Esperando a los bárbaros

Mª Teresa León La memoria dispersa contiene algunos textos inéditos de Mª Teresa León. Está coeditado por Atrapasueños editorial y la Comisión de Cultura del PCE, con prólogo de Aitana Alberti León y epílogo escrito por mujeres comunistas.

Felipe Alcaraz Masats 17/09/2013

La memoria dispersaMaría Teresa León. Selección y prólogo de Aitana Alberti León.Atrapasueños

Le debemos tanto a María Teresa. Le debemos un soneto, un tango y hasta una sinfonía. Por lo pronto vamos a responder con la edición de un libro que contiene algunos textos inéditos, con prólogo de Aitana Alberti León y epílogo escrito por mujeres comunistas. Se trata de una coedición entre Atrapasueños editorial y la Comisión de Cultura del PCE; pero es de justicia señalar el trabajo previo realizado Joaquín Recio.

A veces las mujeres es preciso que salgan de las sombras. Siempre, mejor dicho. Y es absolutamente necesario que María Teresa ocupe su lugar histórico y literario, que ya empezó a perder hace tiempo, como dice en Memoria de la melancolía: “Ahora yo soy la cola del cometa. Él va delante. Rafael no ha perdido nunca su luz. A veces él cree que se eclipsa y se enfada con sus pensamientos… dicen que entonces saca un peine del bolsillo y se peina”.

Quizás la mejor memoria la encadenó ella, antes de que la memoria la traicionase.
Aunque nadie pudo con su aura de juventud, tal como dijo Alberti, y figura como epitafio en su tumba de Majadahonda: “Esta mañana, amor, tenemos veinte años”. Mujer de armas tomar (“Si mi pluma valiera su pistola…”), no se compadece su imagen con la que transmitió Juan Ramón cuando dijo aquello sobre personajes que deambulaban por Madrid con monos recién planchados y pistolicas de madera. No era un personaje frívolo, aunque sí exquisito muchas veces, y no era de madera el hierro que llevaba en la cintura cuando aquel dragón rojo, mejor libélula, la salvó de la España fascista. “Dicen que los románticos españoles tenían siempre preparada una pistola y una onza de oro. Nosotros llevábamos tan solo la pistola. Al aterrizar en el aeródromo militar de Orán, me señalaron la cintura: Señora, su pistola. La entregué con una pequeña melancolía, mordiéndome los labios”.

Y a partir de entonces el desarraigo, la lucha por el recuerdo y la fidelidad histórica, la tristeza de recorrer un camino interminable entre la vida (como lucha) en España y la muerte (como espera) del extraterrado, muerte que no puede ser otra cosa a veces que rabia por la derrota. “Estoy cansada de no saber dónde morirme. Esa es la mayor tristeza del emigrado… Estoy cansada de hilarme hacia la muerte. Y sin embargo, ¿tenemos derecho a morir sin concluir la historia que empezamos?”

Y el regreso lento, lleno de melancolía, a última ahora parece avivarse: la cercanía por fin de España en la etapa de Roma, donde de vez en cuando llaman a la puerta, y en aquel piso modesto del Trastévere se mezclan los vinos del pasado y del futuro, los llantos y los gritos del desgarro y, a la vez, por fin, de la alegría y la libertad. Aunque sólo recordamos a Rafael bajando las escalerillas del avión aquel día del regreso en 1977. María Teresa empieza a ser una ausencia. Y pronto, en los últimos latigazos de la luz y la memoria, María Teresa se preguntaría con León Felipe, casi en forma de despedida: “¿Y hacia dónde caeré?/ ¿Hacia dentro?/ ¿En el cero…/dentro de la nada?”

Esa es la historia. La derrota de la nada y la desmemoria. Porque ella es una militante y una escritora de muerte imposible. Y de eso va la publicación que presentaremos en la Fiesta del PCE el 21 de Septiembre. Junto a todos vosotros. Va por ti esta vez, María Teresa.

Publicado en el Nº 264 de la edición impresa de Mundo Obrero septiembre 2013

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