‘Yacimiento’, de Juan Peña

Francisco Vélez Nieto 21/07/2022

YacimientoJuan PeñaEditorial La Isla de Siltolá

“La palabra de la poesía temblará siempre sobre el silencio y sólo la órbita de un ritmo podrá sostenerla” - María Zambrano

Una lucerna romana puede replantear la identidad de un mundo antiguo que, pese a todo, nunca se apagará por mucho que lo pretendan los avariciosos del dinero y corazón de madera. El peso de la historia real y del barro moldeado en la existencia humana. Todo proceso de vida, de la cultura. No olvidemos que la poesía es la madre de la filosofía, el arte de pensar. Sin la poesía a la luz de una lucerna podría ser vencida, transformada en mentira. Ahí tenemos el tiempo indomable, las vidas sacrificadas han sido y serán infinidad pero la luz de la lucerna artesanalmente creada puede considerarse la razón del universo. Sin el barro y la poesía, ‘La Ilíada’, por ejemplo, no existiría.

“Esta tierra cocida

y este metal fundido

volvieron a la luz,

La misma luz que viera

esta tierra cocida “

Desde este metal fundido, estos primeros versos ya presentan nostalgia e interrogantes. También a mi deformación profesional; me han llevado a mis quince años en Itálica, famosa patria chica de los emperadores romanos Trajano y Adriano. Allí he vivido, sin ser historiador y arqueólogo, la sucesión de fragmentos de un tiempo que vivió su ser o no ser de la personalidad y cultura de la sociedad romana en la Bética.

“Cuánto mejor las cosas aunque nosotros,

efímeros clientes, siempre decepcionantes.”

Todo por vivir volviendo al recuerdo apoyado en una visión minuciosa de la nostalgia, razón de vida de ser protagonista de un mundo al que se debe por sus señas de identidad todo el quehacer humano:

“En la palma mano tendida de mi mano iluminas al mundo”

El poeta se sumerge en el pasado, que es a la vez presente, y asume con optimismo y desencanto, solo un hijo que hacerle ver el presente por el siempre inesperado panorama opresivo, posible traidor del pasado, el coloquio del libro por los que discurre la riqueza de sus poemas meditativos, que lo llevan a abordar el compromiso consigo mismo:

“El diamante invisible

donde vive el destello

puro que fuimos.”

Todo un exigente esfuerzo porque aquello que representamos permanezca, al menos, separado de esta marea oscura del presente, como la cultural de lo perenne por sus propios valores.

“Vidas que se rompen

Por un azar infausto

que angostan y mueren

por las leyes del tiempo”

La belleza se convierte en un sentido dolor en el verso, consciente de lo que ellos han sido iluminados por ese barro acariciado de manos artesanales, hasta conseguir la justa luminosidad la lucerna de las calendas.

“Nada marchitará

estas hojas de olivo,

coronas de arcilla

en defensoras de los días

oscuras que han huido.”

Al final de la temporal batalla, el combatiente sobrevive. El compromiso de la palabra y la lucerna que nunca se apaga, lo salvan de la escombrera que domina el tiempo con el falso minutero de las mentiras y las horas.

“Nunca serás de la casa,

Pero habitas la casa.

Nunca serás tiempo

Pero estás en el tiempo.

No serás mortal pero lo sabes"

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