hay entre 60 y 70 días de espera para la atención psicológica.

Unidas Podemos logró el apoyo de PSOE, ERC, EH Bildu, Ciudadanos y Más País para iniciar la tramitación de la que sería la primera ley de salud mental, que pretende reforzar la atención pública y realizar planes para la prevención del suicidio.

Sin embargo, si analizamos las principales causas del problema, para “prevenir antes que curar”, descubrimos que es la clase trabajadora, mujeres y jóvenes, la población más afectada por esta “pandemia silenciosa”. Según los datos del CIS, el porcentaje de personas de clase trabajadora (32,7%) que se han sentido decaídas, deprimidas o sin esperanza durante la pandemia, duplica al de aquellas que se identifican con la clase alta (17,1%). Respecto al aumento de psicofármacos, en clases trabajadoras aumenta hasta el 9,8% frente al 3,6% de las clases ricas.

Las penosas condiciones de trabajo, los contratos temporales o la imposibilidad de disfrutar de una vida digna por falta de acceso a los recursos más básicos, características del sistema capitalista, hacen que para la clase trabajadora sea imposible disfrutar de una buena salud mental.

Otro de los sectores de la población que sufren más los efectos de la depresión son las mujeres. Según el Instituto Nacional de estadística (INE), “la prevalencia de la depresión en mujeres duplica a la de hombres (7,1% frente a 3,5%), y los casos con severidad grave en mujeres más que triplican los que se dan en hombres: por cada caso grave en hombres hay 3,5 que son mujeres”. La asunción de las tareas de cuidados, provocadas por el patriarcado, hace duplica la carga sobre sus hombros.

Los roles de género son también culpables de la deteriorada salud mental de las mujeres, ya que su manifestación clínica y cómo lo gestiona cada paciente viene determinado por el género, aunque es cierto que pueden influir variables biológicas como cambios hormonales.

El tercer grupo de mayor impacto es la juventud. “Las personas de 18 a 34 años son las que han frecuentado más los servicios de salud mental, han tenido más ataques de ansiedad, más síntomas de tristeza y han sido las personas que más han modificado su vida habitual debido a esta situación”, informa la Confederación de Salud Mental España. Frente a esta problemática, la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE) lanzó en 2021 una campaña enfocada en la salud mental, con un mensaje muy directo: “demasiado jóvenes para ser tan infelices”. Guillermo Úcar, Secretario General de la UJCE, explica que muchos de los problemas psicológicos “ya existían previamente pero el aislamiento ha condicionado que salgan más a flote, y ha permitido evidenciarlos como un problema de la juventud”. El objetivo de la campaña “es evidenciar un problema que tiene que ver con el modo de vida que tenemos en especial la juventud trabajadora”.

Para Úcar, el deterioro exponencial de la salud mental en jóvenes viene de la crisis de 2008, donde existió un choque real entre las expectativas de lo que se había prometido y la realidad de vivir bajo el capitalismo. “A mucha juventud se nos había prometido que estudiando, que creciendo personalmente lo podías conseguir todo, con el falso mito de la meritocracia. Al final lo que nos hemos encontrado es que realmente estamos viviendo peor que años atrás”, dice Úcar.

Para la UJCE la solución pasa por “dar solución a la problemática general que acarrea que la juventud se encuentre en ese choque de expectativas que le provoca las enfermedades de salud mental”, donde “lo principal es organizarse”. Para la organización, se debe acabar con la “estigmatización social que genera” la salud mental y cree que el origen de esa estigmatización también se debe al “control social o ideológico; cuanto menos se hable de un problema, menos evidencia hay de que existe”.

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