RedRoj@Internets y Cuba

Rafael Pla López 01/03/2004

Cerrado el anterior MO, me llegó la noticia de que la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba había suspendido indefinidamente el corte de acceso a Internet para sus clientes que pagan el servicio telefónico en pesos cubanos, lo que nos permitía esperar poder congratularnos de que hubiera prevalecido el buen sentido. La cuestión, con todo, es más compleja y merece ser analizada con más detalle.

El gobierno cubano, en unas condiciones de bloqueo que limitan también, entre otras cosas, el ancho de banda de que dispone el pueblo cubano para la comunicación telefónica con el exterior, ha priorizado, con buen sentido, el acceso a Internet con banda ancha desde centros públicos y sociales, generalizando su uso, por ejemplo, en centros de Enseñanza y de Salud. Ello es especialmente importante en una situación en que hay 6'37 teléfonos por cada 100 habitantes, y el 4'3% de la població es usuaria de Internet (más que en Rusia, por cierto, donde es el 4'2%, y mucho más que en Centroamérica, donde es inferior al 1%).

Ahora bien, no deberíamos caer en contraponer el uso "social" con el uso "individual" de Internet, como si fueran dos Internets diferentes. En primer lugar, porque Internet es en sí mismo un componente de sociabilidad. En segundo lugar porque los usuarios, en última instancia, son individuales. Y en tercer lugar porque precisamente Internet tiende a desbordar, por su misma estructura, los intentos de encorsetarlo en moldes burocráticos: la libertad, de expresión y de navegación, es consustancial a Internet, por encima de las pretensiones de control del Capital o del Estado.

Por ello es importante que, como parece, se haya evitado una tentación: la tentación de limitar el libre acceso a Internet en Cuba a quienes lo hacen desde centros públicos o sociales o pueden pagar en dólares el uso particular del servicio telefónico. De hecho, la justificación de que ello se haría para evitar el "préstamo" de contraseñas para el acceso a Internet no se sostiene: la alternativa es facilitar a todo el mundo que lo solicite una cuenta de usuario a Internet. Para ello no hay, no puede haber, dificultades técnicas. Otra cosa es que no se pueda garantizar a todo el mundo una buena velocidad de conexión ni una conexión gratuita, y que quien se conecte desde su domicilio deba pagar (en la moneda en que cobra su sueldo, claro) por el uso de líneas telefónicas "lentas". De ello ya tenemos experiencia en los países capitalistas quienes no tenemos en casa ni cable ni ADSL ni tarifa plana, y cuando nos conectamos desde el domicilio maldecimos a quienes se obstinan en enviarnos mensajes con centenares de Kilobytes. Pero esa es otra cuestión.

Publicado en el Nº 150 de la edición impresa de Mundo Obrero

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