GramsciGramsci y el Bloque histórico La categoría de Bloque histórico ocupa un lugar central en la reflexión de Gramsci, es, quizás, su principal aportación al Marxismo, a lo que él llamó Filosofía de la praxis.

Juan Trías Vejarano 28/10/2016

La categoría de Bloque histórico ocupa un lugar central en la reflexión de Gramsci, es, quizás, su principal aportación al Marxismo, a lo que él llamó Filosofía de la praxis. Para empezar, hay que disipar un malentendido que se desliza entre aquellos que hablan más de oídas que basándose en un conocimiento textual. Nos referimos a asimilar Bloque histórico a Alianza de clases; aquél puede contener a ésta, pero son diferentes.

Su formulación se encuentra en varios pasajes de los Cuadernos de la cárcel: “La estructura y la superestructura forman un ´bloque histórico´, esto es el conjunto complejo contradictorio y discorde de la superestructura es el reflejo del conjunto de las relaciones sociales de producción”. Y en otro lugar: “la concepción del ´bloque histórico´, en el cual precisamente las fuerzas materiales son el contenido y las ideologías la forma, distinción meramente didáctica, porque las fuerzas materiales no serían concebibles históricamente sin forma y las ideologías serían fantasías individuales sin las fuerzas materiales”. Es claro, como él mismo lo señala, que Gramsci parte del archiconocido Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política de 1859, considerado el texto capital en la formulación del Materialismo histórico.

Su propósito en los sucesivos desarrollos (es sabido el método seguido por él en los Cuadernos, que es más el de notas que el de una exposición cerrada) es recalcar la importancia de lo que se ha llamado la superestructura, infravalorada en las lecturas economicistas, y que el efectúa recordando el pasaje del Prólogo en que Marx habla de “las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra, las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto (el conflicto entre fuerzas productivas y relaciones de producción) y luchan por resolverlo”. En ningún momento niega Gramsci la primacía de la base material, pero subraya la trascendencia del momento superestructural, sin el cual no existe el estructural, formando una unidad, que expresa la noción de bloque histórico, como acabamos de ver.

En consecuencia, a las superestructuras dedicará su atención, para poner de relieve que un sistema de dominación de clase es inconcebible sin el papel que juegan la sociedad civil y la sociedad política, las ideologías y los intelectuales. Siempre en una situación dada, histórica, que expresa el calificativo histórico, pues Gramsci insiste en la historicidad de las estructuras. De ahí, que su análisis en todos los casos se efectúe sobre realidades históricas, sea la Italia contemporánea, o la Francia, la Alemania o la Rusia de la misma época, en las cuales trata de desvelar el bloque histórico vigente.

En épocas de normalidad, cosa distinta es cuando se da una crisis orgánica, el bloque se configura sobre la base de una clase dominante, que lo es en todos los ámbitos, comenzando por las relaciones de producción. Así, en la Italia contemporánea, como en Francia o en Alemania, lo es la burguesía, en las situaciones a que se refiere, la burguesía industrial. Esta cuenta con aliados subordinados, como pueden ser los propietarios agrarios y la pequeña burguesía. Fuera del bloque están, claro, las clases subalternas o dominadas (clase obrera y campesinos).

La clase dominante necesita de los medios de la superestructura para asegurar su dominación tanto en el ámbito de la sociedad civil como en el de la política. Gramsci distingue entre dominio y dirección; el primero se basa en la coacción y siempre está presente; el segundo en la hegemonía, que se mueve en el terreno de la ideología y busca asegurar el consenso. La categoría de Hegemonía es una de las grandes aportaciones de Gramsci al Marxismo, se refiere al momento “de la dirección política, del consenso, en la vida y en el desarrollo de la actividad del Estado y de la Sociedad civil”. Con la hegemonía, la clase dominante se convierte en dirigente, es decir, logra imponer su visión del mundo, sus intereses, como valores aceptados, y con ello reforzar su dominación.

La ideología es el principal medio para conseguir la hegemonía, es “la obra maestra política por medio de la cual una determinada clase logra presentar y hacer aceptar las condiciones de su existencia y de su desarrollo de clase como principio universal, como concepción del mundo, como religión…”. Abraza desde las elaboraciones más depuradas hasta otras más simples y con el objetivo de que se haga sentido común. Gramsci dice que la ideología proporciona “el cimiento más íntimo a la sociedad civil y de ahí al Estado”. El terreno por excelencia de la lucha por la hegemonía es la Sociedad civil. La hegemonía se consigue mediante una serie de instituciones, en primer lugar el sistema educativo, la prensa, organizaciones corporativas, etc. Constituyen como una serie de fortines, trincheras, que protegen la fortaleza principal, según el lenguaje militar que tanto utiliza. Representan un papel capital en la teorización sobre la guerra de posiciones y la de movimientos, que manejó para distinguir el planteamiento de la lucha en Occidente por contraste a Rusia.

