Entrevista Secretario General del PCEEnrique Santiago Romero: “La unidad popular no es una opción, es una obligación” “En estos momentos la defensa democrática de las libertades públicas se convierte en un eje fundamental de la lucha del Partido que más ha luchado por la libertad y la democracia en España“.

J.M. Mariscal Cifuentes. Director de Mundo Obrero 04/05/2018

Enrique Santiago (Madrid, 1964) ha sido elegido como nuevo Secretario General del PCE. Bregado en la defensa incansable de los derechos humanos, en el internacionalismo solidario y en la persecución de la corrupción y de los delitos de lesa humanidad, su buen oficio como abogado se ha dejado sentir en casos tan relevantes como el asesinato de José Couso, el procesamiento de Pinochet y Scilingo o la querella Bárcenas.

Enrique, con una amplia trayectoria militante, atiende las preguntas de Mundo Obrero en medio de una semana frenética de atención a los medios y a las tareas más inmediatas de su nueva e ilusionante responsabilidad.

MUNDO OBRERO: Has asumido la Secretaría General del PCE con una enorme humildad, ¿qué supone para Enrique Santiago esta responsabilidad?
ENRIQUE SANTIAGO:
Los y las comunistas tenemos una gran vocación de servicio a nuestro pueblo y a la sociedad, somos gente que entendemos que hay que trabajar en colectivo y organizadamente, porque es la única manera de transformar. Desempeñar la Secretaría General del Partido es un inmenso honor y un gran reto. Es el partido sin el cual no se entendería la reciente historia de España hasta nuestros días y es, sin duda, el único partido que en su trayectoria se ha caracterizado por una defensa en primera línea de la democracia y de los derechos fundamentales de todo el pueblo español, en las condiciones más adversas, en la II República, que nacía recibiendo ataques constantes de las fuerzas reaccionarias que durante cientos de años han gobernado; resistiendo en una guerra de agresión internacional fascista contra la democracia; en solitario en la clandestinidad luchando contra la última dictadura fascista de Europa; impulsando la Reconciliación Nacional sin odio ni rencor, a pesar de todo lo que había sufrido nuestro partido y nuestra militancia. Cualquier comunista piensa que es un honor inmerecido. Claro que surgen dudas de si vas a estar a la altura de las circunstancias, porque sabes que hay, no solamente camaradas, sino también mucha gente implicada en nuestro pueblo que pone esperanzas en el trabajo que hagamos. Es una gran responsabilidad y desde luego no es un sillón en el que estar descansando, de eso estoy seguro. La Secretaría General requiere mucho trabajo, moverse mucho, atender los problemas sociales, políticos y económicos de los territorios del Estado. La verdad es que aún no me he sentado en un despacho. En todo caso, los comunistas siempre hemos tenido ese sentimiento colectivo de dejar de lado consideraciones individuales, y cualquier militante comunista asumiría esta responsabilidad como yo lo estoy haciendo.

