Tensiones y juegos de poder de las potencias exportadoras de gasGeopolítica del gas El hecho de que Turquía sea lugar de tránsito del gas refleja por qué en Bruselas es tan importante cualquier debate sobre ese país.

Alex García. Grupo Federal de Energía de IU 17/01/2019

Mucho se ha hablado en estos últimos años del “Winter Package”, el paquete de directivas de energía que lanzó la Comisión Europea en 2016 tras la firma del Acuerdo de Paris en la COP21 de Naciones Unidas. Actualmente estamos en la fase final de las negociaciones de este paquete de directivas. Las materias que se abordan son importantes: energías renovables, reducción de emisiones de CO2, eficiencia energética, gobernanza, etc. Sin embargo, nada se ha dicho de temas gasistas. El “Gas Package” se reserva para el año 2019 y siguientes, y es por eso que resulta necesario que las fuerzas de izquierda estén preparadas para los debates que tendrán lugar en los próximos años.

La importancia del sector gasista está fuera de toda duda, sin embargo, la percepción por parte de la sociedad no va pareja, y las fuerzas de izquierda van con retraso en esta materia.

No podemos olvidar que el mercado mayorista de electricidad en España (conocido como el “pool” eléctrico) es de corte marginalista, lo que significa que la última tecnología en casar su energía en el mercado es el que fija el precio para el resto de centrales que han casado su energía previamente. Este modelo, ampliamente discutido por las ineficiencias que produce permite que centrales ya amortizadas y con escasos costes sean retribuidos al precio de tecnologías más caras que deben aprovisionarse de materias primas en los volátiles mercados internacionales, así como internalizar el precio del CO2 que se fija en otro mercado de subastas.

En este sentido, las centrales de ciclo combinado que queman gas natural, son una tecnología típicamente marginal, es decir, que de forma habitual son una de las tecnologías que fijan el precio del pool. Y es aquí donde se aprecia la intima relación que existe entre el sector eléctrico y el gasista. Por tanto, el precio de la electricidad, tanto para las familias como para la industria, está ligado al precio del gas que queman estas centrales, y por tanto a la geopolítica de este recurso energético.

Llegado a este punto, conviene recordad que el precio del gas natural en los mercados internacionales está indexado a la evolución del barril Brent, lo que otorga a este hidrocarburo de una inestabilidad y volatilidad pareja a la del petróleo, y por tanto, expuesto a los juegos de poder de la OPEP y otros países productores como Rusia.

Ahora bien, ¿cuáles son los dos principales escenarios geopolíticos del gas natural?

1. Alemania, Rusia, la UE y EEUU.

Este verano Angela Merkel y Vladimir Putin se reunieron para impulsar el lanzamiento del gasoducto North Stream II. ¿Por qué es importante? Porque Rusia y Alemania, cuentan desde 2011 con el gasoducto North Stream I, que actualmente funciona al 80% de su capacidad. Con el nuevo gasoducto Rusia duplicará la capacidad de suministro, no sólo a Alemania, sino también a países colindantes europeos. A día de hoy Rusia suministra cerca de un tercio de todo el gas natural consumido en Europa, y el nuevo tubo incrementará su volumen de ventas.
Sin embargo, la Agencia Internacional de la Energía no prevé una crecida significativa de la demanda de gas en el horizonte 2040.

En este escenario, Europa ya cuenta con infraestructuras necesarias para afrontar con seguridad la demanda las próximas décadas. A día de hoy en Europa operan 24 instalaciones de GNL (gas natural licuado) que operan a un cuarto de su capacidad total, y que pueden llegar a cubrir el 40% de la demanda de la UE. Este GNL traído en buques de los países productores tiene que competir (al menos) con dos grandes infraestructuras que se van a poner en marcha. De un lado, Turk Stream, que traerá gas por tubo desde Rusia a Turquí pasando por Europa Central y rodeando Ucrania. Y por otro, Shah Deniz 2, que ha comenzado a transportar gas desde el Caspio a Turquía y desde ahí se reparte a Grecia, Albania e Italia. Esto quizá nos de la pista de por qué son tan importantes en Bruselas cualquier debate entorno a lo que ocurra en Turquía.

