Reivindican entre otras cosas que la compañía se acoja a la legislación laboral y sindical de cada paísCuando los trabajadores de Ryanair perdieron el miedo Conscientes de que sólo unidos pueden ganar a la multinacional, los sindicatos de varios países presionan con una huelga internacional de tres días en Navidades.

Gema Delgado 18/12/2018

Cuando un trabajador o trabajadora de Ryanair que reside en España va al médico de la Seguridad Social lo tiene que hacer como desplazado y el sistema sanitario español tiene que mandar una factura a Irlanda para que ese país abone los costes. No importa si viven y tiene su base de trabajo aquí, en Portugal, en Bélgica, o en Alemania, sus contratos se rigen por la legislación laboral irlandesa. Todos tributan en Irlanda, donde la aerolínea tiene su sede social aprovechándose de una legislación más laxa y de unos mayores beneficios impositivos para los accionistas. Su idea es obtener ventajas económicas similares a las que consiguen AirBnB, Amazon, Apple y otras mega multinacionales. Su lema, como sintetiza el economista Santiago González, es “todo para el accionista, lo menos posible para el trabajador y nada para contribuir a la financiación de los servicios públicos de los Estados donde realizan operaciones”.

El fundador y presidente de Ryanair, Michael O´Leary, es uno de los hombres más ricos del mundo. La revista Forbes calcula su fortuna en 1,1 billones de dólares. Tiene cientos de propiedades en todo el planeta, aunque a sus trabajadores les cuesta adquirir una casa más que a cualquiera de sus convecinos. Cuando firman su contrato con la compañía, les abren una cuenta bancaria en Irlanda. Eso hace que les resulte difícil o les sea imposible acceder a una hipoteca o un crédito en España, ya que su nómina la reciben en Irlanda, o solicitar una hipoteca en Irlanda a la hora de comprar una casa en España.

Llevan así mucho tiempo. Lo que cambió es que, desde hace un año, en España la tripulación de cabina, los TCP, han perdido el miedo y han plantado cara a la compañía. Han creado una sección sindical -que la empresa no reconoce-, el Sindicato Independiente de Tripulantes de Cabina de Pasajeros de Líneas Aéreas (Sitcpla), con 800 afiliados de un total de 1.800 trabajadores. Hubo un detonante: a un compañero le quisieron enviar a una base en Lituania como castigo por las bajas ventas realizadas a bordo del avión, cuenta a Mundo Obrero Manuel Lodeiro, sobrecargo de Ryanair, vocal y uno de los firmantes del documento constitutivo de Sitcpla.

Cualquiera que haya viajado en esta aerolínea de bajo coste (low cost) conoce la saturación comercial que recibe durante el vuelo. Cada miembro de la tripulación de cabina tiene unos objetivos de venta fijados y evaluados por un supervisor, una presión que en el peor de los escenarios puede acabar en amenazas, gritos y bulling que empujan al trabajador a agobiar más al pasajero. Para ello hay técnicas establecidas como llevar las luces a tope aunque sea en un viaje a las 6 de la mañana cuando los pasajeros prefieren aprovechar el tiempo para dormir, cuenta un veterano que también explica que antes la compañía se vanagloriaba de la seguridad de sus vuelos pero que en los últimos diez años ha cambiado sustancialmente y hoy los TCP son técnicos de venta. Hoy les forman en una práctica que en ocasiones “puede acabar en paranoia” ya que del volumen de ventas no sólo depende el dinero de las comisiones ganadas, que es un 10%, sino la posibilidad de promocionar, conseguir un traslado de base, una reducción de jornada o un cambio de turno… Es además una fórmula para dividir y poner a competir entre sí a la tripulación de cabina. Antes se compartía el resultado de las ventas, pero la empresa lo prohibió, aunque algunos que se niegan a participar en esa competición, se rebelan y lo siguen repartiendo. “Además, en la aviación civil se trabaja en equipo entre el piloto y la tripulación y si no hay buena energía surgen problemas”, explica un TCP que añade que viven bajo “el yugo del gran hermano”: siempre puede haber un pasajero misterioso de la empresa para controlar la calidad y ver si se ha bajado la intensidad de la luz, etc... Además, no todos los viajes son igual, no es lo mismo un vuelo caliente de nórdicos o ingleses viniendo de vacaciones a España y consumiendo alcohol desde que suben a bordo, que otro vuelo de madrugada. Depende mucho de la hora del vuelo y del nivel económico y la cultura del país. Y, como no, de la arbitrariedad de los superiores a la hora de repartir los viajes y los turnos.

“La lucha de los trabajadores de hoy es combatir a las multinacionales”, explica Lodeiro, “y para eso hay que luchar unidos”. Los trabajadores de varios países europeos se han coordinado y se han plantado frente a la dirección de la mayor compañía de aviación en Europa, que mueve a 120 millones de pasajeros al año en Europa y Marruecos. Están hartos de que les tomen el pelo y les traten a todos los efectos como trabajadores irlandeses cuando ellos viven en cualquier país de Europa. Reivindican que la compañía se acoja a la legislación laboral y sindical de cada país y no a la de Irlanda. También piden que se equiparen las condiciones entre los contratados directamente por Ryanair y los subcontratados por las agencias Workforce y Crewlink que son las ETT creadas por Ryanair. Igualmente piden que la multinacional reconozca la libertad sindical y la libre organización de los sindicatos, cosa que no hace.

Portugal fue el primero que se levantó en huelga, en abril. Fue un éxito. Entonces los compañeros españoles les apoyaron negándose a cumplir los servicios que la multinacional desplazaban a Madrid y Barcelona. Esa colaboración animó al resto.

El pasado 25 y 26 de julio cuatro países se unieron para organizar la primera huelga europea: España, Portugal, Bélgica e Italia. El 10 de agosto, los pilotos de Suecia, Bélgica e Irlanda realizaron paros. A la segunda huelga europea, la del 28 de septiembre, se sumaron otros dos países: Alemania y Países Bajos.

Los sindicatos españoles Sitcpla y USO, los italianos UIL Trasporti y FILT-CGIL, el portugués SNPVAC, el belga CNE/LBC, el holandés FNV y los alemanes se han coordinado conscientes de que sólo unidos pueden ganar. Y después de reunirse en Bruselas con los jefes de gabinete de las comisarías europeas de Empleo, Transporte y Justicia, y ante lo que califican de “actitud desafiante” de la multinacional en las negociaciones y el “desprecio hacia la los tripulantes de cabina”, estudian la posibilidad de llevar a cabo una tercera huelga de tres días durante las Navidades.

Publicado en el Nº 321 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2018

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