Arabia Saudita ya tiene su “casus belli”Arabia Saudita versus Catar; intervención a la vista

Eduardo Luque Guerrero 26/06/2017

La designación de Mohamed ben Salmán como príncipe heredero de Arabia Saudita es la pieza clave de Israel y EEUU en su intento de destruir Irán. El nuevo jerarca desarrollará una política más agresiva en la zona. Las acciones y reacciones de los países implicados alcanzan en estos días su apogeo. La reunión mantenida por Trump y las autoridades saudíes en mayo pasado pretendía tres grandes objetivos: el primero la designación de Mohamed ben Salmán como príncipe heredero; el segundo, la normalización a medio plazo de las relaciones con Israel; la tercera, la intervención saudita en el pequeño reino catarí. Arabia Saudita ha presentado un ultimátum con trece exigencias inasumibles, desde cualquier punto de vista, para la monarquía catarí (sería reconocer de facto que el país deja de ser tal y se convierte en un protectorado). Doha a través de los mediadores kuwaitíes ha rechazado estas imposiciones y pide tiempo para continuar las negociaciones. Arabia Saudita ya tiene su “casus belli”.

Todas las piezas en este complejo tablero se reordenan. Los intereses son múltiples y se entrecruzan. Turquía ha decidido apoyar a Catar ampliando su base militar en ese país. Ankara rompió su aislamiento político proyectándose hacia el pequeño emirato, mientras mantiene aún la fantasía de la expansión territorial. A pesar de eso, Turquía sostiene excelentes relaciones con el régimen de Israel que es el auténtico promotor de este conflicto. Pakistán ayudará al pequeño emirato catarí enviando miles de hombres en un intento de disuadir la acción militar de Riad. Israel, que se posiciona al lado de Arabia Saudita, ha desplazado 15 aviones de guerra a los aeropuertos saudíes con la excusa de evitar un “golpe de Estado”. Trump quiere definir un nuevo eje estratégico que pasa por hacer de Israel un socio político y comercial para los países del golfo. En paralelo, una parte del gobierno “en la sombra” de EEUU, incluidos importantes militares, porfían en conseguir, a través de las provocaciones contra Rusia, una reacción extemporánea de Moscú que procure una escalada entre las dos potencias nucleares.

La crisis de Catar muestra el nivel de implicación de Tel Aviv en el conflicto sirio y en la reconfiguración de Oriente Medio. Netanyahu y Trump entienden que el auténtico enemigo a batir es Irán. Su destrucción impediría que China pudiera extender “la nueva ruta de la seda” hacia África y Europa. En estos momentos, Irán está apoyando al pequeño emirato con alimentos y productos básicos a través de un puente aéreo y marítimo, pero combate a los grupos terroristas que Doha financia. Por ello, una de las condiciones que quiere imponer la casa Saud es que Doha renuncie a comerciar con Teherán y se una a la alianza internacional organizada en torno a Israel y Arabia Saudita para atacar al país persa. Trump ha decidido convertir en humo el tratado de no proliferación nuclear firmado con Irán en la época Obama. Los atentados del 5 de junio en Teherán claramente llevan el sello de Riad. Los dos países (Arabia Saudita e Irán) se están acercando al borde del abismo de una crisis diseñada por Israel, Arabia Saudita y Estados Unidos. El 24 de junio, Riad elevó la tensión atacando a pesqueros iraníes y matando a algunos tripulantes.

Con todo, la posición saudita no deja de ser muy delicada. La ruinosa guerra en el Yemen ha demostrado la incapacidad del ejército para imponerse contra el país más pobre de África. La deuda exterior se multiplica, alcanzando este año los 90000 millones de €. Como hemos señalado en anteriores escritos (“Arabia Saudita abre la caja de Pandora”, en imprenta) Riad precisa de las riquezas del emirato para continuar su política exterior. Por otro lado, un paso atrás de Riad o el fracaso de su iniciativa sería evidenciar las carencias de ese país y reforzar la posición iraní. Catar no tiene ejército digno de ese nombre, pero tiene grandes amigos que le apoyan.

