La batalla por Mosul: la mentira compartida Los Estados Unidos no están preocupados por la pérdida de Mosul. Siempre podrá reacomodar a los grupos terroristas, que financia y entrena, en la frontera entre Iraq y Siria, zona rica en petróleo, gas y productos agrícolas

Eduardo Luque Guerrero 19/12/2016

(Este artículo fue escrito a principios del mes de noviembre de 2016)
El conflicto en Oriente Medio sólo se entiende relacionando la guerra en Siria, la ocupación de Iraq, la invasión de Afganistán y el conflicto en Yemen. Todo este entramado forma parte de un gran escenario donde las diferentes potencias intervinientes (Israel, Arabia Saudita, Turquía, EEUU) intentan limitar la expansión económica y política de dos grandes potencias en auge (Rusia y China) que a su vez cuentan con aliados como Siria, Hezbola e Irán. EEUU pretende seguir haciendo de la unilateralidad política, como ha sucedido desde 1945, su forma de entender las relaciones internacionales. Siempre ha sido la superioridad militar por parte de Washington la carta de negociación. Esa concepción es cada vez más difícil de sostener. El creciente peso político y económico de China y el resurgimiento de Rusia como potencia nuclear cuestionan esa visión del mundo. La situación de pérdida de control por parte de Estados Unidos es tan evidente que algunos países se permiten abandonar su zona de influencia y se reorientan hacia otros actores internacionales. Argelia se está convirtiendo en una base de apoyo para la flota rusa del Mediterráneo mientras sigue suministrando gas y petróleo a la asediada Siria, a pesar de las presiones de Washington. Egipto ha roto sus relaciones con Arabia Saudita (no apoyará a este país en su guerra genocida contra el Yemen) y permitirá que Rusia tenga una base naval cerca del delta del Nilo. Todo ello, unido a la ampliación de la base naval rusa en Tartus, en la costa siria, permitirá que la flota del Mar Negro rusa controle prácticamente el Mediterráneo. Por otra parte, la presencia de navíos chinos en la costa siria y su intención de crear una base naval envía un mensaje muy claro a Estados Unidos: la zona ya no pertenece, como antaño, a la sexta flota americana.

La piedra angular de este enfrentamiento por la hegemonía es Siria, como hemos venido señalando en numerosos escritos.

El presidente Al Assad está en vías de vencer militarmente a los grupos terroristas en Alepo, donde se centran masivamente los esfuerzos militares de una y otra parte. Sólo la intervención militar directa de EEUU puede revertir la situación. Como he señalado en anteriores ocasiones la administración norteamericana no es sino un navío de locos patroneados por un necio. Los militares estadounidenses han decidido, marginando al propio presidente, intervenir en Siria. El objetivo será atacar y conquistar para el Daesh la ciudad de Deir ez-Zor a orillas del Éufrates en manos del gobierno, aunque soporta un asedio que dura ya 4 años. Los oficiales norteamericanos decidieron romper la última tregua bombardeando esa ciudad el 17 de septiembre. El objetivo era aislarla del resto de Siria. Si el Daesh tomaba Deir ez-Zor se podría establecer una zona libre donde dar cobijo a un estado islámico cuya capital fuera Al Raqqa, unos 140 km al norte y que se extendiera hasta la provincia de Mosul en Iraq. La resistencia del ejército sirio en la zona y los avances en Alepo, han puesto en cuestión este objetivo.

Obama necesita una victoria mediática que le permita a su vez influir en la campaña electoral a favor de la candidata demócrata y por ello ha retrasado la "liberación" de Mosul. La campaña militar, a pesar de lo que diga la propaganda, no será larga. Los terroristas que defienden la zona están siendo rearmados y enviados a Deir ez-Zor, en el este de Siria, tal como denunciaba el líder de Hezbola Sayed Nasrallah el 11 de octubre "… los Estados Unidos quieren abrir el camino para los takfiristas del Daesh huyendo hacia al este de Siria" puesto que Alepo se da por perdida. A mediados de septiembre el Pentágono anunciaba la ofensiva sobre Mosul. La aproximación militar a la ciudad permitió la huida de 9000 combatientes del Daesh. El 19 de octubre el exgeneral Turki al-Hassan declaraba que alrededor de 800 terroristas habían llegado a Raqqa desde Mosul. Éstos se dispersarán por una zona que se extiende ente los dos grandes ríos, el Éufrates y el Tigris, y que abarca unos 70.000 km², con muy poca densidad de población pero con importantes recursos petrolíferos y agrícolas. Funcionarán como un ejército de reserva para mantener los golpes y atentados contra Iraq o Siria en un futuro. El 1 de noviembre, el ministro de Defensa británico, Michael Fallon, anunció que el Reino Unido reformará y entrenará al Ejército Sirio Libre, que ahora bombardea las zonas civiles controladas por el gobierno sirio en Alepo y es responsable directo de grandes matanzas en el país. Tres días antes, altos oficiales iraquíes denunciaron que helicópteros estadounidenses estaban suministrando armas a los grupos terroristas en la zona. La reconquista de Mosul será mucho más rápida de lo esperado, como sucedió con la victoria en Faluya de donde los defensores pudieron huir sin ser molestados por la aviación estadounidense y acudieron a reforzar las defensas de los grupos terroristas en Alepo.

En este momento las fuerzas populares iraquíes, que agrupan a militantes de múltiples confesiones religiosas (chiitas, sunnitas, azedies, católicos…) han cercado a los grupos terroristas desde tres lados. El cuarto quedó abierto temporalmente, lo que permitió la huida de miles de terroristas. La prensa libanesa recogió hace días la existencia de un acuerdo entre Estados Unidos y Arabia Saudita que permitió la huida de esos combatientes.

Además, se pretende que los kurdos iraquíes del clan del corrupto Barzani, aliados de Israel y Estados Unidos, participen también en la toma de Mosul igual que fuerzas turcas, a pesar de la oposición del gobierno iraquí. Los kurdos iraquíes pretenden anexionarse una parte de la provincia iraquí de Nínive. Erdogan, por otra parte, pretende posicionarse en la zona para reivindicar la anexión a Turquía de Mosul, Arbil y Kirkuk, en Irak, y Alepo, en Siria. De esta forma, se rememoraría el imperio otomano, derrotado en 1918 y disgregado en 1923 por el tratado de Lausana. En paralelo los contendientes dan por extinto el acuerdo Sykes-Picot (1916) que dibujaba las fronteras de los países de la zona.

Si tenemos en cuenta la propia orografía de la zona podemos entender cómo la liberación de las grandes ciudades en Siria o Iraq no implicará la desaparición del Daesh. En Siria, cuando sean liberadas Raqqa, Tabaka, Deir ez-Zor y Bou Kamal aún quedará una zona vacía de cerca de 60,000 km² al este del Éufrates cuya escasa población se concentra básicamente en las ciudades de Hasaka y Qamishli. Por ello, los Estados Unidos no están preocupados por la pérdida de Mosul. Siempre podrá reacomodar a los grupos terroristas, que financia y entrena, en la frontera entre Iraq y Siria, una zona rica en petróleo, gas y productos agrícolas. De nuevo Estados Unidos reservará el Frankestein terrorista que ha creado así podrá darle múltiples usos en el futuro. Los dirigentes norteamericanos no entienden que la criatura que han creado más tarde o más temprano acabará volviéndose contra ellos.

Publicado en el Nº 300 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2016

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