Pero en este contexto, EEUU quiere evitar a toda costa la construcción de nuevos gasoductos, porque quiere colocar su GNL proveniente del gas de esquisto (extraído mediante fracking). Su empecinamiento pasa por la construcción en Europa de 11 nuevas plantas de regasificación, que nadie quiere, porque resulta evidente que son proyectos que carecen de sentido técnico, económico y empresarial.

La UE está en medio de la ambición geoestratégica de dos grandes potencias. No quiere nuevas infraestructuras gasistas innecesarias que exige EEUU, pero tampoco quiere tener una dependencia excesiva de Rusia, que la debilita y expone a tensiones políticas y comerciales.

2. Marruecos, Argelia, España y la UE.

Entre tanto, Marruecos y Argelia mantienen una soterrada disputa sobre el futuro del gasoducto del Magreb (GME), una de las principales vías de suministro de gas a España, ya que la posible ampliación de capacidad de la otra vía, la argelina de Medgaz, podría comprometer a la primera.

En 2021 vencerá el acuerdo que permite el tránsito de este hidrocarburo por Marruecos, sin que hasta el momento se haya alcanzado un pacto para renovarlo, lo que podría poner en peligro el contrato de 35.000M€ que Naturgy (Gas Natural Fenosa) tiene comprometido con la argelina Sonatrach para los tubos de Sagane I y II.

Pese a la incertidumbre, Naturgy y Sonatrach, con el apoyo del Gobierno del PSOE renovaron en junio el mayor contrato de aprovisionamiento de gas de España, que supone el abastecimiento del 30% de gas consumido en nuestro país.

Dentro de este juego, Enagás, empresa semipública participada por la SEPI, aterrizó en septiembre en Marruecos junto con Elecnor y Fomento para formar un consorcio asesorado por el ex Ministro Moratinos en su nuevo papel de lobista, para desarrollar un proyecto de ingeniería y una planta de tratamiento de gas para la británica Sound Energy. Este nuevo gasoducto conectará el pozo británico con el tubo del Magreb-Europa (GME). Sonatrach, por su lado ha comenzado la construcción de un nuevo gasoducto que podría desviar flujo del GME hacia el Medgaz, lo que supone una amenaza en la reducción del tránsito de gas por la vía marroquí. La compañía argelina tiene interés en aumentar la capacidad de Medgaz, pero los gestores del tubo aún no han anunciado esta inversión. Lo que subyace es el interés de convertir a España en un hub de gas en el sureste de Europa, que sirva como alternativa a la dependencia de las rutas rusas, pero Naturgy y Cepsa (que está vendiendo su participación en Medgaz) no quieren realizar inversiones hasta asegurarse que se desbloquea el gasoducto Midcat que conecta España con Francia, y que sería el tubo de tránsito hacia centro Europa.

En conclusión: la geopolítica del gas aunque parezca lejana, no lo es tanto, y nos toca de lleno en nuestro país, porque las tensiones y juegos de poder de las potencias exportadoras tienen a Europa como epicentro del tablero. La UE necesita gas natural, tanto en el momento presente, como en el medio plazo dentro del contexto de la transición energética, donde el cierre de centrales de carbón y tal vez nucleares dejarán un mix basado en renovables con ciclos como tecnología de firmeza y respaldo. Y mientras las potencias barren hacia sus respectivas casas para hacer valer sus intereses, España se sitúa en medio de todo este escenario, con la participación del Gobierno dando apoyo a las multinacionales, en una estrategia mucho mayor, de convertir a España en un hub de paso del gas argelino en su camino a Europa, para así restar peso a la presión que recibe Europa de Rusia por un lado, y de EEUU por otro.

Sin duda la reflexión compartida respecto a este asunto será un reto que deberemos abordar dada su gran relevancia, con consecuencias en un horizonte no demasiado lejano en términos sociales y ambientales y por tanto para la clase trabajadora de nuestro país. Asimismo aclarar qué papel queremos que juegue España en este escenario geopolítico y qué papel creemos los y las comunistas que debe desempeñar el sector gasista en la transición energética.

Publicado en el Nº 322 de la edición impresa de Mundo Obrero dic 2018 - ene 2019

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