M.O.: Tu trayectoria en el ámbito jurídico, siempre desde la defensa de los derechos humanos, así como tu experiencia internacional te permite ver la realidad española desde una amplia perspectiva, insertando la realidad de nuestro país en lo que está aconteciendo en el mundo. ¿Cuál es el análisis que el Secretario General del PCE hace de la realidad del país?
E.S.:
No hay una democracia. Democracia es el gobierno del pueblo y para el pueblo, que el pueblo tenga la capacidad de controlar los resortes reales del poder en los ámbitos de toma de decisiones que afectan a la vida de las personas. Las instituciones democráticas recogidas en nuestra Constitución solo permiten participar en la conformación del Poder Legislativo, y de forma limitada, ahí está la injusta ley electoral. No se permite la participación a la hora de elegir el Poder Ejecutivo, ni en elegir el Poder Judicial o en controlarlo, y esto en el terreno estrictamente político. En materia económica nuestra democracia no contempla ningún mecanismo, ni de participación ni de control, de las instituciones que toman las grandes decisiones que afectan a nuestra vida cotidiana. También hay enormes carencias en materia de democracia ecológica, feminista o en materia de derechos humanos, facetas que escapan al control, a la intervención y la participación de la ciudadanía. Y a todo esto hay que sumar el neoliberalismo, el adelgazamiento hasta su desaparición de las normas de convivencia sustituyéndolas por la ley del más fuerte, un retroceso histórico, una involución con respecto a los hitos que la Revolución Francesa o la Revolución Soviética planteaban. Estamos volviendo a regímenes y a modelos donde gobiernan las minorías oligárquicas con penosas consecuencias como la degradación de la calidad de vida de las personas, del medio ambiente, recortes en las pensiones, en los servicios sociales, en la sanidad o la educación públicas y la desaparición del derecho al trabajo. Ningún trabajador ostenta el derecho a conservar su puesto de trabajo y el hecho de tener un empleo no garantiza no ser pobre. El trabajo precario, el trabajo indigno que nos reduce a una condición de siervos. En España hoy, lo que es una novedad histórica, hay cada vez más núcleos familiares en situación de pobreza que no están en paro, tener un puesto de trabajo en absoluto permite tener satisfechas las necesidades básicas. En definitiva, se trata de un sistema configurado de forma injusta y los comunistas no aceptamos que éste sea el orden natural de las cosas, el orden natural es aquel que permite que todos y todas seamos iguales y donde colectivamente se respeten no solamente los derechos civiles, sino también los derechos económicos y sociales. A los y las comunistas nos toca trabajar para alterar de raíz esta situación.

“La desaparición del derecho al trabajo nos reduce a una condición de siervos“


M.O.: ¿No te parece que mientras más escuchamos la expresión “imperio de la ley”, más retroceden las libertades civiles y los derechos sociales?
E.S.:
Hay leyes justas y leyes injustas, es lo primero que te enseñan en la Facultad de Derecho, que algo sea legal en absoluto significa que sea justo, son conceptos absolutamente diferentes. El resultado de la falta de control democrático de las instituciones por el pueblo es una legislación cada vez mas restrictiva. En el capitalismo, toda ofensiva contra los derechos económicos y sociales va acompañada de una restricción de los derechos civiles y políticos, para evitar la protesta y las movilizaciones. Es lo que está ocurriendo hoy día, aprovechando los sucesos políticos en Cataluña el Tribunal Supremo está construyendo una doctrina que va a aplicar más allá del independentismo. Cualquier movilización masiva, si revindica algo contrario a la ley, por ejemplo la derogación del artículo 135 de la Constitución, se convierte en una coacción violenta al Estado y por lo tanto se considera rebelión y debe de ser represaliada penalmente. En España hay una involución a la hora de aplicar las leyes por parte del Poder Judicial. La ciudadanía debe ser consciente y no debería permitirlo. Tenemos una democracia de escaparate, hay un cristal a través del cual puedes ver los derechos incluidos en la Constitución, pero no puedes acceder a ellos.

