Entrevista Miguel Riera, Director de El Viejo TopoEl 'Milagro Renovado' de El Viejo Topo

Fernando Blanco 31/01/2005

No, no hay nada bíblico en el titular de la entrevista, sino la transcripción literal del encabezamiento que abre, en su página de editorial y con la firma de Miguel Riera, el número 200 de la revista. Todo un hito en una España hoy recorrida por el desinterés informativo desde los medios escritos, donde sacar adelante un medio de comunicación de izquierdas ha de sortear tantos obstáculos -sobre todo el económico-, que ya es una proeza mantenerse mes a mes con la calidad de contenidos que ofrece El Viejo Topo. Con motivo de esa efeméride, MO conversa con su director, Miguel Riera.
El editorial del número 200 lo titulas ‘Milagro Renovado’. ¿Qué has querido significar con los términos ‘milagro’ y ‘renovado’?
No se me ocurren otras palabras que “milagro renovado” para nombrar el hecho de que mes tras mes, año tras año, una revista sin plantilla de redacción, sin apenas medios económicos, aparezca puntualmente en los quioscos y con una calidad de contenidos que a mí me parece que son más que aceptables. Un mérito, claro, que corresponde exclusivamente a los colaboradores.

La primera etapa de la publicación abarca de 1976 a 1982; la segunda, a partir de 1993. ¿Qué les diferencia? ¿Qué les une?
Las une la voluntad de debatir, de no dar por nada por cerrado. De intentar proporcionar claves para entender mejor la realidad. Pero, sobre todo, el rechazo del sistema capitalista. Cuando empezamos este proyecto, hace treinta años, ya era una evidencia que este sistema, que luego daría la vuelta de tuerca del neoliberalismo, estaba precipitando a la humanidad hacia el abismo. Si queremos salvar la especie es imprescindible cambiar el modelo económico. Las diferencia el contexto; ahora la izquierda en general ya no es dogmática, la conciencia ecológica es mayor, la situación de la mujer es muy distinta, etc., y eso forzosamente se refleja en los contenidos. La primera etapa estaba en la estela de la revolución del 68; la segunda sigue la pista del movimiento contra esta globalización.

Se da el hecho de que en la primera etapa sufristeis 34 secuestros judiciales de la publicación y no reseñas ni uno sólo en la segunda, desde 1993. ¿Qué cambió?
A la Transición se le pueden reprochar muchas cosas, y algunas muy importantes. Pero es evidente que desde el punto de vista de las libertades entre 1976 y 1993 media una distancia sideral. Entonces los impulsores de un programa como el Guiñol habrían dado con los huesos en la cárcel, y ahora hasta los políticos caricaturizados dicen reírse con su muñeco… Como anécdota diré que la petición de condena más alta aconteció con la portada del número 7: una bandera republicana. Nos acusaron de atentar contra la seguridad interna del Estado.

A partir de ese año, 1993, la tirada de la publicación baja sustancialmente hasta imprimirse 16.000 ejemplares fruto del “desinflamiento general que ha afectado a la política y lo ideológico”, según tus propias palabras en el editorial. ¿Seguimos en esa tesitura y por qué?
Sí, creo que hay un desinflamiento creciente, paradójicamente cuando en la sociedad, y tras décadas de atonía, aparecen nuevos bríos. Me temo que la izquierda política o no ha sabido o no ha podido conectar con la izquierda social emergente. En Cataluña hubo un momento de cierto entusiasmo hace cinco años con la creación de Esquerra Unida i Alternativa, pero desde dentro un sector dinamitó el proyecto, y el entusiasmo ha desaparecido. El resultado es que cada vez hay más gente que se marcha a casa o que se refugia en un trabajo exclusivamente social, pasando de la política.

Tres años después, es decir, en 1996, llega el PP al poder. ¿Cómo se vivió en la redacción de la revista el declive del PSOE de Felipe González y la ascensión del PP de José María Aznar?
Más o menos como todo el mundo. En realidad la revista volvió a salir por la irritación que a algunos nos causaba el gobierno del PSOE; eran los tiempos del GAL y la corrupción. La gangrena moral que causaba aquel gobierno era más funesta que la posibilidad de la alternancia, porque destruía los valores tradicionales de la izquierda. Si González hubiera pactado de algún modo con IU en lugar de con CiU probablemente las cosas hubieran sido diferentes. A aquel gobierno socialista, neoliberal en su política económica, lo sustituyó la extrema derecha que representa Aznar, que practicó un neoliberalismo con prisas en la primera legislatura, y que se hundió en la soberbia y el delirio en la segunda. No sé que fue peor, si las brasas o el fuego.

