XXI CONGRESO DEL PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑAExtracto del documento de Tesis Políticas y de la Enmienda a la totalidad de dichas Tesis

Mundo Obrero Redacción 05/06/2022

UN PARTIDO DEL TRABAJO, FEMINISTA Y DEL SOCIALISMO

Un partido del trabajo porque la clase trabajadora es el único colectivo que puede plasmar un proyecto de transformación radical de la sociedad.

Toda la militancia del PCE debe ser activista feminista, plantando cara a la ofensiva reaccionaria de regresión ideológica y retroceso de derechos, siendo parte de la lucha feminista anticapitalista, inclusiva e internacionalista. Nuestra propuesta feminista de clase genera propuestas transversales para despatriarcalizar en la reivindicación de un programa feminista para la construcción de una sociedad socialista.

Un partido del socialismo para la profundización de la democracia a través de una república federal que reclama todo el poder para la clase trabajadora con una organización democrática de la economía y un nuevo modelo productivo sostenible y respetuoso con el medio ambiente y al servicio de los intereses de la clase trabajadora.

REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA

En nuestro país una oligarquía política, mediática y corporativa tiene el control de las instituciones. La mayor parte de la población sufre pérdidas de derechos como consecuencia de decisiones tomadas a sus espaldas, en las que no ha tenido la oportunidad de participar ni de que su voz sea tenida en cuenta. Es la desposesión de soberanía al pueblo en favor de la acumulación de poder en escenarios donde se toman las decisiones sin mecanismos democráticos de fiscalización. En una clara degradación de un modelo de democracia representativa, una élite muy reducida acapara un control casi absoluto de la sociedad a través de su entramado político, mediático y corporativo. La forma de organización capitalista del Estado implica que los grupos del poder económico controlan, mediante diversos y sofisticados mecanismos, los poderes ejecutivo, legislativo y judicial en una democracia formal desvinculada de los intereses de las capas populares.

El capitalismo canibaliza las condiciones de vida de la clase trabajadora, impone disciplina a las instituciones públicas, transfiere riqueza de la periferia al centro y succiona valor de los hogares, las comunidades y la naturaleza.

La economía española se ha caracterizado históricamente por ocupar una posición semiperiférica en la división internacional del trabajo, debilidad que se agravó con la incorporación a la Unión Europea subordinada a la potencia estadounidense. Una UE irreformable, una construcción neoliberal que nació como instrumento de la oligarquía, las multinacionales y la gran banca, siempre dependiente del imperialismo de Estados Unidos.

Frente al pacto de los partidos del régimen y la oligarquía con el capital transnacional, debemos mantener nuestra estrategia rupturista de manera que, asumiendo que la correlación de fuerzas hoy es desfavorable, tengamos claro que solamente con la ruptura del actual marco institucional, económico y social se puede abrir el paso hacia políticas de transformación. Nuestro objetivo es trabajar para poder contraponer un proceso que desde el poder popular y la movilización de la clase trabajadora elabore un proyecto de país hacia el socialismo con una verdadera democracia participativa, política, económica y social.

El PCE reclama el control popular y democrático de las instituciones para romper los moldes de la democracia burguesa hacia una revolución democrática con transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales que den paso al socialismo.

La caracterización del PCE como un partido volcado en el conflicto implica que la potencia creativa de sus militantes se centra en la batalla social y cultural, en la construcción del movimiento político y social capaz de canalizar la movilización hacia una opción de cambio de carácter rupturista. Así adquiere sentido la subordinación de lo electoral o institucional a la estrategia de transformación social. Los cargos públicos comunistas tienen como objetivo fortalecer la movilización, la capacidad organizativa y la fuerza de choque del mundo del trabajo.

Desde el PCE entendemos que es momento de construir formas de propiedad distintas a la privada sacralizada por el dogmatismo neoliberal y apostar por un modelo de economía mixta planificada, una economía regulada en sus grandes orientaciones y que permita que la democracia entre en las empresas. El PCE quiere ir más allá del Estado del Bienestar y propone avanzar hacia un Estado que planifique democráticamente la economía en un sentido justo y sostenible.

LA PRESENCIA DEL PCE EN EL GOBIERNO de COALICIÓN NO SIGNIFICA NINGUNA RENUNCIA

El PCE ha venido defendiendo la necesidad de una estrategia rupturista que construya colectivamente otro modelo de sociedad democrática, promotora de la participación ciudadana, garantía de la soberanía popular y marco para las transformaciones de las relaciones de producción a través de un nuevo proceso constituyente. En frente se posicionan los herederos de las políticas del régimen del 78 que pretenden mantener las bases de un modelo económico al servicio de una minoría, la oligarquía capitalista, con una democracia cada vez más limitada bajo la monarquía. Nuestro proyecto republicano es una alternativa a la monarquía parlamentaria y al capitalismo neoliberal. Un Estado democrático, laico, federal, feminista y que defienda la paz y la solidaridad internacional.