M.O.: Tanto las conclusiones de XX Congreso como los informes aprobados en sendas sesiones del nuevo Comité Central ligan la estrategia de ruptura democrática con la construcción de unidad popular. ¿Cuál es el papel que el PCE tiene que jugar en ese proceso? ¿Cómo casa la construcción del Bloque Político y Social con la confluencia de cara a las elecciones del próximo año?
E.S.:
Cuando nos enfrentamos a un sistema que causa tanto dolor a nuestro pueblo, se evidencia la necesidad de un cambio que objetivamente necesita la mayoría. Eso significa que tenemos que sumar a las luchas por la transformación, por los cambios políticos y económicos, a sectores cada vez más amplios de nuestra sociedad. En el ADN del movimiento comunista está la conformación de amplias alianzas populares. Precisamente los y las comunistas tenemos un sólido bagaje ideológico y político que nos permite analizar la realidad y diseñar estrategias para la transformación revolucionaria de la sociedad. La unidad popular no puede perjudicarnos, ni difuminarnos. Nuestro reto es sumar a amplios sectores sociales a nuestras propuestas de lucha y de transformación, eso con un militancia, a nivel cuantitativo, muy por debajo de lo que yo entiendo que debería ser la militancia del PCE. Nuestra obligación es conformar esa mayoría política alternativa y transformadora con sectores que no son comunistas. A partir de ahí la unidad se hace en torno a dos vectores: el de la organización del conflicto social, de las luchas, y el de las expresiones electorales, y en una democracia formal como ésta, ambos componentes son importantes. Uno para revindicar nuestros derechos y organizar la resistencia y otro para ir ocupando espacios en las instituciones para gobernar a favor de la mayoría. Tenemos que abordar ese proceso con las distintas identidades de progreso que hay en la sociedad. La unidad popular no es una opción, es una obligación. Y no podemos aspirar a hacerla únicamente con aquellos que tienen nuestra misma identidad política, sino con todos aquellos que objetivamente están interesados en los cambios que estamos demandando. La unidad popular no es un concurso de ideologías ni de herencias políticas, sino que se construye en torno a propuestas y programas. Creo que las posiciones contrarias a la convergencia ocultan angustia y miedo, quizás a lo desconocido. Pero la militancia comunista no puede consistir en confrontar en las sedes entre los que pensamos igual, sino que tiene que darse fundamentalmente en la calle. Los que crean que avanzar en la convergencia significa difuminarnos deberían tener más confianza en nuestro bagaje histórico y cultural y sobre todo en las herramientas que utilizamos para analizar la realidad y para transformarla, la psicología diría que se trata de un problema de autoestima. Tenemos que dejar de vernos como algo marginal, dejar de pensar que vamos a ser rechazados. Los y las comunistas siempre hemos sabido estar a la altura de las demandas de nuestro pueblo. Menos miedo, más autoestima, más valentía política, más convencimiento en nuestra ideología y en nuestros imbatibles métodos de análisis de la realidad.

“Tenemos una democracia de escaparate, nos dejan ver nuestros derechos pero no podemos acceder a ellos“


M.O.: Los cambios organizativos adoptados por el XX Congreso responden a la estrategia política, y aunque alguien puede pensar que se trata de cambios meramente nominales, -agrupación por núcleo, Comité Central por Comité Federal, etc.- suponen una auténtica revolución interna
E.S.:
No va a ser fácil implementar los cambios en el modelo organizativo, pero sí es sencillo de explicar: no podemos tener una militancia que utiliza el 80% de su tiempo de militancia en el mantenimiento de estructuras organizativas internas o electorales, de hecho, el crecimiento de esta estructuras se producirá en la medida en que seamos capaces de acercar gente a nuestras filas y eso sólo lo conseguiremos incrementando nuestra presencia en el conflicto. El objetivo es dar la vuelta a esa proporción, es decir, que el 80% de la actividad militante se dedique a organizar, a estimular y a movilizar a nuestro pueblo en torno al conflicto social, algo que sin embargo no puede significar desatender las estructuras del Partido, ni las estructuras electorales o del movimiento político en el que trabajamos, que es Izquierda Unida. Se trata de aumentar la eficiencia del trabajo militante, con una organización unitaria que evite reproducir las responsabilidades internas y que consolide el activismo fuera de nuestras sedes. Lo digo en sentido figurado, claro, porque nuestros locales se deben convertir en lugares de encuentro y de organización del conflicto social, convirtiéndolos en casas de la cultura, del debate, de organización de los trabajadores y trabajadoras precarios, de extensión de la Red de Solidaridad Popular,... ojalá convirtiéramos todos los locales en nuestro Partido en centros de agitación política volcados hacia la sociedad.

