Ha muerto Armando, un gran escritor, un grandioso escritorAnte la muerte de Armando López Salinas El impresionante dominio de la narración, de los tiempos, de la sencillez elevada a categoría artística de que hace gala Armando en La mina son un ejemplo que permanecerá siempre como referencia de la literatura española.

Antonio Gallifa. Economista 28/03/2014

Ha muerto Armando, el dirigente comunista. Aceptaste este papel que tu conciencia te exigía. Para ello renunciaste con muda sencillez a tantas cosas que podían abrirte la puerta de una vida que habrías anhelado… ver tu letra impresa invadiendo las tiendas de libros, recibir el aplauso sincero a tu prosa sencilla y grande, ser el generoso escribidor de los pobres. Gastaste tu tiempo y tu salud recorriendo el mundo entero para llevar nuestra voz y nuestras esperanzas. Organizaste las ondas para que todos pudiesen conocer nuestra verdad y el camino de la libertad. Acudiste a cualquier pequeño pueblo escondido en nuestra piel de toro, y a aquél otro, y a aquél otro, donde algunos hombres, o simplemente un hombre o una mujer maltratados necesitaban tu apoyo, tu consejo, tu aliento o tu impulso. Tu recorrido era inagotable: sólo volviste la vista atrás para cerciorarte de que tus movimientos no eran vigilados por la fiera. Compartiendo con tus camaradas el velador de un café, siempre sin dar la espalda a la puerta, para transmitirles información, o agotando con ellos la resistencia del reloj en sesiones cargadas de humo y de proyectos en una recóndita chabola de las afueras, sabías hablar y escuchar.

Ha muerto Armando, un gran escritor, un grandioso escritor. Los estragos de la censura franquista y el tiempo que dedicó Armando a su Partido le impidieron una obra dilatada, pero no consiguieron impedir un gran ejemplo literario del realismo con el que era una obligación moral escribir en esa época de aplastamiento moral y físico del pueblo. El impresionante dominio de la narración, de los tiempos, de la sencillez elevada a categoría artística de que hace gala Armando en La mina son un ejemplo que permanecerá siempre como referencia de la literatura española de la segunda mitad del pasado siglo.

Ha muerto Armando, un hombre bueno. Armando, tú has sido, por encima de todo, bueno. ¡Qué difícil es poder explicar esto en todo su significado! ¡Qué difícil es entender la inmensa grandeza que se esconde tras esta cualidad! Armando, tú has sido bueno porque no sabías ser de otra manera. Y has sido bueno sin renunciar a la firmeza cuando lo exigían las necesidades políticas. Tu bondad impedía que incluso tus más encarnizados enemigos pudiesen mostrarte su odio. Compañero de tus compañeros, amigo de tus amigos, para todos ellos tenías reservado un puesto en tus sentimientos.

¡Armando, Armando! No podrás oír este diálogo mío con tus cenizas, ni podrás presenciar el homenaje que te mereces, porque ya no existes. Mas para los que te hemos conocido y te queremos, tu recuerdo sigue existiendo y existirá siempre. Con él nos prometemos estar juntos en el gran acto colectivo que te mereces.

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Ante la muerte de Armando López Salinas