El tren de la memoria

Casos de relojeros

Mariano Asenjo Pajares 31/12/2018

“Ya está mi padre dándole cuerda al reloj.
No cree en Dios pero sí en los relojes.
Si se le para es que llegó la hora”.

(De la película: Libertarias).

Por razones que supongo debo explicarme a través de los mecanismos del azar, últimamente he trajinado con algunas lecturas que eran protagonizadas o referenciaban a relojeros:

Inicio esta pequeña crónica a partir de José Rodríguez Losada, el relojero que construyó el reloj de la Puerta del Sol de Madrid, cuya peripecia vital ha sido contada recientemente en una novela que hace ficción a través de un fascinante personaje de nuestro siglo XIX. José desempeñó variados oficios hasta que, durante el Trienio Constitucional, se alista en las filas liberales. En 1823 termina el sueño liberal, el general Rafael Riego será derrotado a mediados de septiembre en Jaén por el ejército realista y los Cien Mil Hijos de San Luis. José Rodríguez, que nunca abandonará su ideología liberal, huyó a Londres y se convirtió finalmente en un relojero de éxito. Así, este leonés que había escapado del mundo rural, fue llamado para reparar el célebre Big Ben y creó y donó al pueblo de Madrid el reloj que congrega a todos los españoles en Nochevieja.

De relojeros hablamos también cuando nos referimos a Joseph Moll, una figura temprana del socialismo y del movimiento obrero alemán, convencido revolucionario, y uno de los primeros camaradas de Karl Marx. Nacido en Colonia el 14 de octubre de 1813, su origen era muy humilde y, después de varios trabajos, aprendió el oficio (o el arte) de la relojería. Moll viajó por toda Europa ganándose la vida y desempeñando su labor revolucionaria. Su nombre figura entre los fundadores de la ‘Liga de los Justos’ (futura ‘Liga de los Comunistas’). Según Engels, nuestro relojero de Colonia era “un hércules de talla media —¡cuántas veces entre él y Shapper defendieron victoriosamente con sus cuerpos la puerta de una sala contra cientos de asaltantes!— y hombre que, no desmereciendo en punto a energía y decisión, destacaba en inteligencia. Moll no era sólo un diplomático innato, como lo prueban los triunfos de sus numerosas misiones, sino también un espíritu abierto a la comprensión teórica”.

‘Rendón, el relojero comunista de Cádiz’, es un magnífico documento histórico de Santiago Moreno, que narra el exterminio de la familia Rendón. “El 19 de julio de 1936 Cádiz fue tomada prontamente para los sublevados (…) viviéndose escenas muy violentas. Una de éstas fueron los dos asaltos a la relojería-platería “La Central” de Francisco Rendón. La tienda y la vivienda de la parte superior fueron arrasadas por completo: primero por los “moros” y luego por los falangistas locales. Muchos recuerdan cómo en los días posteriores los primeros vendían los relojes de Rendón en la plaza de la República (hoy San Juan de Dios). El relojero, uno de los miembros más destacados del Partido Comunista de Cádiz, había acudido con las primeras noticias del golpe de Estado, al Ayuntamiento. Fue detenido allí mismo y posteriormente encarcelado en la Cárcel Provincial (Cárcel Real). Tras un Juicio Sumarísimo lo fusilarían a inicios de agosto. Su hija mayor, Milagros, fue detenida en el Gobierno Civil (actual Diputación) y fusilada a finales del mismo mes. Su otra hija, María Luisa que vivía en El Puerto Santa María, sería detenida el 25 de julio. Se libraría del fusilamiento pero durante años rodó por las cárceles del país. A su vez, su marido, el médico y diputado por el Partido Comunista, Daniel Ortega también sería fusilado en Cádiz en 1941. Ésta es parte de la historia de la familia Rendón”.

‘El relojero ciego’ (1986), un libro de divulgación científica escrito por el biólogo Richard Dawkins, es una magnífica obra para entender por qué la evolución de la vida no necesita de ningún creador. Asimismo, es un intento serio de explicar basándose en la teoría de Darwin cómo han podido llegar a existir formas de vida tan increíblemente complejas como nosotros mismos, a partir de los más simples materiales. Quizá por aquí van las claves de lo que impulsaba a nuestros relojeros, no es poca cosa fabricar el tiempo y comprimirlo en unidades convencionales. Lo piensas y, puede que ya puestos, te animes a fabricar la revolución.

Publicado en el Nº 322 de la edición impresa de Mundo Obrero dic 2018 - ene 2019

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