Razones de Estado siguen bloqueando la investigación. La CIA y el Mossad sabían lo que se preparaba¿Quién asesinó a Ben Barka?

Sergi Camarasa. Miembro del Consejo de Redacción de Política, la revista de Izquierda Republicana 07/05/2022

El 29 de octubre de 1965 el político socialista marroquí llegó al aeropuerto de París. Ese día había quedado para comer a las doce del mediodía en la Brasserie Lipp con Georges Figon, un misterioso personaje que se había presentado como productor, con Georges Franju, un afamado director de cine, y con Philippe Bernier, un periodista de izquierdas, con quienes tenía que ultimar los detalles de un documental dedicado a la descolonización que sería estrenado en la Primera Conferencia Tricontinental. De camino a la reunión quedó con Thami Azzemuri, un marroquí estudiante de historia en la Universidad de la Soborna, que le acompañaría hasta el restaurante. En la puerta del Lipp dos policías identificaron a Ben Barka y le introdujeron en un coche. Nunca más se ha vuelto a ver al político marroquí. A Azzemuri le dejaron marchar. De no haber sido por este error no habría existido el affaire Ben Barka.

El estratega de la revolución

Mehdi Ben Barka nació en Rabat en 1920 en el seno de una familia humilde. Brillante estudiante, fue el primer marroquí en graduarse con matrícula de honor y en 1942 el primero en licenciase en matemáticas, estudios que cursó en la Universidad de Argel. Después de la guerra fue profesor del Colegio Real de Rabat donde tuvo como alumno a Mulay Hassan, primogénito de Mohamed V y futuro Hassan II. Vinculado desde muy joven al movimiento nacionalista marroquí, su enorme capacidad de trabajo hizo que sus compañeros le llamaran la dinamo. En 1944 fue el más joven firmante del manifiesto del Istiqlal, piedra angular del nacionalismo marroquí. Sus diferencias con la administración francesa le supusieron dos condenas de prisión. En 1948 formó parte de la misión de información marroquí ante la ONU y en 1955, siendo ya considerado el político predilecto entre las clases populares marroquíes, participó en la conferencia de Aix-les-Bains en la que Francia reconoció la independencia de Marruecos.

La llegada de la independencia fue decepcionante para Ben Barka. Nombrado presidente de una Asamblea Consultiva sin poderes, denunció la corrupción del Istiqlal y desafió al poder feudal restaurado reclamando una nueva constitución social y progresista. En 1959 fue uno de los fundadores la Unión Nacional de Fuerzas Populares (UNFP), de inspiración socialista. Aunque reafirmó su lealtad al soberano fue condenado a muerte por las fuerzas reaccionarias y se vio obligado a exiliarse por primera vez. En 1961, con la muerte de Mohamed V y el acceso al trono de Hassan II, regresó a Marruecos donde sufrió un intento de atentado. Su victoria en las elecciones de 1963, en las que la oposición de izquierdas consiguió el 66% de los votos, desencadenó una brutal represión de las fuerzas conservadoras. Ben Barka, que se encontraba en Oriente Medio, fue condenado de nuevo a muerte y se vio obligado a exiliarse por segunda vez.

Desde su exilio en Ginebra y en El Cairo, su actividad política como líder anticolonialista se intensificó. En 1963 fue uno de los encargados de distribuir la ayuda económica del fondo de solidaridad creado por la URRS y por China para promover la independencia de los países de África y de Asia y en 1965 fue nombrado presidente del comité preparatorio de la Primera Conferencia Tricontinental que se celebraría en La Habana en enero de 1966. Si Patrice Lumumba era un símbolo de la independencia nacional, Ben Barka se había convertido en el estratega de la revolución. La CIA estadounidense y el Mossad israelí estaban, por lo menos, al corriente.