La alternativa al régimen del 78 mediante la articulación de un bloque social de carácter rupturista que sea capaz de organizar un poder popular para avanzar hacia una revolución democrática en la que desde el PCE debemos incorporar el discurso de clase para conseguir las transformaciones políticas y sociales en defensa de las trabajadoras y los trabajadores.

Aunque con la actual correlación de fuerzas se hace difícil una salida rupturista, no debemos abandonar esa estrategia sino plantear una táctica adecuada que nos permita superar en buenas condiciones este momento de ofensiva reaccionaria y acumular fuerzas mediante nuestra presencia en las instituciones y en el conflicto social, manteniendo el horizonte de la ruptura.

Estar en el gobierno no es un fin en sí mismo, obedece a una correlación de fuerzas políticas y sociales. La presencia del PCE en el gobierno de coalición no significa ninguna renuncia. Es una posición que debe servir para reforzar organizativa y políticamente al movimiento obrero y al partido en la actual etapa de recomposición de fuerzas. El PCE mantiene su estrategia de ruptura democrática para un proceso constituyente que blinde los derechos y profundice en la democratización del Estado.

Nuestra participación en el gobierno resiste la presión a favor de las políticas neoliberales, contribuye decisivamente a desmontar las leyes más antisociales y autoritarias y consigue medidas reformistas para mejorar la calidad de vida del pueblo trabajador.

Tanto al inicio del mandato como en plena pandemia, siempre con las resistencias del PSOE y con la violenta oposición de la derecha y de la extrema derecha, hemos presionado para que se aplique lo pactado en el programa del gobierno de coalición.

No hay precedentes en los recursos públicos que se han desplegado para amortiguar de forma significativa el brutal impacto económico y social de la pandemia con el escudo social más importante de nuestra historia. Un cambio de tendencia fundamental en la defensa de los intereses de la clase obrera y de los sectores populares gracias a nuestro trabajo en las instituciones y con el movimiento obrero y los sindicatos. Nuestra táctica en esta etapa se basa en tener un pie en la calle y el otro en las instituciones, consiguiendo medidas de protección desde el gobierno para la clase trabajadora y organizando la movilización social para elevar la conciencia de clase desde la lucha económica a la política.

EL BLOQUE DEMOCRÁTICO CONTRA EL BLOQUE REACCIONARIO

La correlación de fuerzas no nos ha permitido tener la suficiente fuerza política, social e institucional para impulsar un proceso de ruptura en clave constituyente pero el bloque dominante tampoco ha conseguido imponer un gobierno a su medida.

Este nuevo ciclo político se caracteriza por la configuración de dos bloques: el reaccionario y el democrático.

En el reaccionario, el ascenso electoral de Vox, un partido filo fascista vinculado con otras fuerzas europeas de extrema derecha, está desplazando a toda la derecha hacia su discurso del odio contra los principios de igualdad, justicia y solidaridad. Este bloque reaccionario incluye a importantes sectores económicos, con sus brazos mediáticos, y del Estado, como la corona, el poder judicial y las fuerzas y cuerpos de seguridad, que actúan en paralelo contra la soberanía popular.
En el bloque democrático, con el gobierno de coalición y la mayoría de la moción de censura, se trata de impedir un desenlace antisocial, autoritario y patriarcal.
Debemos continuar trabajando en una coordinación lo más amplia posible de las fuerzas de izquierda. Es necesario construir un espacio de confluencia más poroso, abierto y flexible que abandone la fórmula tradicional del partido político o la mera coalición electoral.

Unidas Podemos es todavía principalmente un espacio de coordinación de una convergencia electoral. El actual espacio es insuficiente si se quiere acumular la fuerza necesaria para disputar la hegemonía al bloque dominante, por lo que se hace necesario incorporar a otras fuerzas políticas y a las personas que sin militancia están dispuestas a construir colectivamente un nuevo proyecto de país desde la ruptura democrática republicana.

Izquierda Unida sigue siendo el instrumento político a través del cual el PCE plasma y realiza su política de convergencia. Todavía no hemos conseguido superar su funcionamiento como partido político para que sea como queremos un movimiento político y social.

La Unidad Popular se construye sobre dos grandes pilares: una base programática, capaz de articular una amplia alianza en torno a una propuesta política, económica y social a favor de los intereses de la clase trabajadora, y la movilización sostenida para vincular los conflictos y las reivindicaciones sociales con un horizonte transformador.

El PCE asume un papel de impulsor y facilitador en la convergencia hacia un bloque político y social al servicio de los intereses de nuestro pueblo, aspirando así a ser un actor hegemónico dentro de los espacios políticos en los que participa.

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ENMIENDA A LA TOTALIDAD DE LAS TESIS POLÍTICAS

La formación socioeconómica mundial actual puede caracterizarse como un mundo de multipolaridad imperialista.

España puede considerarse un agente subsidiario del polo imperialista dominante.

