Ni agradecido, ni pagadoEl 1 de Mayo fiesta también de las amas de casa En España hay 3,5 millones de mujeres que al quedar al margen del mercado laboral no gozan de derechos de huelga, jornadas reguladas, afiliación, ni pensión.

Begoña Marugán Pintos. Profesora de la Universidad Carlos III de Madrid y Adjunta de la Secretaría de la Mujer de la FSC CCOO 28/04/2017

Para conmemorar esta fecha hace unos años escribí: “¡Mujeres, el 1 de Mayo también es nuestro!”. Incitaba a las mujeres a compartir una celebración, aparentemente ajena, reivindicando la histórica y constante lucha obrerista femenina. En ella, las obreras, además de rebelarse contra los patronos, debieron enfrentarse a un movimiento obrero masculinizado y machista. Sin embargo, si entonces recordaba el hecho de que las mujeres han trabajado siempre y se han rebelado en contra de la explotación laboral y sexual a la que eran sometidas, hoy quiero recordar un trabajo olvidado: el doméstico y de cuidados.

A pesar de ser una labor necesaria para la continuidad de la vida y del resto del sistema económico, el trabajo reproductivo ha estado tradicionalmente olvidado el 1 de Mayo. Nos encontramos ante un trabajo vital que no es ni agradecido, ni pagado cuando se hace por las mujeres de la familia.

Se produce así la paradoja de que lo más valioso es lo menos pagado haciendo honor a la regla de que es un error confundir “valor” con “precio”. Y es por ello que en el Día del Trabajo quiero hablar del trabajo doméstico y de cuidados que las mujeres llevamos haciendo gratuitamente desde tiempos inmemoriales.

Esta proclama no solo viene a substanciar la consolidada demanda feminista de llamar a las cosas por su nombre y denunciar la metonímica sustitución de una parte –el trabajo asalariado- por el todo –el trabajo pagado, doméstico y de cuidados, voluntario, ilegal o participativo y político-, sino que se formula tras secundar el pasado 8 de Marzo el Paro Internacional de Mujeres convocado por asociaciones de 48 países. Con esta acción se pretendía romper simbólicamente con las fronteras estatales -en las que se está ejerciendo una crueldad sin límites- para proclamar que la raíz de la explotación, la dominación y la violencia que padecemos las mujeres es la misma en todo el mundo. Pero además, el Paro de Mujeres quería poner al descubierto la importancia de lo reproductivo y la continuidad entre lo productivo y lo reproductivo. ¿Cómo podríamos llegar cada mañana a nuestro lugar de trabajo en las condiciones que lo hacemos si alguien no se ocupara de comprar, cocinar, limpiar el hogar, alimentar y cuidar a los bebes, de llevar al colegio a las niñas y niños pequeños, de administrar los medicamentos a las personas enfermas, de lavar y planchar la ropa o de atender a las mascotas?

El trabajo doméstico y de cuidados es fundamental en el circuito macroeconómico. La economía productiva sin el trabajo doméstico no puede subsistir. Las actividades que se realizan bajo este trabajo doméstico y de cuidados están destinadas a criar y mantener personas saludables con estabilidad emocional, seguridad afectiva, capacidad de relación y comunicación que son características humanas indispensables para el buen funcionamiento de la esfera mercantil capitalista, sin las cuales la economía de producción no sería posible.

A pesar de la progresiva incorporación de los hombres a las tareas domésticas, los datos demuestran que de éstas socialmente se sigue haciendo responsables a las mujeres. De este modo se perpetúa la división sexual del trabajo, sobresaturando a las mujeres que desarrollan una actividad fuera del hogar con una doble jornada. Pero no sólo hay mujeres empleadas sobresaturadas, sino que también hay amas de casa ignoradas.

Según los datos de la Encuesta de Población Activa, en el momento actual hay en España 3.752.900 personas (de ellas el 90% son mujeres) consideradas “inactivas” al dedicarse a las labores del hogar. Casi cuatro millones de personas que al quedar al margen del mercado laboral no gozan de determinados derechos como el de huelga, jornadas reguladas, afiliación, retribución (más que en especie), pensión por el trabajo realizado y a las que además no tienen en cuenta las organizaciones sindicales y laborales.

Por todas estas razones y si un día incité a las mujeres a reivindicar como propia la Fiesta del Trabajo, hoy animo a las amas de casa a conmemorar el 1 de Mayo también como su fiesta.

Publicado en el Nº 306 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2017

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