La Retranca

La caridad cristiana y el Capital La caridad es dar lo que sobra y, sin embargo, la solidaridad es compartir lo que se tiene.

Dolores de Redondo 20/11/2018

Entre las pocas cosas que recuerdo con cierto cariño de mi paso por un colegio de monjas, se encuentran aquellas campañas de caridad en las que nos involucrábamos por la placentera sensación de hacer el bien mientras recaudábamos fondos para las personas pobres. Por ejemplo, el mercadillo de Navidad y las tómbolas realizadas con objetos o juguetes teóricamente sobrantes en nuestras casas, que por fin encontraban una provechosa utilidad. O aquellas campañas del Domund, donde salíamos con nuestras huchas selladas a recaudar fondos para las misiones colocando pegatinas en las solapas de quienes colaboraban con sus monedas e, incluso a veces, con sus billetes. Todo ello después de un entrenamiento riguroso donde nos hartaban de increíbles historias de personas pobres curadas por efecto de la divina providencia, y de santos misioneros que sufrían el martirio por su lucha frente a las injusticias y el hambre mientras evangelizaban a salvajes en países remotos.

Poco después descubrimos que la caridad es dar lo que sobra y, sin embargo, la solidaridad es compartir lo que se tiene. En esa escuela de ateísmo que son los centros religiosos, muchas aprendimos las contradicciones entre lo que las “hermanitas” y los “padres” predican y lo que realmente hacen. Nos preguntamos por el destino de los fondos recaudados con esmero aprovechándose de la inocencia infantil, mientras el Concordato con el Vaticano vacía las arcas públicas y les exime de sus obligaciones fiscales. O por qué decían luchar contra la pobreza si eran cómplices de las personas más pudientes y adineradas de la ciudad, que mantenían en la precariedad a sus trabajadores o gobernaban desde las instituciones generando más pobreza. Sin ir más lejos, aquella orden religiosa que nos predicaba la austeridad y la caridad terminó creando una SICAV.

De hecho la caridad siempre ha entrado en muchos corazones que quieren cambiar el mundo. Insignes personalidades han pasado a la historia por su labor altruista y su participación en actos benéficos de todo tipo, desde cenas de gala a conciertos, pasando por postulaciones populares, telemaratones y saraos de todo pelaje. El pasado 4 de octubre la reinas Leticia y Sofía, por ejemplo, presidieron sendas mesas de cuestación en Madrid para celebrar el “Día de la banderita” organizado por la Cruz Roja a favor de la infancia y la adolescencia en dificultad social. Siguen la estela de almas caritativas como la esposa del Caudillo, que tenía al país acostumbrado a multitud de actos donde también había entrado dios. El franquismo desarrolló una campaña en los años 50 bajo el lema “Siente usted un pobre en su mesa”, que consistía en la recogida de donativos de alimentos y ropas en Navidad a través de la Juventud de la Medalla Milagrosa. El genial Luis García Berlanga se inspiró en esta campaña para su película Plácido, donde un trabajador, asfixiado por la necesidad de abonar la primera letra del vehículo con el que trabajaba, era invitado a cenar en una casa rica por gentileza de Ollas Cocinex.

En una cena benéfica de la Fundación Libertad, Mario Vargas Llosa felicitaba a Mauricio Macri por tomar medidas “valerosas” y “audaces” en su país, fortaleciendo la democracia frente a los “desvaríos del populismo que sacrifica el futuro inmediato por un presente que se desvanece cuando uno se acerca a la realidad como se desvanecen los espejismos”. Vargas Llosa, presidente de la Fundación Internacional para la Libertad, organizó el pasado 5 de julio en Madrid el XI Foro Atlántico, bajo la consigna: "América Latina y Europa, populismos, nacionalismos y retos democráticos: Una agenda de futuro", con disertadores tan insignes como Albert Rivera, Arcadi Espada o Álvaro Vargas Llosa. Es lo que tienen los misioneros de la caridad católica, que recorren los países empobrecidos de espíritu como Venezuela, Bolivia o Nicaragua predicando el Evangelio, cristiano o neoliberal, y repartiendo las cuestaciones de almas caritativas que promueven golpes de Estado para “Cambiar el mundo”, movidos por los corazones donde ha entrado Dios, aunque sea el Dios Mercado.

— Y digo yo... ¿aquí no haría falta una Revolución?

— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

Publicado en el Nº 320 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2018

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