Luis Cernuda, la España que arde frente a la derrota

Francisco Vélez Nieto 26/07/2022

Un fuego furioso y envenenado asola España. Todos son opiniones contenidas, miedo a la verdad de reconocer, que los caminos que llevan a la gloria se han difuminado aquí en estos bosques en llamas. Arriba, por encima de las copas de los árboles, parece que Dios también está de vacaciones y ha dejado el gobierno de la España devota en manos de Satanás y sus acólitos, teniendo enfrente a disparadores altivos que se niegan a ser derrotados.

Si en ‘El viejo y el mar’, se palpa el grito de ‘No a la derrota’, qué lleva al recuerdo los versos de la ‘Galatea’ de Cervantes:

“primero que el valor faltó a la vida

en los cansados brazos, que, muriendo,

con ser vencidos, llevan la victoria. “

Y me viene al pelo, mientras España se calcina por los cuatro costados, la emotiva y digna actitud altiva del poeta nacido en Sevilla, Luis Cernuda, en su poema ‘¿Son todos felices?’:

“El honor de vivir con honor gloriosamente,

El patriotismo hacia la patria sin nombre,

El sacrificio, el deber de labios amarillos,

No valen un hierro devorando

Poco a poco algún cuerpo triste a causa de ellos mismos.

Abajo pues la virtud, el orden, la miseria;

Abajo todo, todo, excepto la derrota,

Derrota hasta los dientes, hasta ese espacio helado

De una cabeza abierta en dos a través de soledades,

Sabiendo nada más que vivir es estar a solas con la muerte.

Ni siquiera esperar ese pájaro con brazos de mujer,

Con voz de hombre, oscurecida deliciosamente,

Porque un pájaro, aunque sea enamorado,

no merece aguardarle, como cualquier monarca aguarda que las torres maduren hasta frutos podridos.”

Cuadro de la época de una veracidad que estremece y expone la realidad y el deseo de su soledad. Una realidad tragicómica sin fecha, es decir, que no caduca, que su actualidad es crujiente del fuego de la verdad poética, y muestra todos los dolores del incendio, pero nunca es derrotado, porque si los tiburones devoran la presa, la gloria ya la tiene quien posee la muestra con la espina.

El poeta creador confirma su propia estatura, de su concepto de ser andaluz de sombra y humos hoy, cuando Satanás y sus tiburones van dejando a la tierra en su esqueleto.

Ese es solo una huella, pues ha quedado como un recuadro de un tiempo ya desaparecido quedando en rescoldo altivo, solo las soledades de sus versos, pero no derrotado, los tiburones lo han devorado, convertido en el espejismo del compro y vendo de la mediocridad patriótica de la realidad del consumo volcán devorador de una avaricia desmedida.

Sombra hecha de luz,

que temblando repele,

es fuego con nieve

el andaluz.

Enigma al trasluz,

pues va entre gente sólo,

es amor con odio

el andaluz.

Oh hermano mío, tú.

Dios, que te crea,

será quien comprenda.

Ya algunos de los que al parecer gobiernan en la ardiente tierra, ellos empiezan a considerarse derrotados y muestran los desnudos de sus culpas, aceptan a regañadientes que no ha sido sólo Satanás el culpable, tampoco el viento enemigo, sino que la ruina, la vergüenza y el dolor de la tierra quemada parece les reprocha, aunque no hayan leído ni a Cervantes ni tampoco al autor de ‘La realidad y el Deseo’. Negados a ser los derrotados de la historia.

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Del autor/a

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