Otro concepto muy importante en su teorización es el de Intelectuales. Escribe: “una masa humana no se ´distingue´ y no deviene independiente ´para sí´, sin organizarse (en sentido lato) y no hay organización sin intelectuales, es decir, sin organizadores y dirigentes, esto es sin que el aspecto teórico del nexo teoría-práctica se distinga concretamente en un estrato de personas ´especializados´ en la elaboración conceptual y filosófica”. Como se puede advertir por “organizadores”, la categoría Intelectual es más amplia que lo que se entiende comúnmente por intelectuales, abarca un amplio espectro, como son los enseñantes, los periodistas, el personal político, los técnicos, etc. Pues, su perfil y composición varía en cada bloque histórico. Gramsci distingue entre “intelectuales orgánicos”, que nacen de la estructura misma, e “intelectuales tradicionales” que proceden de un bloque histórico anterior, pero que pueden ser incorporados y utilizados por el nuevo bloque histórico, sería el caso de la Iglesia, con un papel tan importante en la Italia de su tiempo.

Se podría preguntar sobre cuál es la clase o fracción de clase que es hoy la dirigente en el bloque histórico del capitalismo de los países más desarrollados. Para nosotros, sería la burguesía financiera que se subordinaría a otras fracciones de la burguesía, a más de la pequeña burguesía y de eso que algunos han llamado la nueva clase media de técnicos y profesionales. Estos serían el armazón de los intelectuales orgánicos del bloque. La ideología sería el Neoliberalismo, que tan profundamente ha impregnado la sociedad con sus valores individualistas, competitivos, insolidarios, etc.

Si las clases subalternas aspiran a acabar con su dominación, deben aspirar a constituir un nuevo bloque histórico. Según Gramsci, en este bloque histórico la clase obrera debe ser la dirigente, pero debe concitar el apoyo de otras clases o grupos subalternos. El intelectual orgánico es el partido de tipo leninista, que al contrario de la vieja Socialdemocracia no se encierra en el economicismo, sino que subraya la importancia del momento político y, con él, el de la lucha por la hegemonía en el seno de la sociedad civil.

También se podría preguntar cómo se configuraría un nuevo bloque histórico que aspirase a la sustitución del dominante actualmente. Pero, esto queda fuera del alcance de este artículo, que sólo ha aspirado a presentar las grandes líneas de la elaboración de Gramsci, y subrayamos lo de las grandes líneas, pues lo presentado es únicamente un esquema.

* Catedrático emérito de la UCM y antiguo director de la FIM

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Brevísima biografía de urgencia de Antonio Gramsci
Autor: José Sarrión


Antonio Gramsci, a diferencia de otros padres del socialismo, no se inicia en el pensamiento socialista desde el ámbito intelectual, sino desde el ámbito obrero. Su infancia estuvo marcada por la penuria: con 11 años, y a pesar de haber obtenido un 10 en todas las materias de la Escuela Elemental, se vio obligado a abandonar los estudios para ponerse a trabajar moviendo archivos de gran peso en un Catastro durante 10 horas al día por 9 liras al mes. Entró en contacto con el pensamiento socialista a través de las lecturas que le proporcionó su hermano Gennaro.

El cambio de residencia a Turín marcaría el inicio de su actividad política, en el seno del Partido Socialista Italiano. En dicha ciudad entablará amistad con quienes más tarde serán dirigentes principales de las diversas corrientes del comunismo italiano: Togliatti, Tasca y Bórdiga. Durante esta etapa ya se adivinan varios elementos que caracterizarán obras de madurez: el principio de autonomía activa de la clase obrera (importante para comprender su noción de hegemonía) y su atención a la peculiaridad nacional de cada proletariado en cada situación concreta, así como su interés por la sociedad civil.

Parte de una formación inicial idealista, derivada de autores como Croce, Gentile o Salvemini, que indica también una reacción de rebeldía contra el positivismo propio de la socialdemocracia de la época, que había derivado en un gradualismo contrarrevolucionario. Como observó Sacristán, Gramsci coincide con Lenin en enfrentarse tanto al reformismo de la derecha socialdemócrata como al fatalismo de la izquierda. No es su único punto de conexión: Gramsci analizará la revolución rusa con gran interés. En este aspecto, su análisis de los Soviets influirá de modo determinante en su teoría de los Consejos Obreros, en cuanto a concreción del orden nuevo dentro del viejo orden.

La derrota de la gran Huelga General de 1920, en la que tiene gran responsabilidad el PSI, motiva la apuesta por la creación del PCI, de quien más adelante Gramsci llegaría a ser Secretario General. La reflexión sobre la derrota de los consejos turineses inicia el comienzo de su obra de madurez, que se expresará especialmente en los Cuadernos de la Cárcel, escritos desde su encarcelamiento por Mussolini hasta su fallecimiento.


Publicado en el Nº 299 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2016

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