Entrevista Coordinador de IU FederalAlberto Garzón: “Hay una mayoría de la sociedad que no quiere que Mariano Rajoy continúe” “Queremos que haya presencia en el conflicto social y que lo electoral sea un reflejo de lo que hacemos fuera de las instituciones y fuera del Parlamento”

Gema Delgado 22/09/2016

Mundo Obrero: ¿Cuáles crees que son las causas de esta crisis de gobernabilidad en la que estamos inmersos?
Alberto Garzón:
Lo primero que hay que recordar es que estamos viviendo en una crisis de régimen, una crisis orgánica que ha sido el resultado de una crisis económica que se ha extendido en el tiempo. Y que el bloque en el poder apoyado por las grandes empresas y las grandes fortunas y que el bipartidismo ha sido incapaz de gestinarlo. Nos encontramos con esa crisis del régimen, una crisis de gobernabilidad, que es la mejor expresión de esa crisis del régimen.

Sin duda, si hacemos un análisis objetivo y vemos los intereses de las grandes fortunas y las grandes empresas, nos encontramos con que son partidarios de un gobierno de restauración, es decir, un gobierno que cambie alguna cosa, que dé la sensación de que se está construyendo algo nuevo, pero que mantenga y consolide las posturas neoliberales y de austeridad en nuestro país.

Sin embargo, no se habían imaginado o no habían controlado lo suficiente las dinámicas de los partidos que tienen sus propias lógicas internas. Eso quiere decir que probablemente las grandes industrias y empresas, el entramado que hemos llamado el capital o la oligarquía, no se habían encontrado con la dificultad de superar la dinámica de juegos de poder dentro de los propios partidos. Es decir, las peleas que hay dentro del Partido Socialista tienen que ver más con peleas internas de poder que por cuestiones ideológicas. Y en el caso del Partido Popular, no cabe ninguna duda que su composición interna impide una inteligente posición de la restauración en la medida que establece a Rajoy como una pieza firme, fija e insustituible.

M.O.: En la investidura fallida de Rajoy, le decías, “Rajoy, necesitamos que usted no sea presidente. ¿Exista ahora una posibilidad de real de fraguar un gobierno con las fuerzas del cambio? ¿Cuál es la posición de IU?
A.G.:
Aquí tenemos que desglosar el problema en dos partes. La primera, una parte estratégica que insiste en que nosotros no hemos sido capaces de articular una ola movilizadora electoral y social capaz de romper e irrumpir con la fuerza necesaria para iniciar un proceso de transformación y por lo tanto tenemos una labor estratégica en conseguirlo. Y eso va más allá de lo electoral y del dilema en el que nos enfrentamos en este momento. Eso quiere decir que necesitamos tiempo para construir un movimiento político y social y poder tejer ese espacio político que en algún momento pueda alcanzar el gobierno. Mientras eso ocurre, nosotros nos encontramos con la necesidad de mitigar el impacto del neoliberalismo en nuestro país. Y para eso necesitamos explorar vías alternativas al gobierno de Mariano Rajoy que van a ser siempre mejores que el propio gobierno de Rajoy, pero siempre subrayando que no estamos hablando de procesos con los que formen parte de nuestro objetivo. Nuestro objetivo político no es formar parte del gobierno alternativo de Mariano Rajoy sino transformar la sociedad y para eso tenemos una tarea estratégica, que es lo que planteaba en el primer plano.

Y en el segundo plano lo que ahora necesitamos es explorar la posibilidad de que haya un gobierno alternativo. Eso expresa una necesidad de una mayoría de la sociedad que no quiere que Mariano Rajoy continúe, pero al mismo tiempo enfrenta muchos obstáculos porque son fuerzas políticas muy diferentes y todo va a depender del programa que finalmente se presente a la investidura, si es un programa más o menos progresista. Y en función de lo que veamos decidiremos colectivamente qué vamos a hacer.

M.O.: El próximo gobierno apunta difícil por los recortes que se avecinan impuestos por Bruselas. ¿Cómo ves el panorama económico que se dibuja en el horizonte?
A.G.:
Los recortes no son una cosa necesaria. Son una opción política determinada, porque persigue un modelo de sociedad, un proyecto de civilización basado fundamentalmente en ese orden social de la precariedad y la flexibilidad. Y los recortes consisten en eso. Las reformas laborales consisten en eso, en precarizar nuestra vida. Cuando nosotros hablamos de un gobierno de cambio es para frenar la austeridad. No comprenderíamos que se diera apoyo a un gobierno que hiciera recortes. Comprenderíamos que hubiera un gobierno de cambio, que sin ser lo que a nosotros nos gustaría, sí pudiera establecer un freno al recorte de libertades, de derechos civiles, de servicios sociales y de servicios públicos. Para nosotros sí sería ingrediente para poder apoyarlo, pero si de lo que se trata es de un gobierno que va a apoyar las políticas del gobierno popular, para eso que sea el partido popular el que lo apoye.

