Presentación del callejero franquista de Madrid Con el mantenimiento del callejero franquista se trata de normalizar tanto la guerra como la posterior dictadura franquista.

Silvia Gambarte 22/09/2013

¿Cómo se sentirá viviendo en la calle General Yagüe alguien que perdió a su padre o madre en la Matanza de Badajoz? ¿Qué pensará un descendiente de cualquiera de las personas que pasaron por las manos de Vallejo-Nájera cuando ven que en Ciudad Lineal tiene una calle dedicada?

Pese a la aprobación de la Ley de Memoria Histórica en el año 2007 todavía perviven en Madrid calles, edificios e incluso monumentos que nos recuerdan la peor época de la historia reciente de nuestro país: la guerra, provocada por los golpistas, y la posterior dictadura.

Como indicó Javier Ruiz, miembro del Foro por la Memoria, "En Madrid la Ley de memoria histórica no se aplica y la simbología franquista pervive en las calles. Esa simbología, que nos hace convivir con quienes torturaron a tantos trabajadores, debe desaparecer." Actualmente, los franquistas, que nunca debieron pasar, vuelven a Madrid, "desde hace unos años se está volviendo a poner nombres de personas afines al régimen a nuestras calles"

Como quedó claro en la "Presentación del callejero franquista de Madrid", trabajo que todavía sigue vivo y que está siendo realizado por el historiador Antonio Ortiz, con el mantenimiento de estos nombres se trata de normalizar tanto la guerra como la posterior dictadura franquista.

Estas calles, o incluso barrios no son algo ajeno, nos recuerdan a quienes torturaron y asesinaron a aquellos que lucharon por la II República sino que "han pasado a formar parte de nuestra cotidianidad" indicó Daniel Morcillo, secretario general del Partido Comunista de Madrid. Más aún, nuestros lugares, los lugares de referencia de la clase trabajadora "son borrados o vallados". Por ejemplo, el monumento a los Abogados de Atocha cuando no se oculta entre vallas es convertido en un parking de motos y cada 24 de enero es pintado por quienes vilmente asesinaron a nuestros compañeros. Daniel Morcillo señaló también "la Puerta del Sol, lugar donde los trabajadores acudíamos a reivindicar nuestros derechos". El "olvido" de nuestros lugares no es frutó de la casualidad, "la memoria es un poderoso instrumento de dominación. Quien controla la memoria, controla la historia" afirmó Morcillo. "El objetivo es que normalicemos el franquismo y que de este modo, a los trabajadores no nos quede ninguna referencia, ningún espacio que podamos sentir como propio". Ahora, que se cumplen 50 años del asesinato de Julián Grimau, "ninguna calle en Madrid le recuerda.". El Ayuntamiento de Madrid que "olvida" a Grimau, dedica una calle al ministro de Franco, Manuel Fraga.

Antonio Ortiz, autor del trabajo, recordó que "más de 300 franquistas llenan el callejero madrileño." Mientras las placas que recuerda nuestros lugares y a nuestros camaradas son eliminadas o pintadas, "colocan, en un Madrid que se pretende cosmopolita, un cañón nazi de la legión Cóndor." El único recuerdo del paso por la cárcel de Torrijos del poeta Miguel Hernandez "es una pequeña placa que dice: 'Aquí escribió Miguel Hernández las famosas Nanas de la cebolla' "

Ortiz indicó que "en el año 2000 se dedicó una calle al conde de Mayalde, embajador de la España franquista en la Alemania nazi y alcalde de Madrid" Por lo que, "es esencial" según palabras de Ortiz que "para quitar los nombres de franquistas de las calles, en primer lugar se debería dejar de ponerlos"

Con este callejero se pretende que cuando citemos alguna calle sepamos a quien se trata de recordar con ella. Manifestando Antonio Ortiz, al finalizar su intervención, un deseo que es de todos: "Hay que recuperar Madrid para la clase obrera y los sectores populares"

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