Teherán ve con agrado las divergencias entre Riad y Doha. La larga partida de ajedrez en la zona se inclina hacia el país persa, que ha demostrado sus capacidades militares con el apoyo a la guerra en Siria y con el lanzamiento de misiles balísticos contra los grupos terroristas. Estos misiles eran algo más que una venganza por los atentados en Teherán del 7 de junio; también incluían el mensaje de Irán puede alcanzar objetivos muy distantes. Nadie en la zona es inmune a las represalias iraníes. Israel, las monarquías teocráticas, Washington… todos han tomado nota.

El escenario se complica. El “oportuno” atentado frustrado en la Meca ha sido aprovechado por la inteligencia saudí para acusar a fuerzas extranjeras. El “responsable” (está aún por ver a quien se le atribuye) sólo puede ser o Catar o Irán. El escenario se prepara para que, apelando a los sentimientos religiosos, se pueda focalizar hacia los enemigos exteriores. Dada la apuesta que hay sobre el tablero Riad sólo puede intervenir en Catar con la guerra o un “golpe de Estado”.

Para Rusia la crisis en torno a Catar tiene claros y oscuros. Por un lado, es ventajosa ya que ahora las disputas internas entre los países que financian el terrorismo sirio permiten que las fuerzas obedientes a Doha dejen de combatir. Pero por otro, el nivel de provocaciones de EEUU e Israel, instigadores de la actual crisis, aumenta hasta límites inauditos: al margen de derribar un caza sirio y un dron iraní, se permitieron acosar al ministro ruso de defensa durante su reciente viaje a Kaliningrado, hasta el punto que los cazas rusos de protección tuvieron que alejar a los intrusos mostrándoles su armamento.

La victoria del ejército sirio ha trastocado la situación en el siempre conflictivo Golfo Pérsico. Tanto Israel como Ankara, Washington, Riad, Doha, Londres o París habían financiado los grupos terroristas que actuaron desde el primer minuto en Siria y daban por hecho la caída del gobierno de Al-Assad. Nadie quiere recordar cuando “Le Monde Diplomatique" proponía el exilio dorado de la familia Assad en algún lugar de Siberia. Todo Occidente entonaba la misma canción, hablaban de un país que no conocían. La partida de Al-Assad debería ser la condición previa a la solución del conflicto. La tozuda realidad demuestra lo contrario: la resistencia del Estado sirio, con su presidente a la cabeza, es la piedra angular de la reconstrucción nacional.

La resistencia del pueblo sirio y la victoria que se otea en el horizonte ha trastocado completamente la ecuación. Rusia que corría el riesgo de un aislamiento acelerado por culpa de la crisis ucraniana ha reforzado su posición. Su apertura hacia el eje chino le ha permitido la proyección de su capacidad militar y política. La coalición ruso-iraní se ha reforzado enormemente lo que ha obligado a EE. UU. a reconsiderar su estrategia.

El escenario ha cambiado tanto y de forma tan drástica que lo inimaginable ayer se concreta y se hace realidad hoy. Pocos años atrás, la posibilidad de que Turquía, Rusia e Irán apoyaran a Doha frente a Riad parecía un oxímoron político. En 2011 Catar financió la “primavera árabe siria” cuando Damasco prefirió el oleoducto iraní al catarí; hoy, los dos antiguos enemigos colaboran juntos y la nueva alianza se percibe como lógica. Como venimos diciendo, los cambios tectónicos que se han producido en la situación político-militar del Medio Oriente, hacen real lo imposible.