Los sucesos de Casablanca de abril de 1965, en los que miles de manifestantes que protestaban bajo el lema ¡basta de mezquitas, queremos escuelas! fueron duramente reprimidos causando 2.000 muertos en dos días, precipitaron los acontecimientos en Marruecos. La monarquía, aparentemente horrorizada por el fracaso de los métodos de sus halcones de Rabat, pareció buscar un acercamiento a los partidos de izquierda. Hassan II hizo llegar un mensaje a su antiguo profesor de matemáticas: SM tiene que resolver una ecuación. Ben Barka aceptó. Las fuerzas reaccionarias, encabezadas por el siniestro ministro del interior, el general Mohamed Ufkir, enemigo personal de Ben Barka y partidario de un acercamiento a Estados Unidos, actuarían simultáneamente. De grado o por fuerza.

Las cloacas de Francia

El testimonio de Azzemuri la misma noche de la desaparición provocó un escándalo en la prensa que tuvo fuertes repercusiones internacionales que convulsionaron a Francia a dos meses de las elecciones presidenciales en las que De Gaulle se presentaba para un segundo mandato. La policía francesa y el ministro del Interior, Roger Frey, supieron muy pronto lo que había sucedido. George Figon, en realidad un ex presidiario con oscuras vinculaciones con los servicios secretos franceses, y Antoine López, jefe de escala del aeropuerto de Orly y agente colaborador del Servicio de Información Exterior y de Contraespionaje (SDECE) -conocido como la Piscina-, habían intervenido en la operación. Ambos actuaban a las órdenes de Miloud Tounzi Chtuki, agente del espionaje marroquí, quien a su vez actuaba por mandato de Ufkir. Desde meses antes Figon y el periodista Bernier habían mantenido contactos con Ben Barka con el pretexto de realizar un documental dedicado a la descolonización.

Ben Barka había sido detenido por Louis Souchon y Roger Voitot, dos agentes de la Brigada de Estupefacientes de París que conocían a López por las operaciones antidroga. Después de la detención, Ben Barka fue trasladado a la villa de George Boucheseiche, un mafioso también vinculado con los servicios secretos franceses, en Fontenay-le-Vicomte a 30 kilómetros de París.

El día 30, Ufkir y el coronel Ahmed Dlimi, jefe de la policía marroquí, llegaron a París en visita extraoficial y estuvieron en la villa de Boucheseiche donde interrogaron a Ben Barka y probablemente le asesinaron. En la madrugada del día 31 varios aviones salieron del aeropuerto de Orly bajo la atenta supervisión de López. En dos de ellos Ufkir y Dlimi abandonaron París. A pesar de que elementos del gobierno francés supieron todos los detalles pocas horas después del secuestro no se tomaron medidas inmediatas. Incluso Ufkir volvió a París el día 4 de octubre en visita oficial. Sólo después de su salida, el día 5, y por orden del juez instructor, no de la policía, se difundió orden de busca y captura de todos los implicados. Hasta el 13 de noviembre la policía guardó en secreto la información que tenía y su implicación en los hechos.

Las investigaciones revelaron que el SDECE había tenido conocimiento de los preparativos del secuestro desde meses antes. López, que pasaba amplias temporadas en Marruecos y que estaba muy bien relacionado con las autoridades del país, había informado de las intenciones de los marroquíes desde sus primeros contactos con Ufkir en mayo. La participación de Figon y de la banda del mafioso Boucheseiche sugiere la intervención en el secuestro de las conocidas como policías paralelas francesas, también conocidas como el Servicio de Acción Cívica (SAC), unas estructuras oficialmente inexistentes especializadas en toda clase de operaciones ilegales de guerra sucia, especialmente activas unos años antes en la lucha contra el FLN argelino y la OAS, cuyos integrantes eran conocidos como los barbouzes.

Figon era protegido de Pierre Lemarchand, diputado gaullista y amigo del ministro del Interior Roger Frey desde los tiempos de la lucha contra la insurgencia argelina y la OAS y supuestamente uno de los jefes del SAC. A Jacques Foccart, conocido como Monsieur Afrique, el todopoderoso secretario del Elíseo para los asuntos africanos y hombre de absoluta confianza de De Gaulle, se le atribuía la jefatura suprema de las policías paralelas.

El proceso judicial amañado

A pesar de que el aparato de seguridad francés supo todo lo ocurrido pocas horas después de la desaparición, la Audiencia Territorial de París inició un procedimiento contra autor desconocido y tardaría dos meses en reconstruir los hechos.

