Los dueños y la patronal del campo buscan sus propios beneficios; es la lucha de clasesQuién es quién en la patronal del campo de Extremadura Los dueños de las tierras e integrantes de la patronal del campo extremeño buscan sus propios beneficios en una lucha constante contra la clase trabajadora

Rafa González 29/06/2022

En el campo extremeño se vive una encarnizada lucha de clases. Los capitalistas buscan aumentar su dictadura para seguir desviando las riquezas que produce el campo al bolsillo de unos pocos, y la fuerza del trabajo, cada vez más explotada por este sistema cruel e inhumano, ha comenzado la batalla, como se materializó en la histórica huelga del campo del pasado 16 de junio.

Es una realidad la rebeldía organizada de los trabajadores y las trabajadoras frente a un capitalismo que busca implantar su dominio para desarrollar una sociedad basada en la explotación de unos seres humanos por otros. Pero es necesario identificar al enemigo de clase, ponerle nombre y apellidos, conocer a los parásitos que viven del sudor ajeno.

En el caso del campo extremeño, la composición es la siguiente: están los trabajadores y trabajadoras que realizan las labores agrícolas -cultivo, poda, entresaque, recolección, etc.- en la finca, y luego está el personal que trabaja en las centrales hortofrutícolas en la manipulación, envasado y comercialización de los productos. En total, son 65.000 personas las que trabajan en el campo de Extremadura.

LOS DUEÑOS DE LAS TIERRAS

Para producir en el sector agrario es necesario tener tierras. En Extremadura predomina el latifundio, que además se ha extendido, pues desde hace décadas se está produciendo un proceso de acumulación y acaparamiento de tierras. El sistema está expulsando del campo al pequeño campesinado, haciendo casi imposible que una pequeña explotación agrícola o ganadera sobreviva en la jungla de la globalización capitalista. El dato revelador lo aporta Fernando Fernández en su estudio sobre la estructura social de la propiedad de tierras en España. En Extremadura: 163 grandes fincas (de más de 1.000 hectáreas) representan el 10,24% de la tierra y poseen 4 veces más tierras que las 28.752 pequeñas fincas.

Con esta circunstancia, el grande se ha ido comiendo al pequeño, imponiendo en el campo la visión reaccionaria con la que siempre se han caracterizado los terratenientes, burgueses o señoritos. Los distintos estratos de la patronal tienen distintos intereses y es por ello que se han agrupado en torno a distintas organizaciones para defenderlos.

ASAJA, LA PATRONAL

Es el patronato con la ideología más retrograda y reaccionaria. Sus orígenes se remontan a 1989, cuando la derecha promovió la fusión de varias organizaciones agrarias para crear una gran patronal del campo. El presidente de ASAJA a nivel nacional forma parte de los órganos de la CEOE. En Extremadura, ASAJA se divide en dos: APAG Extremadura ASAJA, que opera en la provincia de Badajoz y ASAJA Extremadura, también conocida como ASAJA Cáceres pues su ámbito de actuación es dicha provincia.

Pese a tener nombre parecido son dos asociaciones diferentes que en ocasiones han ido por separado. La primera está presidida por Juan Metidieri Izquierdo, y la otra por Ángel García Blanco. Como dato reseñable, entre los dos líderes de ASAJA en la región se llevan 188.909,13 euros en ayudas de la PAC, que en pesetas resultarían más de 31 millones.

Desde su fundación, ASAJA ha representado los postulados de la derecha más rancia en el campo y el mundo rural, defendiendo los intereses de terratenientes y señoritos que, acostumbrados a ser los dueños del cortijo heredado de sus antepasados, se permiten manifestar públicamente y sin pudor su clasismo y desafiante soberbia, como hicieron este verano cuando, públicamente, esta organización apareció en los medios de comunicación proclamando, sin rubor, que no iban a abonar el salario mínimo a los trabajadores y trabajadoras del campo.

LA COAG

La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) es la primera organización profesional agraria (OPA) de ámbito estatal constituida en España en 1977. Tiene su referente histórico más remoto en las movilizaciones campesinas que se produjeron a finales de la década de los 60 y principios de los 70. En aquellos años las reivindicaciones se relacionaban fundamentalmente con los precios agrarios. Era el tiempo de las "guerras": la guerra del pimiento, la guerra del maíz, la guerra de la leche, de la patata, etc. En Extremadura, la expresión de ese movimiento fue la Unión de Campesinos Extremeños (UCE), que entre mediados de los setenta y hasta su absorción por la UPA, jugó un destacado papel en la lucha del campesinado contra las conserveras, la reconversión agraria o en la construcción del cooperativismo de segundo grado, que se articuló alrededor de ACOREX.