M.O.: Hemos identificado así mismo los problemas que conlleva la doble militancia, en el PCE y en IU, y hemos rechazado el carácter de partido político que tiene IU. ¿Cuál es el papel de los y las comunistas en IU? ¿En qué debe convertirse IU?
E.S.:
La XI Asamblea de Izquierda Unida señaló con claridad cuáles eran las limitaciones de este movimiento político y social que, como bien dices, ha acabado pareciéndose demasiado a un partido, y trazó una estrategia adecuada para intentar alterar esta situación. Una estrategia que coincide con la que entendíamos desde el PCE y que ha sido aprobada y refrendada en el XX Congreso. Izquierda Unida esta llamada a superarse, que significa trascenderse en un movimiento político y social de una más amplia base social, de una muy superior base social a la que tenemos en este momento y para eso Izquierda Unida tiene que abandonar el funcionamiento como partido e ir a un funcionamiento articulado sobre redes, redes de opinión, de activistas, de comunicación, culturales... es decir una estructura más etérea pero a la vez más eficaz. Tiene que haber una muy buena coordinación entre el trabajo del Partido y otras fuerzas políticas que están en IU con la propia Izquierda Unida, de forma que esas redes se nutran esencialmente del trabajo de las distintas áreas, secretarías y activistas, si eso lo sabemos combinar adecuadamente con un incremento de la organización del conflicto social será mucho más sencillo trascender Izquierda Unida y constituir un movimiento político y social de más amplia base que se amplíe en torno a la movilización. Me parece que ha habido análisis bastante simples, en algunas ocasiones, pensando que la superación de IU es algo formal, que es poco menos que dejar de utilizarla, para según qué actividades, y comenzar a actuar con otras personalidades jurídicas ya sea la del propio Partido Comunista de España u otras. No. Superar Izquierda Unida no es abandonar Izquierda Unida. Superar Izquierda Unida es fortalecer y ampliar su base social y converger con otros actores en un nuevo movimiento político y social que sea mucho más representativo. En eso es en lo que va a estar el PCE.

“Superar Izquierda Unida no es abandonar Izquierda unida“


M.O.: Y a Podemos, ¿tenemos que mirarlo mucho, tenemos que mirarle poco?
E.S.:
La izquierda y los sectores transformadores deben alegrarse de que en nuestro país ahora mismo haya un Grupo Parlamentario que apuesta por el cambio, por acabar con las injusticias del sistema y por garantizar todos los derechos humanos, económicos, civiles, políticos y sociales de nuestro pueblo. Un grupo compuesto por 70 diputados y diputadas, que es algo que no ha pasado nunca en la historia de España, eso es un hecho. España está mejor hoy que cuando no existían las Mareas, En Común o Podemos y quien no quiera verlo está cayendo en la irreductibilidad identitaria. Decir que no es bueno que haya otras expresiones de la izquierda si no están en Izquierda Unida, como poco es sectario, máxime cuando quienes más lo esgrimen son quienes han venido defendiendo pactar sin programa con un Partido Socialista al servicio del neoliberalismo, incluso han pactado con el PP en ayuntamientos y parlamentos autonómicos o se suman a las posiciones del nacionalismo conservador para despreciar el evidente carácter plurinacional de España. Podemos es Podemos, Izquierda Unida es Izquierda Unida y el PCE es otra cosa distinta a esos dos actores políticos. Creo que el Partido Comunista de España tiene la obligación de intentar llevar su hegemonía política a todos los ámbitos que cuestionan el régimen y eso incluye otros movimientos políticos, por supuesto. En ese sentido el Partido Comunista de España tendrá las mejores relaciones posibles con cualquier otra organización que coincida con nosotros en un programa de transformación de la realidad y de garantía de todos los derechos para nuestro pueblo. Podemos no es el adversario del Partido Comunista de España ni de Izquierda Unida. Podemos responde a otra realidad. Ojalá pudiéramos trascender todo lo que hay ahora mismo organizado en torno a ese grupo parlamentario de 70 diputados y diputadas y avanzar en sujetos políticos más unitarios. Ojalá, pero mientras no sea posible, nuestra obligación es incrementar al máximo los niveles de coordinación estratégica para alcanzar nuestros objetivos y el que piense que eso nos va a diluir, insisto, tiene muy poca confianza en el proyecto político en el que milita.

