Valencia: calle Bluff, número 1, primero izquierda El gobierno municipal de Valencia ha decidido dar el nombre de Bluff, apodo del dibujante Carlos Gómez Carrera, a una calle de la capital del Turia

Andrés Vázquez de Sola 23/07/2022

Acusados de rebelión, armados de lápices, los pintamonas nos acercan a la cultura y, desde la cultura, a la conquista las libertades. El humor es algo que no puede tomarse a broma

A propuesta de la concejala Gloria Tello, el gobierno municipal de Valencia ha decidido dar el nombre de Bluff a una calle de la capital del Turia.

Permítase a este viejo satirista político, felicitar —en su nombre y, tal vez, en el de todos los compañeros de profesión— a Gloria Tello y al grupo municipal, por honrar a un gran maestro de la sátira política, genial caricaturista y mártir del antifascismo.

Con esta decisión, Valencia proclama que el humor no solo tiene la vocación de pintar una sonrisa en la máscara del dolor o del aburrimiento, ni los pintamonas son unos tipos cachondos que, a lo sumo, intentan arrancar una fugaz carcajada con sus gracietas en las páginas más anodinas de los periódicos, sino que, burla burlando, nos muestran la otra cara de la noticia, la aberración del pensamiento único dictado desde arriba, lo absurdo y mendaz de las medias verdades. El Ayuntamiento de Valencia pregona que los pintamonas nos acercan a la cultura y, desde la cultura, a la conquista las libertades.

“LA TRACA”, con su mal gusto, sus obscenidades y sus procacidades, sexuales y escatológicas —calificaciones que acompañaron también a Quevedo, a Rabelais, a Goya y a Teresa de Ávila entre otros y otras— gracias a artistas gráficos como Bluff, llegó a tener una tirada de 500.000 ejemplares. Lo nunca visto.

Sin embargo, los humoristas —pintamonas o voceros— frecuentemente, son silenciados, boicoteados, censurados, apresados, reos de muerte acusados de rebelión armados de lápiz, como el maestro Bluff, o asesinados, por los servicios secretos de un país vecino, como el último mártir del humor consciente y reivindicativo: el palestino Nayi Al-Ali.

Algunos neopuristas del lenguaje humorístico, censores del habla popular, reprochan a Bluff su “homofobia” al haber atacado a Franco por su probable minusvalía sexual, traducida por entonces como “mariconería”. Poner en duda la virilidad de los enemigos políticos era, por entonces, la norma. La prensa bien pensante, católica y de orden, atacaba a don Manuel Azaña con el mismo argumento.

La conciencia individual —la de los humoristas, como la de los políticos, los jueces, los médicos o las directoras de empresa— está mediatizada por la conciencia colectiva. El colmo, que no debemos olvidar, es que aún queden personas reticentes a aceptar como bueno el matrimonio entre personas del mismo sexo.

El día de hoy, ni Bluff, ni el que suscribe, hubiéramos estigmatizado a nadie por su orientación sexual ni por lo exiguo de su virilidad. Ni nos hubiéramos detenido en investigar o fantasear sobre sus sueños eróticos, ni sobre la calidad de sus genitales.

La Corporación Municipal Valenciana, ha tenido el valor de pregonar una evidencia silenciada: Que el humor es algo que no puede tomarse a broma…

Caricatura de Bluff realizada por el dibujante Andrés Vázquez de Sola

Publicado en el Nº 356 de la edición impresa de Mundo Obrero junio 2022

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