Es imprescindible estar en la cita de la doble transición: ecológica y energética, por una parte, y digital, por otraHacia una nueva España industrial Hoy, la transición energética y el cambio del modelo productivo queda bloqueado por nuestra dependencia tecnológica de trasnacionales de Alemania, Francia y EE.UU.

Eddy Sánchez Iglesias 11/01/2019

Alcoa, Cemex, Vestas, La Naval, Gamesa, son la expresión de un proceso de fondo que sitúa a nuestro país al borde de una segunda, y posible, definitiva desindustrialización, sector de importancia crucial para nuestra economía y capaz de fijar trabajo en zonas donde no existen alternativas claras.

España atraviesa un otoño negro con el anuncio de 686 despidos por parte de Alcoa en Galicia y Asturias y otros 200 que prevé Cemex en Almería y Baleares, que se suman a los 400 despidos en la planta de Vestas en León y la no renovación de 180 eventuales. Por último, La Naval en Sestao se encamina a su liquidación final, mientras que Siemens Gamesa decidía este otoño no volver a producir en Miranda de Ebro.

Los anuncios de cierres de empresas ponen en jaque a diversas localidades e intensifica el conflicto social en un país que está lejos de haber dejado la crisis atrás. Pero también son la radiografía de un país que cae en la irrelevancia, asumiendo el papel de mero proveedor de servicios en la división europea del trabajo dictada desde Alemania.

En un mundo que afronta para las próximas décadas formidables retos por el agotamiento de los recursos naturales y la crisis ecológica, la única forma de mantener un nivel de vida digno para la población será conseguir hacer más con menos, y esto sólo pasará en las sociedades que tengan organizaciones productivas que lo logren.

Es absurdo continuar por la vía de proyectos económicos ya fracasados. Frente al ajuste salarial, existe otro camino, relacionado con trabajar la productividad, consistente en hacer lo mismo -o mejor- con menos, y la innovación, que es hacer cosas nuevas y mejores que las que existían antes.

España debe encontrar el lugar que merece, frente a gobiernos y proyectos políticos que han fracasado en el reto histórico de avanzar hacia un nuevo modelo productivo.

El eje de un programa económico para un nuevo país pasa por la defensa de una Nueva España Industrial, que tenga una actitud decidida en la defensa de la capacidad productiva del país y tome al trabajo como sujeto rector de una alternativa anticapitalista.

Nuestra capacidad para salir de la crisis, para construir una sociedad más productiva, más ecológica, una sociedad que en igualdad sea posible alimentarse, desplazarse, tener una vivienda, calentarse, curarse, educarse, informarse, investigar, producir, no se parecerá a la de hoy.

Pero para alcanzar ese logro es imprescindible estar en la cita de la doble transición ecológica y energética, por una parte, y digital, por otra.

Esfuerzo que debe partir de nosotras y nosotros mismos como sociedad, del cuidado por industrializar nuestras inversiones, las inspiradas por nuestro personal investigador y las apoyadas por nuestros impuestos volcados en la inversión, investigación y formación.

Sin embargo, la tecnología necesaria para impulsar la transición energética y el tan demandado cambio de modelo productivo de la economía española, queda bloqueado por nuestra dependencia de la tecnología proveniente de las empresas transnacionales de países como Alemania, Francia o EE UU, países interesados en controlar dichos sectores e impedir en términos geopolíticos, que países como el nuestro, superen su actual configuración como una economía importadora, endeudada y precaria. Realidades que vinculan el proyecto industrializador a la recuperación de nuestra soberanía económica.

La propuesta de una Nueva España Industrial es la apuesta por renovar nuestra producción, proponer nuevos objetos. Para el logro de este reto de impulsar una industria sobre bases nuevas, se apuesta por una revitalización de la política industrial como instrumento central de política económica, siendo el Estado y no el sector privado el protagonista y la planificación y no el mercado la herramienta.

Para ello es necesaria la adopción de una concepción más avanzada de política industrial, en cuanto al alcance de sus objetivos y de los instrumentos a emplear, que parta de la asunción de su carácter estratégico y sectorial por medio de la apuesta por cuatro sectores motores:

• La transición energética, a través de la renovación térmica de edificios, las energías renovables, las redes eléctricas inteligentes, la calidad del agua y la gestión de la escasez.

• El conjunto de proyectos relativos a los transportes ecológicos, como el automóvil para todos y todas con un consumo limitado, el vehículo eléctrico, el avión eléctrico y la nueva generación de aeronaves, la autonomía y potencia de las baterías, los vehículos de pilotaje automático y los nuevos materiales de construcción como la fibra de carbono.

• La sanidad y la economía del ser vivo, por medio del desarrollo de la oferta industrial madrileña en sanidad y biotecnologías, con nuevos dispositivos médicos y equipamientos sanitarios.

• Los nuevos sistemas digitales como el impulso a las nanotecnologías, la nanoelectrónica o la nanofabricación, la realidad aumentada, los objetos conectados, los servicios sin contacto y el cloud computing.

No se trata por tanto de defender un marco de intervención ya caduco, sino apostar por un marco de políticas industriales orientadas al objetivo del desarrollo industrial y del cambio tecnológico de nuestra economía que respondan a tres prioridades estratégicas:

1. Situarse en segmentos de alto crecimiento mundial y con mucho empleo.

2. Basarse en tecnologías en las que nuestro país dispone de bases propias.

3. Y por último, que se concreten en necesidades, objetos, productos o servicios, claramente identificados que responden a una demanda actual o futura centrados en mejorar la inserción internacional de nuestra economía y en la solución a problemas sociales, territoriales y medio ambientales.

Prioridades que para el PCE, deben ser uno de los ejes para la construcción de un verdadero programa de país y que serán el punto de convergencia de todos nuestros esfuerzos, el punto de encuentro de todas las fuerzas productivas, de investigadores e investigadoras, ingenieros e ingenieras, diseñadores y diseñadoras, trabajadores y trabajadoras del sector, pequeño y mediano empresariado productivo, alianza que marcará el punto de inicio de nuestra reconquista industrial.

Publicado en el Nº 322 de la edición impresa de Mundo Obrero dic 2018 - ene 2019

En esta sección

Auxiliares de servicio de ayuda a domicilio luchan frente a la precariedad actual y la ultraliberalización del sectorLas limpiadoras de la Universidad de Huelva sufren doble discriminación por ser trabajadoras precarizadas y mujeresDos generaciones de sindicalistas hablan del papel de la mujer en el sindicatoPoner al movimiento obrero al frente del pueblo y la izquierdaLa clase obrera turolense y el sector energético

Del autor/a

Hacia una nueva España industrialSamir Amin, la referencia del antiimperialismo contemporáneoUna interpretación materialista de la identidad, aplicado al debate nacional en España¿Son operativas las autonomías culturales? Clase, nación y autonomía cultural en el Austromarxismo y la obra de Otto BauerEtnia, clase, cuestión nacional y marxismo en las sociedades no occidentales. El caso de América Latina