Editorial

Un frente amplio con la clase trabajadora El desborde de las expectativas, la creatividad e innovación políticas son los elementos necesarios para que una iniciativa de frente amplio pueda tomar cuerpo y desarrollarse en conexión con los actores políticos y sociales de la izquierda alternativa

Mundo Obrero Redacción 17/05/2022

Las últimas convocatorias electorales, fuera y dentro de nuestro país, han puesto sobre la mesa de nuevo el análisis y el debate acerca de lo que está en juego actualmente en el tablero político. En Castilla y León la novedad no es la victoria del bloque conservador, sino la normalización de la entrada de Vox por primera vez en un gobierno autonómico gestionando consejerías, lo que supone una vuelta de tuerca más en el avance de la extrema derecha en nuestro país, que no solo se mide en apoyo electoral sino fundamentalmente en capacidad de marcar la agenda política y determinar la disputa en términos culturales más amplios. Frente a esto, la ciudadanía castellanoleonesa no consideró que el proyecto alternativo que presentaba la izquierda para la región fuera una opción política a la que apoyar masivamente.

En Francia ya se han celebrado las elecciones presidenciales y van camino de las legislativas. En las primeras, la novedad no ha sido que en la segunda vuelta se enfrente el candidato conservador con la extrema derecha, situación que lamentablemente se ha repetido en el pasado, sino que la opción de la Francia Insumisa liderada por Jean-Luc Mélenchon se haya quedado a escasas décimas de pasar a la segunda vuelta. La profusión de candidaturas de la izquierda que no llegaron a tener opciones para la segunda vuelta ha sido uno de los motivos que han propiciado la unión de socialistas, ecologistas, comunistas e insumisos para las legislativas en torno a una “Nueva unión popular ecológica y social” (solo las fuerzas trotskistas se quedan fuera). Se consolida así una opción de izquierdas para plantear la disputa en torno a la antorcha de la oposición al gobierno del ya desgastado Macron.

Finalmente, el adelanto electoral en Andalucía, que se materializa después de casi un año de rumores sobre esta eventualidad, supone una especie de segunda vuelta de las elecciones de Castilla y León. En primer lugar, porque se repiten los pronósticos de avance electoral de Vox y práctica desaparición de Ciudadanos que hacen más que posible una salida similar en Andalucía: un gobierno de coalición del Partido Popular y Vox en un territorio en el que la transición de décadas de gobierno del PSOE hacia la hegemonía de la derecha ha sido preocupantemente tranquila. En segundo lugar, porque la izquierda se enfrenta a un escenario de disgregación de fuerzas tras la ruptura unilateral del espacio común de Adelante Andalucía por parte de los anticapitalistas. En esta tesitura, la sensación compartida es que la izquierda andaluza se enfrenta a la disyuntiva de representar el final de un ciclo político que empezó en 2014 y culminó con la entrada en el co-Gobierno de Unidas Podemos, o el inicio de uno nuevo en el que se materialice el nuevo proyecto de frente amplio liderado por Yolanda Díaz. En esta línea, aunque todavía este proyecto esté sin concretar, la candidatura “Por Andalucía”, nace con la vocación de reunir por primera vez a Izquierda Unida, Podemos, Más País, Equo, Alianza Verde e Iniciativa del Pueblo Andaluz en una única candidatura a la izquierda del PSOE, quedándose de nuevo, como pasa en Francia, las iniciativas apoyadas por los trotskistas.

En todas estas experiencias, el leit motiv que se mueve con fuerza es el de la necesidad de reimpulsar frentes amplios que puedan dar cabida a la plural y heterogénea realidad que hoy en día define a las izquierdas. Y es un leit motiv que no es desconocido para la izquierda comunista que, precisamente en nuestro país, tras cien años de historia, ha sido la columna vertebral de proyectos de unidad popular tales como el Frente Popular en la II República, la política unitaria durante la guerra, las propuestas de unidad antifranquista, el impulso de las Comisiones Obreras, la Junta Democrática, la creación de Convocatoria por Andalucía y, más tarde, de Izquierda Unida.

Estas experiencias muestran cómo la apuesta por la unidad popular y el impulso de frentes amplios no es una iniciativa netamente electoral, sino que implica a movimientos sociales más amplios. Valga como ejemplo el acto que con motivo del 1º de Mayo se celebró en Madrid reuniendo a Unai Sordo y Pepe Álvarez, secretarios generales de CC.OO. y U.G.T., Yolanda Díaz, Ministra de Trabajo y Enrique Santiago, Secretario General del Partido Comunista de España. El acto simboliza la apuesta por un frente amplio que pueda reflejar la conformación de un bloque político y social de la izquierda alternativa en nuestro país. Y lo hace en un momento en el que, como en los años 30, cuando tanto el PCE como la Internacional Comunista impulsaron la unidad popular antifascista, se hace urgente la unidad para combatir el avance de las posiciones de extrema derecha.

Si algo tiene que definir una política de convergencia real y honesta es que se sabe cómo empieza, pero no cómo acaba. El desborde de las expectativas, la creatividad y la innovación políticas son los elementos necesarios para que una iniciativa de frente amplio pueda tomar cuerpo y desarrollarse en conexión con los actores políticos y sociales de la izquierda alternativa. Para garantizar que esto ocurra, lo fundamental es que se pongan en marcha espacios democráticos de participación, coordinación y rendición de cuentas en los que poder planificar la hoja de ruta compartida y dirimir los posibles conflictos o contradicciones habituales en todo proceso de deliberación democrático.

Publicado en el Nº 355 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2022

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