Durante el juicio, López declaró haber sido engañado por los marroquíes que le habían asegurado que el objetivo de la operación era propiciar una reunión de Ben Barka con importantes políticos marroquíes en territorio francés. Dado que él había informado al SDECE desde el primer momento, creyó que la operación estaba cubierta. La evidencia de que la Piscina estuvo al corriente de los preparativos obligó a procesar a Marcel le Roy Finville, el agente controlador de López en el SDECE, que tras reconocer los hechos mantuvo que en todo momento había actuado en cumplimiento de las órdenes recibidas. El general Paul Jacquier, director del SDECE, admitió ante el tribunal que conocieron la operación desde el principio y que incluso tuvieron confirmación el día de su ejecución. Pero sus alegaciones de imprecisión en los informes de López y de confusas ineficiencias administrativas bastaron a los jueces para no imputarlo. Solo una medida política, su destitución del cargo, y la reestructuración del SDECE, decretadas por De Gaulle, que había revalidado su mandato en diciembre de 1965, fueron las consecuencias de las declaraciones de Jacquier.

Por su parte Socuhon declaró que a su vez fue engañado por Lopez. Voitot, su compañero, actuó bajo sus órdenes. López le aseguró que la operación estaba cubierta por el SDECE, e incluso que el mismo Jacques Foccart “estaba en el ajo”, afirmación que hizo recorrer un escalofrío por la sala de la Audiencia de París. Durante la instrucción declaró haber recibido una llamada de Jacques Aubert, director del gabinete del ministro del Interior, en la que se daba luz verde a la operación aunque en el juicio se retractó. Las declaraciones de altos cargos del gobierno, entre ellos del primer ministro Pompidou y del ministro del Interior Frey revelaron evidentes contradicciones y falsedades pero finalmente los jueces no ampliaron las imputaciones.

Los vinculados a las policías paralelas -los intocables de De Gaulle- no comparecieron ante el tribunal. Boucheische y su banda abandonaron París el 31 de octubre con destino a Marruecos y Figon, a pesar de continuar en París, incomprensiblemente no pudo ser encontrado por la policía aunque sí por la prensa desde la que multiplicó sus provocativas declaraciones hasta que tres meses después, acosado y desesperado al comprender que no estaba cubierto por su participación en los hechos, apareció muerto, oficialmente suicidado, en un apartamento de París. Lemarchand, a pesar de que numerosos indicios le situaban en el centro de la parte francesa de la operación, negó cualquier implicación y no fue imputado.

Con el juicio visto para sentencia, Ahmed Dlimi viajó a París y compareció ante el tribunal, lo que obligó a celebrar de nuevo el juicio que en su segunda edición ya no tuvo la expectación del primero. La coartada de Dlimi, cuidadosamente construida, de su estancia en París el día de 30 de octubre fue aceptada por los jueces. El día 5 de junio de 1967, casi dos años después de la desaparición y tras haber interrogado a más de 200 testigos, el tribunal dictó sentencia. Solo tres acusados fueron condenados: Antoine López a ocho años de prisión, Louis Socuchon a siete y Mohamed Ufkir a cadena perpetua en rebeldía. Bernier, Voitot, Finville, El Mahi -un policía marroquí agregado a la embajada- y Dlimi fueron absueltos. Las obstrucciones de la administración francesa y la connivencia de los jueces sirvieron de eficaz cortafuegos. La V República, y sus secretos inconfesables, habían triunfado.

55 años después el caso sigue abierto en el Tribunal Supremo de París. El Instituto Mehdi Ben Barka-Memoria Viva y la familia del político marroquí siguen luchando para esclarecer las responsabilidades penales y políticas que envolvieron el secuestro y su desaparición. Razones de Estado siguen impidiendo la colaboración de quienes podrían arrojar luz sobre el caso. Pero más allá, el ejemplo y el sacrificio del líder anticolonialista magrebí deben seguir vivos en la memoria y en el camino de los insurgentes.

Publicado en el Nº 351 de la edición impresa de Mundo Obrero enero 2022

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