M.O.: El PP está hablando de una posible prolongación de los presupuestos. ¿Es una amenaza? ¿Qué pasaría?
A.G.:
Si no hay nuevos presupuestos el proceso habitual es que se prologuen los anteriores, y eso significa que no estás adaptando tus presupuestos a las actuales condiciones económicas o políticas, sobre todo económicas. En ese sentido es una consecuencia de la crisis de gobernabilidad. No es un ingrediente singular propio. Es una consecuencia de que no hay gobierno. Significa que afecta al control del déficit, a los servicios públicos, a muchas cosas, pero el gobierno en funciones siempre tiene margen dentro de esa política para evitar que haya recortes automáticos, por decirlo de alguna forma.

M.O.: Por fin se consiguió ir a una candidatura de confluencia después de todo este tiempo, ¿puedes valorarnos cuál fue el trabajo que se hizo en Unidos Podemos, cómo va a seguir ese proyecto y cuál va a ser el papel de Izquierda Unida tanto en ese proceso de unidad como en el Parlamento?
A.G.:
Bueno, hemos conseguido conquistar una posición que para nosotros es determinante, que es la existencia de un espacio político conjunto, rupturista, de izquierdas que defiende una políticas en favor de la clase trabajadora. Naturalmente ese espacio político tiene sus propias contradicciones porque es un espacio político plural, diverso, que aglutina a diferentes organizaciones, pero para nosotros es una conquista, una buena noticia. Hemos conseguido un resultado histórico: 71 diputados a la izquierda del Partido Socialista. No había existido nunca en la historia de la democracia y a nosotros eso nos da energía para poder consolidar ese espacio y poder desplegarlo en el futuro de mejor forma. Eso es lo que nosotros queremos hacer: consolidar ese espacio político no sólo en las instituciones sino en la calle. Eso significa que nosotros queremos convertir ese espacio político en un movimiento político y social. Queremos que haya presencia en el conflicto social y que lo electoral sea un reflejo de lo que hacemos fuera de las instituciones y fuera del Parlamento. Eso es el propósito de Izquierda Unida en lo tocante a la construcción de ese espacio desde un perfil propio que es el anticapitalista, socialista, feminista y ecologista.

M.O.: El día 25 se celebrarán las elecciones en Galicia y en Euskadi y nos presentamos en un espacio de confluencia ¿Qué significan para nosotros estas elecciones y cómo van a afectar a la formación de gobierno nacional?
A.G.:
Creo que ha sido una buena noticia que ese espacio de confluencia se haya cristalizado. No ha sido fácil y ha habido momentos de mucha tensión, e incluso se daba por hecho que Podemos se iba a presentar al margen de las mareas, que es donde estábamos nosotros. Es una buena noticia porque marca la línea de lo que tenemos que ir construyendo en todo el Estado. En unos sitios más rápido que en otros, pero en última instancia el objetivo es bastante evidente: consolidar un espacio político unitario, plural, diverso pero unitario que alcance las mejores cuotas posibles de resultados, tanto electorales como no electorales.

M.O.: Después de la Asamblea, la campaña electoral, las elecciones, el verano, …llega el momento de desarrollar el trabajo de IU. ¿Cómo va a ser el trabajo y cuáles son las prioridades para los próximos meses y para el próximo año?
A.G.:
Queremos instituir una nueva cultura política en Izquierda Unida, la política de la rendición de cuentas y del trabajo estratégico. Eso quiere decir que cada responsable de la dirección vamos a tener unos planes de trabajo que tenemos que cumplir y que van a ser evaluables y van a ser fiscalizados por la propia organización y por los órganos de dirección que van a poder ir haciendo un seguimiento del trabajo realizado, lo que está bien y lo que hay que modificar. Y eso va a ser un trabajo colectivo. Estos planes de trabajo tienen como objetivo desplegar la estrategia política en el marco de un año y la estrategia política es la que está marcada por la Asamblea de IU de junio que establecía que había que construir un movimiento político social que fuera del perfil que estamos defendiendo pero que tendría que hacerse en el medio plazo. A corto plazo debemos ir asentando las bases de ese escenario al mismo tiempo que vamos incrementando la tarea de formación de coordinación, de sincronización entre la militancia, de nuevas formas de activismo social, de participar en el conflicto social. Hay un amplio despliegue de tareas que ir acometiendo, que corresponden a cada responsable y que va a estar encima de la mesa para que se pueda evaluar.

Esto es muy diferente a lo que se ha vivido hasta ahora en IU. Teníamos una dirección que se elegía cada cuatro años y en la que podías encontrarte con unos responsables que no hacían absolutamente nada pero que pueden ser reelegidos cada cuatro años. Pues eso se ha acabado. Aquí el que está es para trabajar. Es la cultura del trabajo.