M.O.: ¿Cuáles son las tareas inmediatas que vas a impulsar como Secretario General?
E.S.:
La agenda de trabajo que nos hemos marcado es múltiple. Es esencial abordar la coordinación de la izquierda en la Unión Europea, es una cuestión estratégica. Es cada vez mayor el porcentaje de decisiones que se toman en las instituciones europeas y que afectan a nuestra vida cotidiana, arrebatando soberanía a los Estados y, contrariamente a lo que ha hecho la derecha en el neoliberalismo, que están perfectamente coordinados, en la izquierda tenemos una coordinación muy débil y carecemos incluso de un proyecto estratégico para la vinculación de los distintos pueblos de Europa. Lo hemos analizado en el Congreso y hemos decidido apostar por conseguir un modelo de unidad y de vinculación de los pueblos de Europa que respete la soberanía nacional y los derechos humanos, políticos y sociales, algo incompatible con la UE. Ese trabajo no lo podemos hacer solo en nuestro país, sino que hay que hacerlo coordinadamente con el resto de fuerzas de izquierda de Europa. Otra tarea importante es la organización de las contradicciones en torno a la organización del conflicto social, y en estos momentos la defensa democrática de las libertades públicas se convierte en un eje fundamental de la lucha del Partido que más ha luchado por la libertad y la democracia en España. Vamos a seguir haciéndolo y aspiramos a volver a ocupar ese puesto de vanguardia en la lucha por las libertades: acabar con las limitaciones a la libertad de expresión y manifestación y acabar con la criminalización de la protesta social. Nuestro pueblo debe tener capacidad de expresarse y de conservar y expandir los ámbitos de libertades que formalmente nos garantiza el actual modelo constitucional. En ultimo lugar, dos cuestiones íntimamente relacionadas: impulsaremos la adecuación de nuestras estructuras de funcionamiento para perseguir nuestro principal objetivo, la unidad popular en torno a programas de cambio y transformación social.

M.O.: De entre todos los conflictos y contradicciones que hay qué organizar, ¿destacarías alguna?
E.S.:
Sin ninguna duda las que afectan al mundo del trabajo. Los comunistas entendemos que la clase trabajadora, la clase obrera, existe y forma parte de ella mucha más gente de la que asume su pertenencia a dicha clase. Es trabajador todo aquel que depende para subsistir de su fuerza de trabajo, al margen de que esa fuerza de trabajo la utilice en una fábrica, en una oficina, en su casa delante de un ordenador, tele-trabajando o pedaleando en una bicicleta haciendo repartos de comida rápida. Tras siglos de lucha de la clase trabajadora para ganar y consolidar libertades y derechos, la pérdida de la conciencia de pertenencia a la propia clase ha permitido que el sistema pueda limitar y restringir, cuando no eliminar, esos derechos y libertades. Nos parece fundamental volver a recuperar ese concepto de pertenencia a las clases trabajadoras y asumir la defensa innegociable del derecho al trabajo y a una vida digna.

M.O.: Llevas meses visitando las organizaciones en los territorios y vas a continuar haciéndolo
E.S.:
Las visitas de esta dirección no son visitas de lucimiento, son visitas para conocer los problemas concretos de las organizaciones, para conformar las estrategias de trabajo y para sobre todo establecer los mecanismos de apoyo al trabajo del Partido. La estructura del Comité Central está a disposición y al servicio de todas las estructuras territoriales de nuestro Partido. Un Partido al que, 41 años después de su legalización, estamos orgullosos de pertenecer. Unidos en torno a los acuerdos, con nuestro bagaje histórico, cultural e ideológico, somos invencibles.

Publicado en el Nº 316 de la edición impresa de Mundo Obrero mayo 2018

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