Contamos Contigo: Aquellos Jóvenes Comunistas

Antonio Segovia Ganivet 18/04/2022

La juventud es un campo de fuerzas al que históricamente se le ha prestado poca atención. A pesar de la abstracción del concepto de Juventud, a finales de los años sesenta y durante toda la década de los setenta, la juventud surge como sujeto histórico de cambio. Aún en contornos difusos, durante ese período amplios colectivos de jóvenes tratan de construir, de manera autónoma, una identidad que mostraba la autonomía de los cuerpos juveniles elaborando nuevas formas de vida y nuevos lenguajes. El conflicto de lo nuevo y lo viejo había polarizado el campo de lo joven, y esa conquista de la autonomía corporal se reproduce en los ámbitos sociales de los setenta como nunca antes en la historia; en el barrio, en los pueblos, en los institutos, en las organizaciones políticas de izquierda, en la música, en el cine, y en la sexualidad y el gusto.

A comienzos de los años sesenta, cuando la comunista italiana Rossana Rossanda fue enviada a España para informar de la situación de la oposición antifranquista, no encontró ni una clase trabajadora organizada ni un poder monolítico o fascista visible, encontrando una oposición menor y dispersa inmersa en un régimen camaleónico “que ni se veía” [1]. Un años más tarde la situación cambió ostensiblemente. A la presión de la movilización social, en la que la ocupación de las estructuras sindicales fue fundamental, se le suma la incorporación de un ciclo de protesta juvenil con fuertes componentes culturales y contraculturales. El aumento de la protesta se amplió significativamente recogiendo el testigo de años anteriores y de antiguas batallas culturales y políticas que se expandían socialmente con un marco interpretativo conjunto de consecución democrática a través de la movilización pública y colectiva. El sentido último de estas manifestaciones populares y políticas, era el de participar en la esfera pública con el cauce de la ocupación democrática de la calle.

Los problemas del paro, los bajos salarios y la represión se volvieron comunes para los jóvenes españoles, que alentados por los movimientos a escala mundial que protagonizan sectores estudiantiles y obreros, confirman la multiplicación de espacios de oposición contra el franquismo conjugando la existencia de un proyecto político compartido que supuso el aumento y la diversificación contestataria. El activismo juvenil cambia el clima militante ya que interiorizan colectivamente su pertenencia e identidad asociando problemas concretos a una franja de edad y de tiempo vivencial con objetivos de naturaleza política. Si en el mundo del trabajo se establece la confrontación e identificación patrón franquista contra obrero rojo, en el sector estudiantil ocurre algo parecido bajo la fórmula universidad franquista contra estudiante rojo. Los sectores juveniles populares simbolizan la confrontación generacional dentro del largo “sesentayocho”, que sacudió el mundo occidental con contestaciones vinculadas a fenómenos políticos, sociales y culturales que fueron traducidos por las jóvenes generaciones como el momento de la “subversión social”. No en vano, la declaración del Comité Central del PCE en la que se reconstituían las Juventudes Comunistas, apelaba a la juventud más dispuesta a subvertir el orden social:
“la juventud revolucionaria de nuestro país, en estos momentos de extrema gravedad para el mundo y para España, siente la imperiosa necesidad de tener su propia organización para la lucha por la paz, la democracia y el socialismo. Recogiendo estos sentimientos, el Partido comunista de España ha decidido reconstruir la unión de juventudes comunistas y llama a los jóvenes campesinos, estudiantes e intelectuales, a hacer de ella con su esfuerzo, con su audacia, con su iniciativa, una poderosa organización de masas de la juventud española” [2].

Un sector de la población, viéndose desplazada a los márgenes y a la periferia de lo social, con escasa proyección y nula pujanza económica, desarrollan su etapa juvenil en un contexto político que los ignoraba. El PCE, encuentra, organizadas dentro del ámbito laboral, su labor de zapa con la vertiente juvenil de comisiones, las Comisiones Obreras Juveniles (CCOOJJ). El sector juvenil de comisiones se posicionaba como representante de la juventud trabajadora, con unas reivindicaciones que recogían demandas propias basadas principalmente en mejoras laborales y de formación. Los representantes de las CCOOJJ recogían en 1969, con un manifiesto, las especificidades de la juventud trabajadora, con los que pretendían solucionar la tradicional brecha salarial entre jóvenes y adultos, uno de los principales anhelos y causa de profundo descontento entre la juventud obrera.

1) A trabajo igual salario igual sin distinción de sexo o edad.
2) Prohibición de contratos de trabajo a menores de 16 años.
3) Acceso a todos los jóvenes de ambos sexos aprendices y pinches a todas las categorías y reconocimiento por parte de la empresa de las categorías adquiridas en cursos y escuelas de formación profesional.
4) Reducción de la jornada de trabajo para todos los jóvenes que realicen estudios.
5) Riguroso cumplimiento de los legislado respecto a la prohibición de horas extra y trabajos en periodo de aprendizaje.
6) Abolición de la jornada nocturna para los jóvenes trabajadores menores de 21 años.
7) Hasta los 21 años 40 días de vacaciones para los jóvenes.
8) Pago del 60% del salario real para los jóvenes en periodo de servicio militar.
9) Derecho a elegir a los representantes sindicales desde que se comienza a trabajar y a ser elegidos desde los 18 años.
10) Enseñanza obligatoria hasta los 16 años y gratuita a todos los niveles.
11) Acceso de los trabajadores a la enseñanza superior.
12) Suficientes escuelas de formación profesional debidamente acondicionadas.
13) Centros recreativos y culturales en todas las grandes empresas y barriadas Obreras dirigidos por los jóvenes trabajadores .[3].

