Los acreedores antes que los ciudadanosEl oneroso rescate de Europa Los planes de rescate incluyen reformas laborales que faciliten y abaraten el despido y retrasen la jubilación.

José Francisco Bellod Redondo 05/11/2014

Acaban de cumplirse seis años de la quiebra del banco de inversión norteamericano Lehman Brothers, aldabonazo de la crisis financiera global que aún nos acecha: se hundió el PIB europeo y el desempleo escaló hasta a niveles históricos. Además, la ralentización de la economía tuvo como consecuencia inmediata el aumento del déficit público incluso en países en los que, como España, se había gozado de superávit gracias a las mieles de la especulación inmobiliaria.

Repentinamente descubrimos que el sistema financiero era un gigante con pies de barro: la especulación de todo tipo que había florecido a la sombra de la política de dinero barato del BCE para hacer más digerible la implantación del euro, cesó. Y descubrimos que nuestros bancos, nunca inocentes, habían participado de prácticas delictivas como la comercialización masiva de “activos tóxicos” (derivados de hipotecas “subprime”, participaciones preferentes…). De la noche a la mañana el patrimonio bancario se volatilizó… pero todos debíamos mucho a unos bancos que no valían nada.

Pese a algunos tímidos ensayos keynesianos (el “Plan – E” de Zapatero) pronto se impuso la lógica neoliberal de los Tratados de la Unión Europea y los Estatutos del BCE.

Los banqueros impusieron su lógica nefasta: nada de reformar el capitalismo, nada de una Europa más social, nada de políticas keynesianas… “salvando la banca salvamos Europa”. Como la quiebra de Lehman Brothers había derivado en la paralización de los mercados financieros internacionales, el crédito había cesado y la actividad económica se había frenado. Nada en apariencia más sencillo que tratar de insuflar vida (dinero) al sistema financiero para que el crédito volviera a fluir y recuperar la prosperidad perdida. Absurdo: volver a engrasar la maquinaria especulativa de los bancos quebrados para que esos mismos bancos tradujesen el rescate bancario en crecimiento económico.

Los “planes de rescate” fueron la herramienta elegida para retornar al paraíso perdido. Un “plan de rescate” es un contrato entre un país “intervenido” y sus rescatadores para concederle el crédito que ya no puede lograr emitiendo bonos en los mercados. El rescatador, en este caso la “troika” (Comisión Europea + BCE + FMI), exige en contrapartida una serie de medidas de política económica (“condicionalidad”), amén de la devolución del crédito con sus correspondientes intereses.

Los planes de rescate europeos poco diferían de los que el FMI aplica en el Tercer Mundo… Sí: el FMI dirigido por delincuentes como Rodrigo Rato, Strauss – Kahn o Lagarde…

En primer lugar el dinero prestado ha de destinarse a salvar la banca y el sobrante, a reprogramar la deuda pública: los acreedores antes que los ciudadanos. En segundo lugar, los gobiernos intervenidos se comprometen a reducir su déficit hasta el 3% fijado por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, recortando gasto público e incrementando los impuestos indirectos (IVA). Tales recortes no sólo debían ayudar a reducir el déficit sino, de paso, eliminar “privilegios” a la acomodada clase obrera europea, poco dada a competir por culpa del “generoso” Estado de Bienestar, garante de servicios educativos y sanitarios para todos.

Por la misma razón, los planes de rescate incluyen reformas laborales que faciliten y abaraten el despido y retrasen la jubilación. Además, los planes de rescate habrían de favorecer la concentración bancaria (menos bancos pero más poderosos), prohibiendo la indemnización a ahorradores que hubieran sido estafados con fórmulas como las “participaciones preferentes”, “cuotas participativas” o productos similares. Borrón y cuenta nueva a favor de la banca.

Contrariamente a lo que sostiene Rajoy, España sí ha sido intervenida: el plan de rescate, denominado ampulosamente “Memorándum de Entendimiento” (MoU, en inglés), se firmó con la “troika” el 20 de julio de 2012.

Estos planes han ido acompañados de jugosos fondos para la banca en condiciones muy ventajosas.