La experiencia asociativa que supusieron estos movimientos espontáneos sirvió para que en los últimos años del régimen anterior se crease un embrión de lo que sería, durante la transición, la configuración de la COAG. Los agricultores que participaron en aquellas protestas y reivindicaciones por los precios descubrieron su propia capacidad organizativa y la escasa o nula representatividad de las llamadas entonces "Hermandades Sindicales de Labradores y Ganaderos".

En la mesa de negociación del convenio del campo forma parte de la facción de la patronal menos beligerante. En Extremadura su implantación es escasa, como muestra el insignificante 0,55% que obtuvo en las últimas elecciones al campo. Defienden una agricultura sostenible con políticas agrarias que pongan freno al actual proceso de disminución de activos agrarios y fijen la población en el medio rural. La garantía de rentas familiares como la clave que deben contemplar los costes económicos, ecológicos y sociales de la producción y una apuesta por las cooperativas agrarias como estructuras económicas naturales.

LA UNIÓN

La Unión de Uniones de Agricultores y Ganaderos fue formada en 2008 como una escisión de la COAG. En la región se denomina La Unión de Extremadura y la cabeza visible de la asociación es Luis Cortes Isidro, conocido por la condena a cuatro años y dos meses de cárcel por los delitos continuados de administración desleal, falsedad en documento público y delito societario en el denominado 'caso del higo', por el cual se defraudó a 247 productores de higo de la comarca de Jerez de los Caballeros (Badajoz) en el cobro de las ayudas europeas de la campaña agrícola 2000-2001.

No se sientan en las mesas de negociación del convenio del campo al carecer de representación suficiente para ello, pero desde fuera agitan un lenguaje populista que los ha llevado a decir que los jornaleros y jornaleras de Extremadura cobran más que los médicos. Barbaridades aparte, su composición es el pequeño y mediano campesino, que lucha día a día por sobrevivir en sistema pensando solo para el grande.

UPA-UCE Y AFRUEX

La Unión de Pequeños Agricultores – Unión de Campesinos Extremeños (UPA-UCE) es una organización empresarial de pequeños propietarios del sector agrario y ganadero, vinculada orgánicamente a la UGT. Pretende representar a las y los pequeños productores autónomos que autogestionan sus cultivos comerciando con mayoristas o introduciéndolos en el mercado por cuenta ajena.

Junto a la COAG, es la parte de la patronal que propone un acuerdo en el convenio del campo y reconoce en parte los derechos de los trabajadores y las trabajadoras del sector agrario. Históricamente vinculada al PSOE en la región, ha sido mimada por la Junta de Extremadura, por lo que siempre ha estado situado al amparo de esta y sus intereses.

Por otro lado, la Asociación de Fruticultores de Extremadura (AFRUEX) es la patronal de las centrales hortofrutícolas de la región. Nace como consecuencia del chorro de dinero público que la Junta de Extremadura ha derramado sobre la patronal agraria, lo cual ha permitido que las centrales hortofrutícolas crezcan como champiñones en la región.

Cualquier terrateniente, por cutre que sea, ha montado su factoría. El negocio es redondo, pues la mitad de la inversión es dinero a fondo perdido de las arcas regionales y luego el resto se saca con la explotación de los trabajadores y trabajadoras, mientras el poder político de la región mira hacia otro lado.

Son los últimos llegados a la mesa de negociación del convenio colectivo del campo de Extremadura. De hecho, la razón de que no exista convenio a día de hoy es suya, pues el anterior convenio que se aprobó sin ellos fue llevado por AFRUEX al TSJEX, el cual atendió sus demandas y decidió anularlo.

Son junto con ASAJA la parte más violenta de la patronal. Ambas asociaciones comparten la visión de la Extremadura de Los Santos Inocentes, en donde ellos como propietarios de la finca y la fábrica, pueden disponer de los trabajadores y las trabajadoras a su antojo. Prueba de ello son el incumplimiento sistemático de los derechos laborales en la mayoría de las centrales hortofrutícolas asociadas a AFRUEX.

La cabeza visible de esa asociación es Natalio Caballero Fuentes, un viejo conocido que ha pasado de las filas de la clase obrera a creer que va a heredar las fincas en las que trabaja. Un tonto útil, que no por ello deja de ser un traidor a los intereses que defendió en el pasado.

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