La afilada punta del cálamo

La violencia Hay expertos en tocarte violentamente las partes pudendas sin moverse de un despacho o desde una tribuna, y a esos nunca se les llama violentos.

José María Alfaya 25/02/2014

Ay, Derecha: como te noto muy tensa con lo de la violencia gamonalense y como parece que no te aclaras sobre su origen, que si era de allí o de allá, de fuera o de dentro, me he tomado la libertad de preguntarle directamente a ella para que nos explicara sus orígenes y sus referencias. Para que pudieras hablar, lamentarte y escandalizarte con algo más que falsas apreciaciones.

Esta es la respuesta que he recibido: "¡Violencia! Tengo nombre de durar en el tiempo como cadencia, latencia, vivencia... y me sobran todas las palabras que suelen acompañarme: contenida, verbal, de género... porque son meros matices. Yo soy la que soy. Me pongo más dramática cuando me utilizan para adornar a otro sustantivo, por ejemplo, cuando escribimos muerte violenta, como si no fuera bastante penoso lo de morirse y el horror estuviera sólo en la forma de hacerlo.

Es curioso, también, cómo me separan de mis agentes, como los ricos decimonónicos establecían las distancias con sus matones a sueldo: A los violentos se les identifica como energúmenos exaltados pero los que cultivan la violencia pueden parecer no violentos. Pueden parecer señores, caballeros convencidos de su deber de liderar un cambio de su entorno al precio que sea y lo llaman patriotismo o entrega a una idea iluminada, pero suelen padecer oscuros complejos de clase media con ambiciones y aspiraciones a grandezas a costa de la servidumbre. Son gentes que declaran impávidos una guerra y se sienten torturados en su exquisita sensibilidad en cuanto ven a cuatro manifestantes gritones agarrados a una pancarta.

¡Estamos contra la violencia, venga de donde venga! -claman mientras señalan airadamente, casi con violento ademán, a los que califican de violentos. Y, efectivamente, están contra la violencia venga de donde venga pero sólo si viene de fuera de ellos mismos, porque la violencia interior ni se la notan, como tampoco reconocen el origen violento de sus acumulaciones de capital y de poder y la voluntad de defender su dominio recurriendo a una violencia monopolista de Estado y de clase.

O será que la violencia de los de abajo es más física y la de los de arriba sibilina o retorcida, como no puede serlo un porrazo, un pelotazo de goma en un ojo o un golpe de palo de pancarta, que de todo se reparte y en todas las direcciones cuando me llaman al arrebato. En cambio hay expertos en tocarte violentamente las partes pudendas sin moverse de un despacho o desde una tribuna, y a esos nunca se les llama violentos. Esos toman decisiones "difíciles" (parece, por el tono que usan al declararlo, que son difíciles para ellos pero no: son las que crean dificultades a los demás) o viven la Responsabilidad como una cruz (que te colocan sobre la espalda en cuanto te descuidas).

Otros hay que pretenden vincularme a algún grupo de humanos con carencias y van y dicen que la violencia es el recurso de los incompetentes. ¡Qué cachondos! La violencia es el recurso favorito de los poderosos y ellos siempre me asocian con la Impunidad. ¡Qué cínicos!: los tergiversadores me relacionan con la Brutalidad como si fuéramos hermanas gemelas, cuando sólo es mi sirvienta para casos apurados. Y hay quien pica en el engaño porque se sigue creyendo que la violencia es cosa de gente sin calidad de vida, de incivilizados, y no de los que han aprendido a moverse con soltura en las grandes superficies. Pero es que están expulsando a la gente de las grandes superficies, de la calle, de sus barrios y de sus casas y todo eso después de haberlos estado toreando con espejuelos consumistas que han durado lo que un caramelo a la puerta de un colegio. ¿Y ahora se escandalizan de que se sientan violentados y de que se violenten?

Vamos violentándonos unos a otros pero sólo unos pocos, los que tienen dinero y poder, pueden permitirse la Violencia con mayúsculas, que va más allá de la agresividad e incluso de la prepotencia, que ignora la clemencia, rima con demencia y, curiosamente, con ganancia”.

¿Te sirve para no decir más tonterías sobre Gamonal?

Publicado en el Nº 269 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2014

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