Ese mismo año, el PCE lanzó la Promoción Lenin, una campaña de reclutamiento dirigida a captar nuevos militantes que contrarrestaran los efectos de la represión y se fomentara la creación de nuevos comités sobre todo en las zonas rurales “para fortalecer al Partido para que éste pueda cumplir con éxito su histórica misión de vanguardia. Una de las tareas capitales de esta amplia campaña es la de atraer al Partido a millares de militantes…La Promoción Lenin inyectará en nuestras filas una nueva corriente de savia nueva juvenil” [4].. Sabiéndose herederos de la vertiente más revolucionaria del marxismo-leninismo, los jóvenes comunistas pretendían asignarse para sí mismos el papel de fuerza histórica en la que su vanguardia debía ser la juventud exaltando en conciencias propias y ajenas la enorme diferencia que había entre ellos y la dictadura: “luchamos por nuestra Revolución, que es la forma real de contribuir a la victoria de la Revolución Mundial, a la defensa del Socialismo, al florecimiento de la gran causa del Comunismo [5].En ese momento, los jóvenes comunistas concebían la política como una forma de hacer la revolución, en una época en la que los modelos sociales que se le ofrecían a los jóvenes habían entrado en crisis hacía tiempo.

Desde la dirección del PCE se reconocía como aspecto particularmente importante del movimiento obrero que en los últimos tiempos surgieran las CCOOJJ que, ligadas a las CCOO, pero dotadas de una autonomía efectiva, estaban consiguiendo movilizar a sectores cada vez más amplios de la juventud trabajadora. A la vez, su participación en los «comandos» -vistos como una emancipación de la lucha de masas- era la forma más eficaz de contribuir al combate general por la democracia” [6]. En un período corto de tiempo, además de fusionarse en la práctica ambas organizaciones, articulan progresivamente dinámicas propias, tal como proponía el PCE, “actuando junto al Partido, compenetrada con su política e ideología, la Unión de Juventudes Comunistas será una organización independiente, con su propio estilo de trabajo” [7]. Los comunistas convocaban a las y a los jóvenes obreros, campesinos y estudiantes, a retomar la dinámica propia de las históricas Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), con el fin de construir una organización formalmente independiente, aunque encuadrada en el partido. La función esencial consistía en transformar la creciente rebeldía juvenil antifranquista en una “Combatividad Consciente”. Su máxima expresión fueron los Comandos, pequeños grupos que se crearon a propósito para llevar a cabo acciones de “guerrilla cívica”, un mecanismo surgido durante el estado de excepción de 1969 con formas de agitación que mantuvieran la visibilidad mientras no se pudieran organizar auténticas acciones de masas.

El sector juvenil de comisiones se posicionaba como representante de la juventud trabajadora, con unas reivindicaciones que recogían demandas propias basadas principalmente en mejoras laborales y de formación. Los representantes de las CCOOJJ recogían con sus manifiestos las especificidades de la juventud trabajadora, con los que pretendían solucionar la tradicional brecha salarial entre jóvenes y adultos, uno de los principales anhelos y causa de profundo descontento entre la juventud obrera. Estos jóvenes, la mayoría comunistas, intentaron socializarse colectivamente en tanto que jóvenes en conexión con las experiencias de sus contemporáneos en otros países, alimentando su autonomía moral, política y estética en tiempos de transformación en los que “cualquier cosa podía pasar”, como diría Pau Malvido. La novedad radicaba en tener, sobre todo, plena conciencia de que se podían hacer cosas que los mayores no hacían. Eran los futuros adultos de la Democracia, y así se veían a sí mismos.


NOTAS:

1. Rossana Rossanda interpretó para ese viaje que “si alguien hablaba, no sería el pueblo”, en ROSSANDA, Rossana, La muchacha del siglo pasado, Madrid, foca, 2008, p. 277

2. https://www.mundoobrero.es/pl.php?id=11778

3. “Desarrollo y unidad de las comisiones obreras juveniles”, Fondo Movimiento Obrero, AHPCE, Caja 83, Carpeta 4/4. P.1

4. “Promoción Lenin”, Mundo Obrero, 2 de septiembre de 1969, p.5.

5. “El partido de masas que necesitamos”, Mundo Obrero, 30 de septiembre de 1970, p.4.

6. “Resolución del Comité Ejecutivo del Partido Comunista de España”, Mundo Obrero, Nº10, 24 de mayo de 1969, p.3

7. “Organizaciones juveniles”, AHPCE, Caja 153, Carpeta 4/5.

Publicado en el Nº 354 de la edición impresa de Mundo Obrero abril 2022

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