En memoria de Maria Luisa SuárezUna peligrosa activista Con la misma firmeza con la que se hizo republicana a los diez años, se hizo comunista a los 34, y continuó siéndolo toda su vida.

Yenia Camacho Samper 07/02/2019

María Luisa Suárez nació en Madrid en 1920. Aquí pasó su vida. Murió el pasado 4 de enero a la edad de 98 años. Con la salud ya muy frágil, conservaba su buena cabeza, su sensibilidad y su interés por todo.

De familia de clase media, laica y republicana, inició su formación en la Institución Libre de Enseñanza, donde también había estudiado su madre; María Luisa se sentía orgullosa de la huella que había dejado en ella, que compartía con Fernando Ontañón a quien conoció en las actividades de la Asociación de Antiguos Alumnos. Él fue su inseparable compañero hasta su fallecimiento en 2008. Cinco años mayor que ella, pertenecía a una familia acomodada vinculada a la Institución y republicana.

La fuerte emoción que le produjo a María Luisa oír La Marsellesa por la radio, una mañana de abril de 1931 y las explicaciones de su padre, hicieron que tomara una decisión: “En ese momento, me hice republicana”. Tenía, entonces, 10 años. “Fue pasar de ser súbditos a ciudadanos…como si de la oscuridad pasásemos a gozar de un sol radiante”, nos ha dicho en su libro de memorias “Recuerdos, nostalgias y realidades”.

Conoció la alegría de la gran manifestación del 1º de Mayo de 1931, y de la votación por primera vez de su madre y su abuela en las elecciones de 1933, “cuando ya Hitler y Mussolini gobernaban”. Vivió los bombardeos de la aviación fascista, los asedios de su artillería, la defensa de los milicianos, colaboró tricotando para el frente, y respiró esperanzada con la llegada de las Brigadas Internacionales. Supo del alistamiento voluntario en el frente de Fernando Ontañón, y le visitó con sus padres cuando fue herido en el frente de Carabanchel.

Y el 28 de marzo de 1939, tras la Traición de Casado, escuchó “desecha moralmente” en el patio del Instituto Lope de Vega las palabras de su director: “En el edificio de la Telefónica ha sido izada la bandera monárquica…Vayan saliendo hacia sus casas y que les acompañe la suerte”. Y conoció días después el brutal destrozo y ocupación por el Frente de Juventudes del principal edificio de la I.L.E., la quema de archivos, de libros, de muebles, y el desmoche del tejo centenario que, convertido en mástil, les sirvió para izar y arriar su bandera, brazo en alto, cantando el Cara el sol.

El padre de María Luisa fue apartado de su puesto en el Monte de Piedad, el Sr. Ontañón padre se exilió a Francia junto al gobierno republicano y nunca volvió. Fernando quedó atrapado en el Puerto de Alicante entre miles de personas en el fallido intento de alcanzar un barco y fue llevado prisionero al Campo de Concentración de Albatera.

María Luisa fue la única mujer que cursó Derecho en 1941; acabó en 1944. Fernando y ella se casaron en agosto de 1947. Terminaron su viaje de novios con una visita al penal de Burgos: consiguieron “comunicar” con Fernando Villa Landa, hijo de una familia amiga con una atroz represión. Esa fue la primera visita de María Luisa a un preso político. Tras aquella, vinieron cientos y cientos de visitas a las cárceles, muchísimas de ellas con el soporte de su inseparable Fernando.

Mujer inteligente y sensible, no es de extrañar que María Luisa Suárez ingresara en el Partido Comunista de España en 1954. Lo hizo de la mano de Gregorio Ortiz (otra historia represiva personal y familiar atroz), responsable entonces del núcleo de abogados del PCE. Con la misma firmeza con la que se hizo republicana a los diez años, se hizo comunista a los 34, y continuó siéndolo toda su vida.

En su condición de abogada intervino desde los primeros años en el ámbito de los derechos de la mujer, escribió sobre ello, fue muy activa en la Asociación de Mujeres Universitarias, cooperó con asociaciones internacionales de este ámbito. Luchó, con el resto de abogados por la supresión de las jurisdicciones especiales. Representó al PCE en la Conferencia de París de 1961 por la Amnistía de los Presos Políticos y Exiliados: nunca dejó esa lucha.

Para entonces ya actuaba como abogada laboralista en el pequeño despacho de su domicilio, donde se hacían hueco los trabajadores que iniciaban la construcción del movimiento obrero. Allí estaba ella, cercana y sabia, a la tarea de la conquista de derechos materiales y de la libertad, compañera entre compañeros. Impresionante después en los estrados de Magistratura o del TOP, envuelta en la toga e imponiéndose allí; sin alejarse nunca de los sentimientos y la consideración humana a quienes acababan la mayor de las veces, despedidos y condenados. Presos, a añadir a sus periplos por las cárceles, y a su labor de conexión entre ellos y la lucha política exterior, y entre ellos y sus familias.

En esos años (Blog de Juan José del Águila) decía de ella la Brigada Político Social: “… la indicada es persona totalmente desafecta al Régimen, pudiendo considerársela como peligrosa activista”.

A todos aquellos activistas un lugar de honor en nuestra Memoria.

Publicado en el Nº 323 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2019

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