Historia del cine soviéticoEl cine presoviético (II) El cambio de paradigma. Un cine ruso para el pueblo ruso (1905-1908).

Xosé Garrido. fotógrafo especializado en arquitectura y patrimonio, realizador de cine documental / xosegarrido.com 17/12/2018

Hasta 1907 el cine era un producto de importación. El espectador ruso vio todos los países del mundo menos uno:
el suyo.
Tras los acontecimientos que supusieron la fallida revolución de 1905, la producción cinematográfica rusa entró en un apacible y próspero estado de 'normalidad', entendiendo por normalidad la evolución que la recién nacida industria tenía en la mayoría de los países europeos occidentales. Hasta 1907, son las compañías francesas las que establecen un férreo monopolio sobre la producción, especialmente la Pathé Frères y la compañía de Leo Gaumont, que instalarán filiales en Moscú. El efecto llamada es casi inmediato y detrás de ellos aparecerán la también francesa Eclair, la italiana Cines, la alemana Théophile Gautier y alguna más, que abrirán sus respectivas filiales en Rusia. El modelo de espectáculo es muy similar al que se exhibe en otros países europeos con un programa compuesto de películas cortas donde destacan, fundamentalmente, los trucos de magia y las féeries, los panoramas o vistas de paisajes, comedias, dramas, crónicas de actualidad, recreaciones históricas y algún que otro film de carácter 'científico'. La duración de los programas fluctuaba entre los 30 y 60 minutos. La producción autóctona era inexistente, lo que también implicaba que los contenidos de lo que se proyectaba, con pocas excepciones, siempre estaban referidos a temas y acontecimientos de los países de origen e intereses de producción de sus promotores. El público ruso se asomaba a la pantalla y ante sus ojos pasaban imágenes de diferentes acontecimientos ocurridos en países de Europa occidental, pero también en Siam, Japón, Estados Unidos o el Congo... Así lo sintetiza Nikolái Lébedev, autor del imprescindible texto El cine mudo soviético (1962): “Todas estas casas importaron miles de números de magia, dramas y escenas cómicas, y con ellos llenaron las pantallas de nuestro país. En estas pantallas, el espectador ruso vio todos los países del mundo menos uno: el suyo”. El cine en estos años era un producto de importación.

Sin embargo, tan sólo al año siguiente, esto iba a empezar a cambiar. Son varios los factores que van a operar sobre este cambio y no es del todo fácil disponer un orden para ellos, entre otras cosas por estar estrechamente relacionados entre sí.

Por un lado, la famosa y temprana primera crisis del cine, la 'crisis de público', se manifiesta también en la cinematografía de estos primeros años en Rusia de forma muy similar a la que surge en Estados Unidos y los países europeos como, por ejemplo, la que hace surgir, en 1908, la producción de Film d'Art en Francia, destinada a un público burgués más exigente y culto. El pueblo ruso, hastiado de los mismos temas y contenidos, demanda películas que reflejen aspectos de la vida y cultura de su país. Quieren verse también representados y dejar atrás un cierto sentimiento de exclusión.

LITERATURA POPULAR Y COMERCIAL

Y por otro, un factor referido a su Historia social y cultural que no podemos obviar: Rusia, desde bien entrada la segunda mitad del siglo XIX y hasta 1917, se ve inmersa en un proceso gradual de modernización, industrialización y progreso tecnológico que tiene, entre otros efectos, una progresiva alfabetización del pueblo y su paulatino acceso a la educación y al estudio con el urgente objetivo de mejorar sus condiciones de vida y su economía. Una pequeña burguesía medio instruida surgirá desplazada desde las clases proletarias en un movimiento significativo del rural hacia la ciudad. Todo lo anterior, a su vez, provocará la aparición de un fenómeno de especial interés y con implicaciones culturales y políticas poco predecibles hasta ese momento: en el seno de esta nueva clase social y cultural surgirá una suerte de literatura popular que alcanzará un gran éxito comercial entre la población, hasta el extremo de eclipsar, por momentos, la producción de los grandes literatos y de los intelectuales de la 'alta cultura' que generarán cierta antipatía por el fenómeno. Lo que conlleva la aparición de un mercado editorial de rápida expansión y de gran rentabilidad económica que escapa de la noche a la mañana al control del Estado y la Iglesia que son incapaces de fiscalizar a qué tipo de producción literaria está accediendo el pueblo, sus valores morales y culturales.