¿Influyó el cambio de Gobierno central en la difusión de la publicación?
No. Vendemos siempre los mismos ejemplares.

¿Y ahora, que de nuevo el PSOE ha recuperado el cetro?
Bueno, con relación a la única “ayuda” que recibimos, suscripciones para bibliotecas públicas, de momento el PSOE ha mantenido con nosotros la misma discriminación a que nos sometía el PP. La verdad, no lo esperábamos, y confiamos en que el ministerio de cultura cambie esa situación.

¿Cuál es vuestra tirada actual? ¿Cuánto esfuerzo humano y material conlleva su salida mensual?
16.000 ejemplares. Tenemos 2.500 suscriptores; se exportan unos mil, y el resto se distribuye en España en quioscos y librerías. La venta total es de unos once o doce mil ejemplares, la diferencia con la tirada son devoluciones. Y carecemos de redacción, así que ya puedes imaginar que el esfuerzo es considerable.

El Viejo Topo se edita en Barcelona. ¿Es Cataluña el último reducto del país donde todavía se apuesta por publicaciones que se salen del carril comercial, y no me refiero sólo a lo político, sino también a lo musical, por ejemplo?
No creo. Ahora mismo en España hay mucha creatividad. No tanto sobre papel, por las dificultades económicas que conlleva, como en Internet. Hay magníficas revistas electrónicas de arte, de poesía, también políticas, claro. Rebelión es un buen ejemplo de lo que se puede hacer en Internet.

Además, sois editorial. ¿Qué espacio ocupa la publicación de libros dentro de El Viejo Topo?
Un espacio muy importante. Estamos publicando entre 30 y 40 títulos al año, muchos de ellos escasamente comerciales. Yo diría que en la formación ideológica existen tres niveles, todos ellos imprescindibles: el de la contrainformación, que suministra preferentemente Internet y alguna publicación sobre papel, como el mismo MO; el de la reflexión más elaborada sobre problemas y conflictos actuales, que es más propio de revistas como El Viejo Topo o Le Monde Diplomatique; y el de la formación de fondo, que sólo puede adquirirse mediante el formato libro.

A finales de este mes o principios de marzo está prevista la salida quincenal de un nuevo periódico, Diagonal, con una línea anticapitalista y ligada a los movimientos sociales. ¿Por qué cuesta tanto sacar una cabecera con ambas señas cuando, parece ser, este fenómeno va en auge?
Creo que el movimiento básicamente lee en Internet, no sobre papel. Diagonal es un proyecto excelente, muy trabajado. Hay mucho trabajo en el número que corría por la fiesta del PC. Tengo mis dudas de que sea un proyecto económicamente viable, los cual dice muy poco en favor de la izquierda de este país, tanto de la social como de la política.

En octubre se celebró el III Foro Social Europeo en Londres; a finales de enero, el V Foro Social Mundial en Porto Alegre. ¿Qué futuro auguras a este tipo de encuentros?
El modelo Foro está en fase de agotamiento. Pero creo que todo el mundo es consciente de ello, y estoy seguro de que en Porto Alegre se producirán cambios. Cambios positivos.

Y, una cuestión quizá más delicada, ¿qué futuro le aguarda, a tu juicio, a la izquierda política de este país?
¡Ay, como duele esta pregunta! Dejo de lado al PSOE, porque aunque sus bases sean en muchos casos de izquierda, sus políticas son, y serán cada vez más, de derecha. Así que, para mí, sólo hay una izquierda política real, la que representa IU, con todos sus componentes. Seguramente los dirigentes de IU han tratado de hacer las cosas lo mejor que han sabido, pero la verdad es que es difícil obtener peores resultados: una formación fracturada ideológica y territorialmente, sin un perfil claro, diría que sin un proyecto claro más allá de alianzas provisionales, con las bases desmoralizadas… El futuro lo veo bastante negro, y ojalá me equivoque.

Publicado en el Nº 161 de la edición impresa de Mundo Obrero

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