Detrás del intento para aislar Irán, se oculta el interés estadounidense en que China no pueda desarrollar su “nueva Ruta de la Seda” que, precisamente, tiene esa zona como uno de sus ejes terrestres. La incorporación de India y Pakistán a la “Organización de Cooperación de Shanghái”, dirigida por Pekín, ha reforzado las perspectivas de ese proyecto. Irán tiene el estatuto de país observador. Dentro de poco será reconocido como estado de pleno derecho. En este momento, esa Organización por PIB y población, es la más importante del mundo muy superior a G8. EEUU ve con horror como el peso de la economía mundial y de los intercambios comerciales se inclina hacia el eje asiático. Toda la política exterior de Trump, como la de Obama anteriormente, esta enfoca a parar a China. Mientras, otras alianzas militares se están dibujando sobre la mesa: Rusia e India realizarán sus segundos ejercicios militares en otoño de este año.

Una de las respuestas de Trump es convocar una cumbre para unir a los países árabes y promover la integración israelí en ese grupo. Estamos frente a un nuevo “Camp David”, 40 años después. Arabia Saudita e Israel hace mucho que están en negociaciones. Los acuerdos con la parte israelí y la saudí se formalizaron en la reunión del mes de mayo. El 20 de junio el jefe del estado mayor de israelí se refería públicamente a las relaciones encubiertas entre Israel y los países de Oriente Medio. Trump parece decido a aplicar la “mano dura” en la zona, sin hacer caso a su Secretario de Estado, Jamen Mattins, que aboga por profundizar la vía diplomática. El presidente ha ido tan lejos en sus declaraciones como para decir que el cambio de política de Catar sería un paso importante hacia la resolución del problema del terrorismo. Arabia Saudita pretende establecer su propio dominio político dentro de la región. Se habla de una “OTAN sunnita”, la política exterior independiente de Catar enfrentada en ocasiones a los intereses saudíes en Siria y Libia, así como el acercamiento a Irán y Rusia, hace que Trump apoye la creación de esta organización política y militar.

Una duda planea en el ambiente: no sabemos si la administración Trump ha obligado a Arabia Saudita a iniciar este conflicto o ha sido al revés. Aprovechando su posición ventajosa en la próxima cita de la OTAN en Polonia EEUU intentará exportar su gas de esquisto a Europa, lo que convierte a Catar en un competidor indeseable. Los EEUU ampliarán su papel como exportadores de gas en el futuro, lo que inevitablemente los hará chocar con Rusia, Catar, Irán e incluso Arabia Saudita. El objetivo sigue siendo Europa, un continente que permanece silencioso frente a una crisis que le afecta directamente. Las proclamas contra Washington cada vez son más duras, pero: ¿hasta dónde será capaz la canciller Merkel de separarse de Trump, cuando Alemania no deja de ser un país ocupado por las bases norteamericanas de la OTAN? Al mismo tiempo, Alemania ve con espanto como la invasión de Catar puede representar un golpe importante para su economía. Los fondos soberanos cataríes tienen muchísimo peso en la industria automovilística y química alemana. Las inversiones alemanas para asegurar el suministro del gas ruso peligran dada la política de Trump. Para EEUU el mercado europeo del gas es muy importante, por ello parte del cerco militar y económico hacia Rusia tiene como finalidad cambiar de proveedor de hidrocarburos y que las empresas norteamericanas sustituyan a las rusas.

Asistimos a una confrontación muy grave y potencialmente explosiva. Teniendo en cuenta la histórica subordinación de los dos países hacia EEUU que esta potencia no sea capaz de controlar la situación como hubiera hecho con anterioridad demuestra la fragilidad de su Imperio. Tanto a Trump como a su antecesor se le acumulan conflictos a los que no es capaz de dar salida: el brexit, la creación de una UE a dos velocidades, el enfrentamiento entre Turquía (hasta anteayer su gran aliado en la zona) la UE y la OTAN, el conflicto con el TTIP…

El escenario ha cambiado tanto y de forma tan drástica que hoy lo inimaginable ayer se concreta hoy, aunque la noche seguirá pariendo monstruos.

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