Como indica el historiador Jeffrey Brooks, esta literatura comercial implica una pluralidad desconocida en Rusia hasta ese momento que genera una gran incomodidad para las clases altas que, fieles a una precisa concepción de la cultura, postulaban que las clases populares debían de compartir una cultura común que emanaba de ellos. Esta literatura popular tendrá como temas romances y leyendas populares, historias de bandoleros, dramas costumbristas, novelas negras y de crímenes, románticas, de aventuras y viajes, y novelas 'femeninas' con especial protagonismo de la mujer. Estaba escrita normalmente por ex-campesinos que conocían los ambientes, las historias y leyendas, y la particular situación social del público al que iban dirigidas.

Mucha de esta literatura era ofrecida por entregas en folletines y periódicos, lo que le imprimía un carácter itinerante que dificultaba todavía más su control y que la identificaba y asociaba al cine y su forma de exhibición en esa época. El cine se sumará a esta coyuntura, asumirá esa característica de lo plural en su producción y se nutrirá argumentalmente de esta producción literaria de gran éxito popular. Las historias que el pueblo lee en folletines y periódicos irá a verlas al cine unos meses o años más tarde. La alarma no tarda en saltar nuevamente y la consecuencia de todo ello será la institucionalización del cine como arte y espectáculo en un esfuerzo del Estado por no perder el control sobre la cultura, como tan bien apunta Silvestra Mariniello.

De este modo la cinematografía rusa a partir de 1908 va a sufrir un cambio de paradigma que tiene como referencia una nueva forma de cultura y un mercado de consumo ascendente, generado en parte, por esta modalidad de literatura comercial y popular, y que colmará los anhelos y necesidades de protagonismo de un pueblo en sus propios filmes.

ALEXANDR DRANKOV

A finales de 1907 entra en escena Alexandr Drankov, pionero del cine ruso, que se postula como realizador oficial de la Duma, cuya actitud desafiante respecto a las compañías extranjeras estará respaldada por el hecho de ser un realizador protegido por el Estado. Durante 1908 realizará 17 películas documentales sobre temas y acontecimientos rusos, renovando los programas habituales de la época. Más promotor que realizador, ese mismo año producirá Boris Godunov, con dirección de I. Shuvalov, un tema clásico de la historia y la épica rusa sobre el autocrático y controvertido zar cuya primera medida nada más llegar al poder fue desterrar a los Romanov.

Pero además, Drankov, se apresurará en dar su primer gran éxito al pueblo ruso: se le recordará por haber sido el productor del primer film ruso de ficción, Stenka Razin (1908), dirigido por Vladimir Romashkov. Stenka Razin fue un héroe popular, líder de los cosacos del Don, que condujo una gran sublevación contra la nobleza y la burocracia del zar en el sur de Rusia. El film está directamente inspirado por la moda de la literatura popular sobre bandidos y en un viejo romance popular que narra sus gestas. Sin embargo la película no se centra en ninguna de sus hazañas heroicas sino que narra un conflicto con sus propios hombres.

Tras este vuelco en los gustos populares, el cambio de modelo de producción, en lo que a temas y contenidos se refiere, y la gran aceptación por el público, la reacción de las compañías francesas, extranjeras e incluso de las rusas emergentes no se hará esperar...

Podemos concluir de forma muy resumida que los años que van de 1905 a 1908 pueden verse como un periodo de transición entre el cine de los orígenes en Rusia, de clara dominación europea y sobre todo francesa, y el nacimiento de un cine ruso, autóctono en todos los sentidos, que si bien surge debido a la serie de causas expuestas, no dejará de hibridarse con el de las cinematografías extranjeras en un movimiento sinérgico en constante fricción.

Publicado en el Nº 320 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2018

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