Clave de sol

La necesidad de romper el marco

Sol Sánchez Maroto 16/10/2016

Si compartes con tu enemigo -con aquel o aquello que estás combatiendo- el marco que define y acota la realidad y por tanto, la posibilidad e imposibilidad de lo realizable, estarás obligándote a luchar bajo sus condiciones: con sus contenidos y sus formas. Y si además la correlación de fuerzas juega a su favor, estarás aceptando una doble desventaja.

Romper el marco definido sobre dónde se producen las luchas, dónde se hallan los conflictos, cuáles son los campos de batalla, y en qué formato se presentan las luchas es hoy una condición imprescindible para transformar la sociedad.

Durante mucho tiempo, tanto por una parte las organizaciones más tradicionales -partidos y sindicatos- como por otra los nuevos movimientos sociales, parecían tener sus ámbitos de sentido y actuación bien diferenciados. Y ha existido cierta autocomplacencia en ello.

Poco o nada nos hemos molestado en tender puentes de reflexión profunda entre unos y otras. Afortunadamente sí se ha producido el acercamiento y el apoyo, la presencia y la colaboración activa en la calle y tímidamente, superando desconfianzas, en la organización de las acciones y movilizaciones. Pero aún es necesaria la elaboración conjunta que dote de significado compartido cada batalla, de modo que en la siguiente no haya que empezar a pensarlo todo como si no estuviera conectada con la anterior. Para conseguirlo, para conseguirlo de verdad, es necesario superar los prejuicios que han reinado a uno y otro lado, porque esa es la única manera de que cada confrontación con las consecuencias del sistema capitalista, en vez de desgastar, conforme una sólida pieza para la educación popular. Que las luchas más pegadas a lo cotidiano también sean explicadas y dotadas de sentido.

Porque en las nuevas (y no tan nuevas) formas de acumulación por desposesión, los beneficios y la acumulación se producen por la desposesión de derechos y bienes públicos y comunes. Esferas de la vida que antes estaban fuera del mercado se convierten en nuevos nichos de negocio. Y eso tiene consecuencias en la vida cotidiana de la gente. Consecuencias desastrosas para las clases populares, que rebasan la frontera entre la vida y la muerte, o en el mejor de los casos entre la vida digna y una humillante supervivencia de mínimos. Evidentemente no es la clásica forma de conflicto capital/trabajo, pero es innegable que ahí también hay conflicto y lucha de clases.

Y resulta que la resistencia a la acumulación del capital, que no deja de ser eso, también se ha producido con la oposición a la privatización de los servicios públicos como la educación o la sanidad a través de las mareas, con las paralizaciones de desahucios, y cuando los movimientos sociales han ejercido presión sobre cualquier otra parte concreta del sistema en un punto específico. Y estas acciones pueden y deben ser explicadas y comprendidas en estos términos. Si no lo hacemos, estaremos desaprovechando un punto de tensión fundamental del actual sistema capitalista y cediendo un campo de experiencia y creación de conciencia, fértil y efectivo: la vida cotidiana de las personas. El feminismo lleva mucho tiempo demostrando la importancia de esas trincheras.

Ejemplo paradigmático son las campañas contra los Tratados de libre comercio (CETA, TISA, TTIP). Estas luchas persiguen abortar el proyecto de rediseño del propio mercado, planificado por el capital corporativo y financiero global, sin barreras, sin frenos y sin cortapisas legales. Es más, suponen incorporar incluso el sistema legal al mercado. Y así entendidas, representan el culmen de la resistencia precisamente allí donde el valor se realiza: por medio del intercambio en el propio mercado.

La insistencia en entender estos Tratados no desde lo geoestratégico, sino de la lucha de las élites transnacionales contra las ciudadanías y la clase trabajadora de ambos lados del Atlántico, supone un esfuerzo para explicar este fenómeno, este conflicto, precisamente en términos de lucha de clases, ampliándola más allá de la producción, y haciéndola cercana y comprensible para más gente. Porque de esas explicaciones dependerá nuestra capacidad para crear nuevas herramientas generadoras de conciencia. Y es que sin eso quizá podemos resistir, pero no será posible construir nada alternativo al actual sistema con un mínimo de solidez.
Y este es solo un ejemplo de los muchos en los que necesitamos seguir esforzándonos para romper el marco. No se trata de abandonar nuestras explicaciones, se trata de ampliarlas.

Publicado en el Nº 299 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2016

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