Marx y menos

La desunión que nos atraviesa El movimiento feminista está produciendo una especie de revolución cultural en el interior del proletariado que no altera el conflicto entre capital y trabajo sino que lo amplía, intensifica y refuerza.

Constantino Bértolo 03/01/2019

“La liberación es una meta
hacia la que caminamos todos"

El lenguaje de las mujeres


- Hola Marx, veo que estás haciendo la maleta ¿es que te vas?
- Pues sí, debe ser que me ha entrado también a mi el afán por conocer los otros mundos que están en este. Llevaba aquí un año y conocer esta realidad ha sido todo un placer, vital intelectualmente hablando.
- Hombre, eso del placer intelectual me gusta porque normalmente solo se habla de placeres sensuales.
- Es que se nos olvida que la inteligencia, el uso de la inteligencia, es también un placer y un placer apasionante. El conocimiento como pasión. Aprender como forma de la libertad.
- Y de todo lo que has vivido y conocido, aquí entre nosotros, durante este año ¿qué es lo que has aprendido?
- A escuchar. A escuchar sobre todo a las mujeres que es algo que a los hombres nos cuesta hacer. Escucharlas es algo que ellas nos han obligado a hacer. Ser escuchadas es sin duda una etapa fundamental en ese movimiento de emancipación que ellas han puesto en marcha.
- Te van a acabar acusando de transversalista, de abandonar la lucha entre el capital y el trabajo como el motor de la historia.
- Quien lo haga se equivocaría. No deberíamos olvidar que esa voz que no escuchábamos en toda su dimensión, era ciertamente acallada por el patriarcado pero también por el capital, que sin embargo en su propio desarrollo necesitó incorporarlas como fuerza de trabajo de manera directa y ya no solo como industria auxiliar y subalterna para la reproducción y subsistencia de la clases trabajadoras.
- Perdona Marx, a ver si te entiendo: ¿Quieres decir entonces que es el capitalismo quien ha contribuido de manera decisiva a la liberación de las mujeres?
- Lo que quiero decir es que del mismo modo que el capitalismo en su marcha creó las condiciones necesarias para que las revoluciones de la burguesía pudieran tener lugar, ahora el capitalismo, que continúa “desatando” las fuerzas productivas que le resulten convenientes, habría facilitado la aparición de las condiciones necesarias, aunque no suficientes, para que las mujeres en tanto sujeto propio se puedan librar de un patriarcado que, al fin y al cabo, no dejaba de ser el propietario en usufructo de la mujer como medio de producción de nuevas fuerzas de trabajo en el interior de esa pequeña fábrica que hemos venido llamando familia. Para que finalmente esa liberación se produzca deben ser ellas las que se movilicen, organicen y permanezcan en combate contra el patriarcado y sus aliados. Un hecho que puede parecer menor como que el apellido paterno ya no sea obligatoriamente el primero, es para mí un golpe más que simbólico contra esa propiedad patriarcal de la familia.
- ¿Adiós pues al proletariado como sujeto histórico de la revolución?
- Todo lo contrario. El desarrollo de las fuerzas productivas ha permitido a las mujeres ser “escuchadas” por la historia. El horizonte que hoy las convoca y organiza con más fuerza es ese deseo de liberarse del patriarcado, pero ese mismo movimiento las conduce hacia el espacio común del proletariado. Su proceso de liberación del patriarcado, que es un proceso autónomo con respecto al proceso de liberación del proletariado, las encamina inevitablemente hacia una futura confluencia e integración. Pero cada cosa tiene su momento y su dinámica y hoy ese horizonte de liberación que las convoca tiene un empuje que el proletariado como conjunto debe saber agregar y sumar. En realidad lo que el movimiento feminista está produciendo es una especie de revolución cultural en el interior del proletariado, en el proceso de toma de conciencia, un proceso que no altera y ablanda el conflicto entre capital y trabajo sino que lo amplía, intensifica y refuerza. Y algo semejante sucede con el ecologismo: el planeta Tierra como la gran explotada, como trabajadora por cuenta ajena. Porque sigo pensando que la emancipación final de todas y todos los explotados requiere poner fin a la propiedad privada sobre los medios de producción, es decir, sobre las bases materiales de la vida.
- Pero ¿no piensas que el auge de esa liberación retrasa, perturba, escinde, fragmenta y atomiza al sujeto revolucionario?
- No, evidentemente las formas de producción del capitalismo de hoy escinden, fragmentan y atomizan a la clase trabajadora. Pero si deslocaliza, fragmenta y escinde no es porque quiera, conspirativamente, escindir, fragmentar o atomizar a la clase obrera. Eso es algo que se produce y desprende de la búsqueda de la máxima rentabilidad actuando en el espacio de una economía global e imperialista. Lo que sí quiere, y para ese querer sí utiliza todos sus medios y recursos materiales o simbólicos, es que los trabajadores permanezcan “ideológica y políticamente” escindidos, fragmentados, atomizados, “políticamente deslocalizados”. Es contra esa desunión con que nos atraviesan que debemos trabajar las organizaciones revolucionarias. La revolución está ahí pero las puertas no se abren solas: hay que derribarlas. Proletarias y proletarios del mundo ¡Uníos!
- Vale Marx, vale, qué pena que te vayas. Por cierto ¿a donde te vas?
- A China, a ver si entiendo bien qué es lo que allí está pasando.

Publicado en el Nº 322 de la edición impresa de Mundo Obrero dic 2018 - ene 2019

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