M.O.: Uno de los ejes de trabajo concretos es el de la movilización. En este contexto de cierta parálisis ¿cuál es la clave para salir de ese impasse?
A.G.:
Lo que nosotros necesitamos es un instrumento para la transformación. Significa entender que la transformación no sólo se da en el Parlamento sino también en la calle. Son dos expresiones de las correlaciones de fuerza que existen en nuestra sociedad. No son incompatibles ni antagónicas sino instrumentos que se tienen que compaginar. Como es necesario un instrumento que esté en ambos espacios nosotros estamos diagnosticando que tenemos que fortalecer la parte que tiene que ver con la movilización social y el conflicto, que es lo que suele permitir que la subjetividad transformadora, es decir que el pensamiento y la conciencia de clase del que quiere transformar nuestro país surja en el conflicto social. Así que vamos a tener planes de trabajo muy orientados a la recuperación de la movilización social entendida como la auto-organización de la gente que sufre las consecuencias de la crisis del capitalismo.

Claro que la movilización social no se decreta. Lo que tenemos son condiciones objetivas en términos económicos de gente que lo está pasando muy mal. Y cada vez más gente. Sectores de la sociedad cada vez más empobrecido y precario pero que no se moviliza. Necesitamos dar con la clave de cómo dar con la movilización. Digamos que tenemos las condiciones objetivas de movilización pero, en términos clásicos, no tenemos las condiciones subjetivas, de modo que necesitamos un instrumento que sea capaz de conectar esos intereses objetivos con una organización política y eso es lo que nosotros queremos que sea IU. Es en el fondo una actitud muy clásica, una actitud comunista de toda la vida y necesitamos una dirección que esté a la altura de ese propósito.

M.O.: En el encuentro de cuadros del PCE apuntabas que hay una juventud que sólo ha conocido el paro y los empleos precarios y que pueden pensar que no hay otra cosa. ¿Cuál es la clave para volver a mover a la gente?
A.G.:
Nosotros tenemos una necesidad que es entender las transformaciones que ha habido en nuestro país en términos históricos y una de ellas tiene que ver con la cuestión generacional. No cabe ninguna duda de que ha habido una ruptura generacional entre quienes vivieron una época más keynesiana fordista y quienes estamos viviendo una época más post-keynesiana y post-fordista, es decir, mayor precariedad e inestabilidad en el trabajo y por consiguiente en la vida misma.

Esa ruptura se ha producido. La cuestión es que al mantenerse en el tiempo está haciendo que mucha gente que haya nacido ya en crisis esté a punto de acostumbrarse a esa situación. Y el ser humano, desgraciadamente, se puede conformar con muchos diferentes estados de sociedad. Lo que nosotros tenemos que entender es que eso no se está consiguiendo de una forma fácil y que cada vez hay más elementos jóvenes que irrumpen. Y lo hacen de una forma convencional preguntándose que por qué están así. No son marxistas, no son comunistas pero es gente que rompe con el sentido común que empieza a ser dominante, el de que hay que tener que conformarse. Y hay gente que no se conforma.

Nuestra organización tiene que ser atractiva para esa gente, para que esos sectores pueden afiliarse a nuestra organización, para que puedan militar y trabajar con nosotros. Si conseguimos ser atractivos para ese sector creciente de la sociedad creo que tendremos la capacidad de pensar en medio plazo con una renovación muy fuerte. Pero si no la hacemos estamos condenados a una desaparición progresiva, lo que sería terrible para la izquierda de este país.

M.O.: En Francia los hijos de los trabajadores comunistas están votando a la extrema derecha porque creen que son quienes les van a salvar. En España se dice que no hay extrema derecha porque está englobada en el PP, pero si la izquierda no es capaz de dar alternativas reales a la gente ¿se corre el peligro de que ese espacio sea tomado por la extrema derecha?
A.G.:
Correcto. Tenemos sectores que caen en la pobreza, en lo que llamamos la emergencia social que pueden ser canalizados muy fácilmente por un discurso populista, xenófobo, racista. Lo estamos viendo en el resto de Europa. No cabe ninguna duda de que eso es así. Y al mismo tiempo tenemos sectores de la juventud que tienen sus expectativas frustradas. No significa que sean pobres ni que vivan debajo de un puente. Quiere decir que el ascensor social tal y como se entendía ya no funciona. Entendían que estudiando dos carreras podían acceder a ser trabajadores de clase media y se cuenta de que son clase trabajadora. Y en esa nueva percepción, esa frustración también se puede canalizar. Y es ahí donde nuestra organización tiene que ser lo suficientemente hábil como para no negar a esa gente su nueva condiciones de trabajadores en términos subjetivos, que es en cierta medida una victoria del proxelitismo, pero no se les puede ver como enemigos, como pijos que creían que iban a ser algo y ahora no son nada. No. Nosotros somos los que tenemos que auto-organizarnos en todos nosotros: en los que ya tenían claro que eran clase trabajadora y que ahora están a punto de votar a la extrema derecha porque creen que es la que les va a salvar, y entre aquellos que creían que estaban por encima de la clase trabajadora y que ahora se dan cuenta de que tenían los mismos problemas que la clase trabajadora en el sentido en que se entendía convencionalmente lo que significaba ser clase trabajadora.

Publicado en el Nº 298 de la edición impresa de Mundo Obrero jul-ago-sep 2016

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