De una parte los gobiernos de la Unión Europea dieron a la banca subvenciones a fondo perdido que ascienden a más de 175.000 millones de euros. Sumemos la adquisición de pasivos emitidos por los bancos quebrados y que nunca se recuperarán: otros 198.679 millones de euros. Y para redondear la operación, los gobiernos han concedido a la banca avales y contratos de indemnización frente a posibles pérdidas por importe de otros 505.189 millones de euros. A día de hoy el dinero público movilizado por los gobiernos a favor del sistema financiero asciende a 878.910 millones de euros.

Pero eso no es todo. Sumemos el dinero movilizado por el BCE, que ha llegado a prestar a la banca más de 900.000 millones de euros a tipos que rondan el 0% – 0´25% para devolver en cómodos plazos. Hoy la banca aún debe más de 507.000 millones y no parece que tenga prisa en devolverlos: invertirlos en deuda pública norteamericana al 3% o 4% es la estrategia que siguen, estrategia de “esperar y ver”, estrategia de “cobrar pero no prestar”, que está retardando sine die la recuperación europea.

Y mientras tanto se niega el pan y la sal a los gobiernos nacionales para financiar políticas expansivas creadoras de empleo o políticas sociales que compensen los dramáticos efectos de la crisis. No es posible implementar políticas de este tipo (keynesianas) si no hay dinero abundante y barato. Al BCE le correspondía haber jugado ese papel, pero los redactores de sus estatutos se encargaron de prohibir expresamente que el BCE comprase deuda pública en el “mercado primario”. Prestando al 0% – 0´25%, podría haber evitado que los gobiernos tuviesen que enfrentarse a “primas de riesgo” abusivas y exorbitantes que consumían los menguantes presupuestos públicos y sólo beneficiaban a los especuladores.

El balance de los programas de ajuste no puede ser más decepcionante. En el cuadro adjunto resumimos la evolución de los países intervenidos.

Llama la atención la enorme “brecha de renta”, esto es, la diferencia entre la renta per cápita actual y la que disfrutaban los ciudadanos justo antes de la crisis. Esa brecha mide lo que a un país le falta por recorrer para restablecer los niveles de bienestar previos a la crisis, y va desde los -5´6 puntos de PIB de Portugal hasta los -23´2 de Grecia. Tampoco existe garantía de que esos niveles se vayan a recuperar: las políticas de austeridad contraen el PIB y puede que la brecha de renta se agrande, máxime cuando todo apunta a que Europa se encamina a una tercera recesión.

También se aprecia cómo los programas de ajuste han enquistado el desempleo en niveles récord (26% en Grecia, 25´5% en España, 19% en Chipre…) lo cual ha empobrecido dramáticamente a amplias capas de la población. La pobreza, que ayer se consideraba propia de países tercermundistas, afecta hoy a más del 25% – 30% de la población en los países intervenidos.

Y aun si mañana mismo se iniciase la recuperación, el coste del rescate y de las políticas de austeridad lastrarán durante años nuestra prosperidad ya que tales políticas han incrementado sustancialmente el endeudamiento de los países intervenidos, en todos los cuales supera hoy el 100% del PIB. A esos niveles exorbitantes se ha llegado como se indica en el cuadro por el incremento de deuda operado desde 2007: la devolución de esos créditos y el pago de los intereses correspondientes pesarán sobre los presupuestos públicos en las próximas décadas, impidiendo la financiación de políticas sociales.

Curiosamente en países que como Islandia han diseñado una política económica heterodoxa, renunciando a las políticas de austeridad, enfrentándose a los mercados financieros y encarcelando banqueros, la brecha de renta es de sólo 0´5 puntos del PIB y su desempleo apenas lega al 5´1%.


Principales indicadores socio-económicos de los países intervenidos

 Brecha de rentaParoPobrezaDeuda públicaIncremento deuda
Irlanda-11,611,430,0121,096,1
Grecia-23,226,034,6177,269,9
España-8,325,528,2100,263,9
Chipre-15,519,227,8122,263,4
Portugal-5,615,425,3126,758,3
Fuente: Comisión Europea y Eurostat

Publicado en el Nº 277 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2014

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