Esperando a los bárbaros

Unidad popular Los iconos de la Transición y su hegemonía...o se han convertido en figuras de cera o se están derritiendo en el horno de un sistema que ha dado paso al saqueo, la superexplotación y la cleptocracia.

Felipe Alcaraz Masats 21/10/2014

Se han creado las condiciones para una respuesta, alternativa e innovadora, a la situación que provoca la carbonización, cada vez menos encubierta, del régimen de 1978. Un régimen que ha cavado su propia tumba tras decapitar la Constitución a través de Maastricht, los tratados de estabilidad, el euro y los incumplimientos flagrantes de sus artículos más avanzados, que Julio Anguita repetía de memoria en los mítines, hablando de la socialización de la riqueza y de la posibilidad de la planificación democrática de la economía. Por eso el PCE se desligó de ella, comunicándolo en aquel mitin solemne de la Casa de Campo. O dicho de otra manera, los iconos de la Transición y su hegemonía (la llamada Cultura de la Transición) o se han convertido en figuras de cera o se están derritiendo en el horno de un sistema que ha dado paso al saqueo, la superexplotación y la cleptocracia. La salida que plantean el PP y el PSOE no es posible, porque no es una salida, es un enroque. Es fácil convenir que no se puede repetir en forma de astracanada lo que fue el pacto del 78 y no se puede producir una novación del régimen a través del lanzamiento del neopojulismo, neofelipismo, neojuancarlismo, neocarrillismo, etc.

La salida es un proceso constituyente que restituya la soberanía democrática del país a fin de diseñar nuestro propio futuro al margen de los designios de los hombres de negro. Un diseño de nuevo país, queremos decir. Y el instrumento para alcanzarlo cada vez está más claro, no solo ya en la fantasía, sino en la realidad que entre muchos estamos construyendo. La unidad popular, queremos decir.

Obviamente, en nuestra creación de hegemonía cultural y política, este planteamiento tiene una letanía: programa, programa, programa. Nos referimos a una serie de planteamientos (30 ha aportado IU) que se puedan constituir en la condición de posibilidad de un encuentro en la movilización y en la apuesta electoral. Y hablar de esto es hablar también de identidad, de nuestro ADN de comunistas españoles, los del Frente Único, Frente Popular, Pacto por la Libertad, creación de CC.OO., fundación de IU… Una identidad que sin duda se va a agrandar al son de la convergencia, de la constitución del bloque socio-político crítico y alternativo que la situación demanda. Y el modelo de unidad no se basa en insertarse en el bloque del PSOE, es decir, dentro de la lógica del bipartidismo, sino confrontando con él. Cuando fundamos IU, y antes Convocatoria por Andalucía, solíamos repetir que en aquel momento se acababa el mito de la casa común y la historia del cordón umbilical del PCE con los socialistas, máxime cuando el socialismo español ha optado por convertirse en la marca blanca (y no aludo a las camisas de Pedro Sánchez) del neoliberalismo.

Publicado en el Nº 277 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2014

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