Cuba fue el primer país del mundo en eliminar la transmisión materno-filial de VIH y SífilisFidel, la revolución y el derecho a la salud Mientras en los países europeos hacíamos cundir la alarma con la epidemia de ébola en 2014, temiendo sólo nuestro propio contagio, Cuba enviaba a centenas de profesionales a las zonas más pobres y castigadas de África.

Eva Solla Fernández. Secretaria Xeral PC Galicia 09/03/2017

Escribir sobre Fidel Castro resulta fácil y a la vez complejo. Fácil porque Fidel es, y conviene trasladarlo en presente, una de las figuras más relevantes del siglo XX. Complejo, porque no pocas cosas se podrían contar de él, que, seguramente, estarían casi todas escritas.

Fácil, porque contar cosas positivas de su legado de derechos sociales y solidaridad es inevitable.

Complejo, porque el propio pensamiento del Comandante lo era. Muy complejo. Muy rico. Estratégico.

Desde mucho antes de la Revolución Fidel fue consciente de las desigualdades sociales.

Se podría pensar que un niño, un joven, que crece en el seno de una familia acomodada tiene, a priori, un futuro de comodidad asegurado y mayores dificultades para hacer suyo el padecimiento de la población campesina, trabajadora y pobre. Después de todo, ¿qué habría de perdérsele en esas penurias?

Nada más lejos de la realidad. La convivencia del niño Fidel con esa población rural inmensamente pobre en Birán, que habitaba en barracones en situación de semiesclavitud y en condiciones insalubres, lo hizo precisamente consciente de las desigualdades, de las injusticias sociales.

Unas condiciones de vida de alguna manera cercanas a la pobreza de la familia paterna en Láncara (Lugo). A pesar que, paradójicamente, tras emigrar Ángel Castro se convirtiese en un importante terrateniente.

Los principales logros de la revolución coinciden con lo enunciado por Rudolf Virchow a finales del siglo XIX: son las condiciones socieconómicas y materiales las que determinan en gran medida el nivel de salud de las personas. O lo que más adelante se dio en llamar "condicionantes sociales de la salud", la base de la medicina preventiva moderna.

Virchow advertía que las diferencias entre las clases sociales determinaban la situación sanitaria y que debería ser el Estado el encargado de garantizar las condiciones materiales de la población. El acceso a una vivienda, al agua potable, a una alimentación adecuada e incluso a la educación, fueron las bases de su modelo.

Virchow planteaba que "La medicina es una ciencia social y la política no es más que medicina en una escala más amplia". Así que la Revolución, con las importantes mejoras en las condiciones de vida de las clases desfavorecidas y del pueblo cubano en general, supuso un enorme acto de mejora de la salud global. No en vano, la mortalidad infantil en el país caribeño es la menor de todo el continente americano, pasando de 37,3 a 4,2 por 1.000 en la actualidad. Siendo este uno de los principales indicadores para medir la salud de las poblaciones y el acceso a derechos básicos.

El sistema sanitario en Cuba, el modelo preventivo y la investigación fueron una de las prioridades personales de Fidel Castro. Una prioridad que hizo que, pese a las restriccións económicas en gran parte debidas al embargo económico de los Estados Unidos de América y pese al relevante golpe económico sufrido en la década de los noventa, el sistema sanitario cubano siguiese prestando atención universal, gratuita y pública.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), Cuba es la nación que dispone de más profesionales de medicina por habitante en todo el mundo. Su distribución por las zonas rurales fue indispensable para acercar la atención sanitaria a la población del campo, con muchas dificultades de acceso en la etapa prerrevolucionaria.

Antes de 1959, la atención sanitaria se proporcionaba en Cuba a través de mutuas y grupos privados que exigían habitualmente el pago de cuotas regulares. Este hecho impedía el acceso a las personas con más bajos recursos, cuya única alternativa eran las Casas de Socorro para los casos de urgencia.

Por lo tanto, llegar a tener un centro de salud o un consultorio por cada 846 habitantes (en España un centro o un consultorio por cada 3.202), reducir la incidencia de enfermedades infecciosas o mejorar la atención a los mayores acompasando el ascenso de la esperanza de vida, son logros del sistema sanitario impulsado por Fidel Castro y su Revolución.

Las misiones de profesionales sanitarios de Cuba solidarias con muchos países del mundo, la mayoría en vías de desarrollo es de sobra conocida. Mientras los países europeos hacíamos cundir la alarma con la epidemia de ébola en 2014, temiendo sólo nuestro propio contagio, Cuba enviaba a centenas de profesionales a las zonas más pobres y castigadas de África. Como Guinea Conakri, Sierra Leona o Liberia.

Se cumplía así una continuidad en la ayuda cubana a los derechos civiles en el continente africano, que recibió durante años el apoyo y aliento empancipador en la lucha contra el colonialismo y el imperialismo. Millares fueron los cubanos que lucharon en la guerra en Angola.

Pero si de algo podía presumir Fidel era de la Misión Milagro.

En las entrevistas, como la que concedió a Ignacio Ramonet para sus memorias, el Comandante reseñaba precisamente este plan de salud óptica y oftálmica diseñado en conjunto con Venezuela. Algo del que sentirse orgulloso. No es para menos. 4 millones de intervenciones, 35 millones de gafas entregadas y decenas de millones de consultas en toda latinoamérica y países de otros continentes.

Recobrar o mejorar la vista, algo básico para vivir, trabajar y fomarse.

Todas estos hechos evidencian con claridad lo que anteriormente indicabábamos: la prevención, la promoción de la salud, la remoción de las barreras socioeconómicas, pero sobre todo la solidaridad, como pilares del sistema sanitario.

Este es el gran logro de la Revolución. El gran logro de Fidel.

Además, el sistema sanitario cubano se completó desde sus inicios con la investigación.

Resulta prodigioso que a pesar de las dificultades económicas Cuba fuera el primer y único país del mundo en producir la vacuna de la meningitis B desde el año 1985.

O el primer país del mundo en eliminar en 2015 la transmisión materno-filial de VIH y Sífilis.

Asombrosos son sus descubrimientos en materia de prevención secundaria del cáncer de pulmón, con el primer tratamiento que frena su avance y que tiene un coste de producón de tan sólo un dólar.

O el tratamiento para las úlceras del pie diabético, que podría permitir reducir el número de amputaciones debidas a ese mal.

Resumiendo, la salud de la población no sólo fue objetivo clave de la Revolución, sino que formó parte, en el pensamiento de Fidel Castro del paradigma de salud social, en los mismos márgenes en que Virchow la imaginaba.

Un ejemplo son las palabras del Comandante en la inauguración del II Congreso de Economistas del Tercer Mundo en el año 1981: "Cuidar la salud del pueblo, evitar sus sufrimientos y sanar sus enfermedades es una tarea, principalmente, de orden social y moral; pero también tiene un sentido económico, pues son los hombres y mujeres del pueblo los que crean los valores, y una población trabajadora, sana y fuerte, es imprescindible para el desarrollo".

Ojalá una centésima de este pensamiento estratégico de Fidel Castro Ruz nos acompañe a aquellas personas que aspiramos a conocer un mundo donde ser pobre no sea igual a morir temprano, donde el derecho a la salud no esté condicionado por las capacidades económicas. Donde sintamos el orgullo patrio de vivir en un país donde el cuidado de la vida humana sea el más hermoso de los valores.

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