Nuestra tarea fundamental debe ser la lucha por la salida de las estructuras imperialistas, económicas (Unión Europea) o militares (OTAN), de las que España forma parte.

RUPTURA CON LA UE Y EL EURO

La pertenencia a la Unión Europea y el sometimiento de todo el ordenamiento jurídico a las políticas de Bruselas suponen un rígido corsé para el desarrollo de cualquier proyecto político mínimamente alternativo en nuestro país. La UE integra la base del eje imperialista junto con Estados Unidos. Es básicamente oscurantista y antidemocrática, neoliberal e imperialista, orientada hacia los intereses de las clases dominantes. Cualquier intento de mínima democratización de la UE está condenado al fracaso. La única fórmula para el establecimiento pleno de una república soberana de carácter antiimperialista y antimonopolista es buscar la salida y el colapso de la Unión Europea. Es necesario trabajar en la ruptura con la UE y el euro para construir un nuevo proyecto de país.

La principal tarea del PCE en el ámbito europeo es ganar la hegemonía de su discurso. Para ello es necesario un fuerte trabajo de producción ideológica coherente. Es fundamental confrontar con los intentos de blanqueamiento de la UE como una institución progresista y popular. De producirse una postura del Partido de la Izquierda Europea favorable a una reforma de los tratados perjudicial para nuestra clase, el PCE deberá plantearse abandonar su pertenencia a este espacio.

MANIFIESTO PROGRAMA

Se han mantenido intactos los ejes centrales del régimen: la monarquía, la filiación atlántica con la OTAN, la aceptación de la UE del euro, el turismo y los servicios como modelo económico y la centralidad del sector financiero como articulador político del país.

En el gobierno de coalición, con un PSOE que continúa sometido a los intereses de los poderes económicos, nos hemos estancado en una correlación de fuerzas cada vez más desfavorable para el campo popular. El acuerdo de coalición no altera los poderes centrales del régimen. Hemos de hacer una revisión autocrítica del último periodo porque nuestro objetivo debe ser la ruptura con el régimen del 78 y la construcción de una alternativa antimonopolista y republicana que garantice los derechos de la mayoría social trabajadora.

Hemos perdido la claridad que caracteriza a los y las comunistas y nos hemos convertido en un agente más de la política parlamentaria y del circo mediático. Es necesario resituar las prioridades del PCE con un Manifiesto Programa ante los virajes y los bandazos tácticos que hemos dado. Hay que orientar el grueso de nuestro trabajo a la agitación y la intervención por la base.

Es imprescindible tener un amplio debate sobre los objetivos y escenarios posibles de la participación en el gobierno actual. Resulta necesario someter a debate y votación la prórroga de dicho acuerdo al menos en algún momento a lo largo de la legislatura.

No podemos ni debemos negar que nuestra participación en las instituciones comporta un doble beneficio para el partido: la visibilidad que proporciona y los recursos que aporta. Pero destinar la inmensa mayoría de los cuadros del PCE a actividades institucionales vacía de capacidad política y organizativa a las direcciones de los diferentes niveles del partido, especialmente cuando se confunden tareas del partido con tareas en el gobierno.

FRENTE AMPLIO

Definimos el objetivo programático del PCE para la actual fase como el de la construcción de un bloque contrahegemónico para abrir un proceso de ruptura con el régimen del 78 que, mediante la acción de masas sostenida y el desarrollo del poder popular, edifique una república de carácter antimonopolista, antiimperialista, democrática, plurinacional, feminista y ecologista como vía al socialismo.

No hemos logrado la refundación de Izquierda Unida que pretendía convertirla en el movimiento político y social que habíamos teorizado. Tampoco hemos conseguido hacer de Unidas Podemos algo más que una coalición electoral. Unidas Podemos no existe en términos de organización y militancia.

IU sigue siendo un excelente punto de apoyo para contribuir a la unidad popular y a sus expresiones electorales, una herramienta para aglutinar al conjunto de la izquierda transformadora y para conectar las luchas sociales con la lucha política e institucional.

Apostamos por un Frente Amplio con capacidad de aglutinar a los actores a la izquierda del PSOE, con el PCE como herramienta imprescindible para cualquier proceso de convergencia.

Lo que más se parece a lo que necesitamos es Izquierda Unida. Si no somos capaces de superarla con una nueva fuerza, deberemos reforzarla y ampliarla.

No es viable un PCE que forme parte de IU que a su vez forme parte de Unidas Podemos que se presenta dentro de una coalición electoral.

El patrimonio ideológico del PCE no puede someterse a los vaivenes de la coyuntura política. La coherencia ideológica y la visibilidad resultan imprescindibles para que el PCE pueda recuperar su naturaleza de referente de la clase obrera y de las capas y de los sectores populares para adquirir la condición de protagonista en la construcción del poder popular y en la articulación del bloque histórico antagonista.

Publicado en el Nº 355 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2022

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